lunes, 16 de abril de 2018

¿Homo Sapiens? (IMPORTANTE)


Homo Sapiens: Del latín, "hombre sabio".

El cerebro humano es el arma letal más poderosa que existe. Ni los dinosaurios carnívoros, ni los tigres de dientes de sables, ni las orcas o los tiburones, ni los osos, ni los cocodrilo, ni los grandes felinos, ni los virus o las bacterias. No existe especie depredadora más perfecta que la nuestra.
La evolución de la vida se fundamenta en la supervivencia del más fuerte.
Cuando nuestros antepasados, debido a la deforestación, se vieron obligados a caminar sobre el suelo de la sabana, rodeados de depredadores mucho rápidos y más fuertes, no encontraron otra salida para sobrevivir que desarrollar su cerebro.
Somos una especie más sobre el planeta, cuyo único mérito es haber conseguido desarrollar un arma poderosa.
Millones de libros y artículos nos hablan de la maravillosa perfección de nuestro cerebro, pero no debemos olvidar que ha sido diseñado por la evolución con el único propósito de la supervivencia.
La razón está dirigida exclusivamente a ese fin. Consideramos racional y lógico todo aquello que nos ayuda a sobrevivir. Nuestro cerebro no ha sido diseñado para objetivar, ni para las verdades absolutas. Prueba de ello es cómo a lo largo del tiempo hemos ido -y seguiremos- cambiando la visión de la cosmogonía. Solo nos sirve para ayudarnos a transitar por un mundo que nunca llegaremos a comprender. 
Hasta tal extremo nos domina el instinto de supervivencia que, con el fin de satisfacerlo, hemos inventado todo un fantástico mundo imaginario de mitos, dioses, paraísos y almas; y gastado ingentes cantidades de energía en la construcción de dólmenes, menhires, pirámides y templos.

martes, 10 de abril de 2018

El grano de arena (NO)


Todo nuestro universo,
con sus galaxias en expansión,
solo es un grano de arena,
sin la menor importancia,
que vaga impulsado por el viento
en el desierto de un planeta descomunal,
donde viven unos gigantes,
también descomunales.
En el electrón,
que gira alrededor del núcleo de un átomo,
en el interior de un grano de arena
de cualquiera de nuestros desiertos,
existen seres diminutos,
que como nosotros y como los gigantes,
piensa que su grano de arena
es todo lo que existe.

martes, 3 de abril de 2018

Mujer barata


Seguramente por la educación que recibió en su casa familiar de Los Realejos mi padre nunca usó cremas, ni colonias, ni desodorantes, ni ninguno de esos artículos de belleza que hoy usamos los varones con la mayor naturalidad. Eran otros tiempos.
-Huele a “mujer barata”- Decía siempre mi padre cuando sentía el olor del perfume.
Un día, por las mismas fechas de “El Frente de Juventudes”, mi madre me dijo, en su presencia, que fuera a pelarme. Por aquel entonces todavía tenía yo una abundante cabellera. La barbería estaba en nuestra misma calle, la calle José Antonio Primo de Rivera, que coloquialmente llamábamos “la calle trasera”, frente a la casa de D. Ciro Fragoso y un poco más arriba que la de D. Fefe Méndez. Pepe, el barbero, después de cortarme el pelo, tuvo, para mi desgracia, la brillante idea de untarme el pelo con brillantina. 
Después de pelarme fui a la Plaza del Kiosco, el lugar preferido de los niños. Allí jugábamos protegidos por la sombra de aquellos gigantes laureles de india.
Al llegar, vi que mi padre estaba sentado en la terraza del kiosco tomando una cerveza. Lo acompañaban D. Manuel Padilla, D. Manuel Galván, el alcalde y D. Manuel Yanes, el párroco.
 Fui corriendo a dar con ellos.
-¿Ya te pelaste?- Me preguntó mi padre al llegar.
-¡Sí!- Le contesté.
E inclinándome coloqué mi cabeza frente a su nariz.
-¡Huele! ¡Huele!- Le dije.
Luego, incorporándome, añadí orgulloso.
-Me pusieron “mujer barata”.
De pronto, a aquellos tres respetables y serios señores les cambió la cara. Fijaron, por un instante, sus ojos en mí y, a continuación, comenzaron a reír con tanta fuerza que las carcajadas se podían oír en toda la plaza. Yo me quedé mirándolos sorprendido.
-¿Qué pasó, papá?- Le pregunté avergonzado en cuanto se calmaron un poco.
-Nada -me contestó- vete a jugar con los amigos.
                                                           

miércoles, 28 de marzo de 2018

El muelle

Solo,
me paseo por el muelle
esperando mi barco.
Mientras miro el horizonte
me entretengo
interpretando mi papel en la comedia,
con la cabeza baja,
diciendo sí
y sonriendo.

jueves, 22 de marzo de 2018

El Frente de Juventudes


  El Frente de Juventudes fue una sección del partido político
por el Régimen de Franco en 1940 para el encuadramiento
y adoctrinamiento político de los jóvenes españoles
según los principios del Movimiento Nacional.
(Wikipedia)               



A mediados de los años 50 del siglo pasado, en plena dictadura del general Franco, era yo un niño de pantalón corto y vivíamos en la casa del Telégrafos viejo de San Sebastián de la Gomera. Todos los domingo los niños íbamos al colegio, pero no asistíamos a clase. Separados por sexos, formábamos como soldados en el patio del recreo y luego, en fila india, nos llevaban a misa. La asistencia al oficio religioso dominical era una actividad obligatoria más de la formación de los infantes.
Había también, como en todos los pueblos, un “Frente de Juventudes”. Era un local donde se reunía a los niños -solo los varones- para programarlos en los principios del régimen fascista que nos gobernaba, en valores como la bandera, los himnos y la patria e inculcarles el sentimiento irracional y anticristiano de pertenencia a un pueblo y a una raza superior. Se embullaba a los niños con actividades recreativas y juegos. Era un lugar de reunión agradable al que yo solía acudir con mis amigos. Un adulto se encargaba de su organización. A este hombre se le conocía con el nombre de “El Político”. Un día se produjo la crisis. Se fue el que hasta ese entonces dirigía nuestro “Frente de Juventudes” y que se preocupaba más de los juegos que del adoctrinamiento, siendo sustituido por un joven lleno de “valores” e interesado más en el proselitismo que en los juegos. 
A los pocos días de llegar nos dio a todos los niños un papel para nuestros padres, advirtiéndonos que el que no lo trajera firmado no podría volver por el local. En él decía que el firmante deseaba que su hijo fuera formado en esos principios. Nunca olvidaré la escena. Mi padre estaba en su despacho de Telégrafos. La mesa estaba situada de forma que él quedaba mirando hacia la puerta. Yo entré contento con el papel, lo puse sobre la mesa, le explique de qué se trataba y me quedé esperando su firma. Él leyó el papel, luego me miró. Volvió a leerlo. Lo cogió entre sus manos, lo rompió en  pequeños pedazos, los arrojó en la papelera colocada junto a sus pies y, si decir ni media palabra, continuó su trabajo. El pobre Tinito no pudo volver al “Frente de Juventudes”. Ahora recuerdo con orgullo aquel gesto de mi padre que permanece imborrable en mi memoria.


El "Frente de Juventudes" español guardaba similitud
en su estructura con las "Juventudes Hitlerianas" alemanas,
con la "Obra Nacional Bolilla" del fascismo italiano
y con la "Mocidade Portuguesa".
(Wikipedia)

miércoles, 14 de marzo de 2018

Turkmenistán

Estas "ocurrencias" reciben visitas de gentes de otros países. Hace unos días entró, por primera vez, un ciudadano de Turkmenistán. No sabía que existiera un país con ese nombre. Entré en Internet para informarme. Wikipedia dice que es un país del Asia Central, de mayoría musulmana y conducido por un férreo dictador.

De acuerdo con Human Rights Watch, Turkmenistán "sigue siendo uno de los países más represivos del mundo. El país está prácticamente cerrado al escrutinio independiente, los medios de comunicación y las libertades religiosas están sujetas a restricciones draconianas y los defensores de derechos humanos y otros activistas se enfrentan a la amenaza constante de represalias del gobierno". El presidente Berdimuhamedow promueve un culto a su personalidad en la que sus familiares y sus asociados disfrutan de un poder ilimitado y ejercen un control total sobre todos los aspectos de la vida pública. No existe la televisión privada en Turkmenistán. Los artículos publicados por los periódicos controlados por el Estado están fuertemente censurados y escritos para glorificar al Estado y su líder. (Wikipedia)

Los jóvenes no estaban y los mayores intentamos olvidarlo, pero, aunque parezca mentira, cuando yo era un niño, hace 65 años, así vivíamos aquí y así nos veían desde fuera.

miércoles, 7 de marzo de 2018

La ortografía


Cuando yo era un niño, a principio de los años 50 del siglo pasado, no había Internet y en contadas casas de San Sebastián de la Gomera había un diccionario, por eso la gente se acostumbró a ir al telégrafo a preguntarle a mi padre como se escribía tal o cual palabra. Mi madre contaba orgullosa la vez que el alcalde y el notario fueron a ver al telegrafista para que hiciera de árbitro en una discusión ortográfica. A él nunca lo oí jactarse de eso. Bueno, ni de eso ni de nada.
Mi padre fue un alumno destacado, pero cuando terminó el bachillerato tuvo, por razones económicas, que preparar oposiciones. Por aquellos años, 1919, telegrafista era una salidas ventajosa.
Yo de niño fui muy mal estudiante. Aún recuerdo a mi padre con las manos en la cabeza hablando de sus hijos: ¡Qué será de estas calamidades! Solo me interesaba la playa, el barranco, el campo de futbol, las palmeras, el bajio y la plaza. Mi ortografía era un auténtico desastre. Todavía arrastro esa inseguridad ortográfica. 
Quizás por eso siempre he mirado con desprecio a los cultos burgueses que se ríen de la gente que por su formación hablan o escriben incorrectamente. Me gustaba el castellano antiguo que se hablaba -¿se sigue hablando?- en los pueblos del interior de la Gomera.
La función de la escritura y del leguaje es comunicarnos. La forma es solo un aditamento que se establece por cada cultura y en cada época, y que solo sirve, como las ropas, las joyas y todas esas estupideces que tanto nos gusta a los Sapiens, para informar la clase social a la que se pertenece. Los señoritos se sienten superiores cuando miran con desprecio y mofa al que no habla o escribe como ellos, sin darse cuenta que toda esas modas serán sustituidas por otras que serán de utilidad para los nuevos señoritos.

sábado, 3 de marzo de 2018

72 años

Cuando tenía 15 años pensaba que los 70 quedaban en el infinito y cuando tenía 40 que nunca llegaría a hoy. Pero la realidad es tozuda. ¡Dios mío, hoy cumplo 72 años!
Nunca pude imaginar que estos años, que ahora estoy pasando, pudieran ser los mejores de la vida. Los años y la holgazanería de la jubilación me han transportado a un mundo nuevo. Siento que aún estoy aquí y, al mismo tiempo, que ya me he ido. Es una sensación tan extraña. Como si me hubiera puesto a volar después de sacar la cabeza de debajo del ala. ¿Serán mis neuronas que se encargan de quitar valor y dramatismo a todo, preparándome  para el viaje definitivo o, tal vez, que estoy perdiendo la razón?
Desde este cómodo avión, donde me he subido, se observa con claridad el infinito pasado que precedió nuestro nacimiento, el infinito futuro que seguirá a nuestra muerte y en medio este instante de estúpida, absurda e inútil comedia.

jueves, 8 de febrero de 2018

El armario

No sé exactamente cuántos años tenía, pero debió ser alrededor de los ocho o nueve. Vivíamos en el telégrafo viejo de San Sebastián de la Gomera. Esa tarde entré por la puerta que desde el callejón empinado  accedía al patio de la casa. Después de comprobar que estaba vacía traté de verificar lo que los amigos me decían y que yo no acababa de creer. Me dirigí al dormitorio de mis padres. Abrí la puerta del armario y descubrí el engaño. Allí estaban, ante mí, las caja que contenían los juguetes que debían traernos, unos días después, los Reyes Magos.
No entiendo por qué ese hecho pasó -y sigue pasando- desapercibido a los otros niños y, sin embargo, a mí me marcó para siempre. Me caí del caballo, como San Pablo. Aprendí que ya no podía fiarme de cualquier cosa que me dijeran o me enseñaran. A partir de entonces empecé a dudar de todo, de los hechos históricos que se nos enseñaban en clase o de los lugares que nos hacían aprender en geografía y que nunca había visto. Todo me sonaba igual, a engaño y mentira. Esa fue la semilla de lo que sería pocos años después mi ateísmo juvenil, mi permanente espíritu crítico y, por encima de todo, mi inseguridad crónica. Toda mi vida ha sido ya siempre un aprender y un desaprender, que me ha impedido seguir principios, doctrinas, líderes o maestros. 



PARÁBOLAS
I

Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó! 

Campos de Castilla.
Antonio Machado.

jueves, 4 de enero de 2018

Recordatorio

Hoy, que faltan pocos días para que se cumpla un año del mandato de Donald Trump, mientras hablaban en las noticias sobre Estados Unidos, Corea del Norte, Pakistán, Palestina e Irán, recordé una publicación de este blog, del 21/12/2016, que tenía como eje central al gran Carl Sagan:


CARL SAGAN:
"Las pseudociencias, las supersticiones, las creencias y el fundamentalismo no son algo nuevo. Han estado con nosotros  desde que somos humanos".
"Vivimos en una era basada en la ciencia y la tecnología y con poderes tecnológicos formidables, sin embargo su manejo está en manos de políticos que son analfabetos científicos. Esta mezcla de poder e ignorancia algún día va a estallar delante de nuestras narices".
"La ciencia tiene que ser una forma escéptica de interrogar el universo, teniendo siempre presente que somos falibles".
"Si no tenemos espíritu crítico; si no somos capaces de hacer preguntas escépticas para interrogar a aquellos que dicen que algo es verdad; si no somos capaces de ser escépticos con la autoridad; entonces estaremos a merced de cualquier charlatán político o religioso que aparezca"

lunes, 1 de enero de 2018

La ida y el regreso




Dedicatoria: Para Fernando Espinosa IV.
Invoco a los dioses para que tenga una larga singladura, buena mar y buenos vientos.

El tío abuelo
y el sobrino nieto.
El primero ya ve,
a lo lejos,
la isla
y adivina el puerto.
El segundo
acaba de largar amarras
y se aventura
en el imprevisible océano.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

La Graciosa

            DEDICATORIA: Para Roland Nyns, que me alentó a escarbar en la memoria.

Tenía Yurena cinco años, en 1981, cuando mi madre y nosotros tres estuvimos en La Graciosa por primera vez. Entonces no había muelle, solo un pequeño embarcadero. Ni apartamentos turísticos ni restaurantes, solo una ventita y un teléfono. El pueblo unas pocas calles de arena y el único vehículo de la isla era un jeep viejo.
El traslado desde Lanzarote se hacía en un sencillo pesquero. Cuando salimos de Órzola no pusimos proa a La Caleta de Sebo, sino a mar abierto. Después de navegar una media hora paró su marcha y nos quedamos al garete en medio del océano. Entonces, tranquilamente, los marineros se pusieron a levar unas nasas. Mientras recogían la pesca la mar nos zarandeaba sin miramientos. En el trayecto tardamos bastante más de dos horas, cuando en menos de media podíamos haberlo hecho.
Nos alojamos en una casita de pescadores. Era blanca y humilde como todas las del pueblo. Tenía un patio interior con el piso cubierto de grava y conchas de lapas blanqueadas por el sol. No había agua corriente. Unos niños, por unas pocas monedas, nos traían el agua en recipientes de plástico que transportaban en carretillas. En cada casa había una carretilla, que era la forma más cómoda de transporte sobre la arena del pueblo. Había luz eléctrica, pero solo desde el atardecer hasta la hora del sueño. Para el resto de la noche había que apañarse con las velas. Por las mañanas nos despertábamos sorprendidos al mirar la hora. El silencio prolongaba, hasta bien avanzada la mañana, nuestro sueño.
La poetisa de la Isla vivía muy cerca. Era, como yo ahora, una mujer de más de 70 años y aficionada a los recuerdos. Nos contó que cuando era una muchacha su familia la llevaba a las Islas Salvajes, a 135 millas náuticas al noroeste. Hacían la travesía en rudimentarios barquillos artesanales, sin motor. Se movían ayudados solo con la vela latina y los remos. Permanecían allí varios días. Las mujeres en la Salvaje Grande salando el pescado y en las labores domésticas, mientras los hombres salían a la pesca. Nos leyó varios poemas donde se invocaba a la Virgen para espantar el pánico de aquellas odiseas. Nos contó, también, que con su madre subía a pié el acantilado del Risco de Famara y luego caminaba 36 kilómetros hasta Arrecife llevando sobre sus cabezas pesadas cestas de pescado para su venta.
Aunque no había restaurante algunas noches en su propia casa y en su humilde comedor una señora nos ponía la cena.
Como el pelo yo perdí la fe desde muy joven. Pero por aquel entonces todavía era un esposo modelo y acompañaba a Leonor a los oficios religiosos. Recuerdo la pequeña iglesia. Simple. Sencilla. Adornada solo con artes de pesca y motivos marineros. Sin ningún tipo de ostentación. Sin oros. El de Nazaret se hubiera sentido en su ambiente, pienso.
En cada casa casa había un corral. Cada mañana, al amanecer, el cabrero y su perro aparecían por un extremo del pueblo. El cabrero iba abriendo, una a una, las cancelas de los corrales de las casas y las cabras lo seguían en silencio. Cuando salían, por el  otro extremo del pueblo, el rebaño estaba ya formado y se alejaban tierra a dentro. Él delante y detrás las cabras vigiladas por el perro. Todos en la Isla miraban y esperaban todo del mar, todos, excepto ellos. Era agosto y no sé que podían encontrar sobre aquella tierra desnuda como piel de camello. Al atardecer los acechaba para disfrutar del regreso. Llegaban, como habían salido, por un extremo del pueblo y en silencio. El cabrero delante y detrás el rebaño con el perro. Al pasar delante de cada casa, como en un rito, las cabras, sin la intervención del perro ni del cabrero, iban rompiendo filas y desapareciendo en los corrales. Cuando  llegaban al otro extremo del pueblo solo quedaban, como por la mañana los dos, el cabrero y su perro. Todo lo recuerdo como visto en una vieja película muda y en blanco y negro.
Tengo también grabada en mi memoria los baños de los niños en el embarcadero. Las faenas de la pesca. Los grupos sentados al atardecer en los "mentideros". Las alfombras de "pejines" y el pescado abierto en canal tendido en las cuerdas de la ropa, jareándose al sol y al viento. Sus senderos arenosos. Sus playas. Y, por encima de todo, el silencio y la serena lentitud del tiempo.
¡Ah! Nunca olvidaré la cara feliz de aquel muchacho cuando le respondí que sí, después de haberme preguntado si le prestaba las “chapaletas”, mientras señalaba con el índice de su mano derecha mis aletas.






miércoles, 20 de diciembre de 2017

Tomás Romero, el cura de Tinajo

Hoy he visto -¡milagro!- en la Casa Amarilla de Arrecife, y por primera vez, la imagen ecuestre de Tomás Romero, el cura de Tinajo. Tomás Romero es el personaje central del Lancelot espinosiano.

Arrecife, a 16 de diciembre de 2017


Tomás Romero -el cura de Tinajo-ha sido sucesivamente monago, sacristán y chantre de la iglesia de Tinajo. Ahora es párroco.
Ha vivido desde tan temprano en la iglesia de Tinajo que es ya como un auténtico aditamento eclesiástico. Su palabra, órgano. Su reír, campanario. Su sombrero cúpula. Incensario su pipa.
Tomás Romero tiene el aroma de su iglesia. Tiene su arquitectura. Un buen observador hubiera presentido el bizantinismo de la iglesia de Tinajo después de una charla rumorosa con Tomás Romero.
Tomás Romero galopa desde hace una hora hacia Tinajo, Ahora está ante mí. (Ha frenado su prodigioso caballo. Vacilan los cascos un momento. Se afirman luego enérgicamente.)
Sobre las seis baldosas centrales de la Plaza de la Iglesia de Tinajo, Tomás Romero y su caballo son la estatua ecuestre que necesita Tinajo para su gran plaza desnuda.
Tomás Romero está ahora junto a su caballo. En una mano el sombrero. En la otra naufraga mi mano minúscula. Tinajo ha perdido su estatua ecuestre.
Tomás Romero es más grueso y más alto que el gran pope de Korolenko. Tomás Romero es el mayor entre todos los popes. Tomás Romero y yo -el uno tan al lado del otro- escenificamos el gigante y el enano barracal de las ferias. Yo le llamo instintivamente, pope: Escúcheme buen pope. Yo le digo: ¡Que grande eres, Tomás Romero!
Tomás Romero, sonríe, manotea el aire. Tuerce su sombrero sobre la oreja derecha, sobre la oreja izquierda. Inflama la pipa en cada aspiración. Sus frases tienen música en los extremos. Cada una de sus tres vidas anteriores aparece y desaparece a cada momento. Su vida actual la proscenia a ratos en el traje. Dentro de Tomás Romero pope hay un cura, un chantre, un sacristán y un monago. Los cuatro personajes hacen mutis y entradas deliciosas.

Tinajo y el bizantinismo
LANCELOT, 28º-7º
Agustín Espinosa García
(Publicado el año 1929)

miércoles, 13 de diciembre de 2017

La casa de los abuelos






Yo visité esa casa unos veinte años después del emotivo relato de Juan Manuel Trujillo Torres. En los años cincuenta del siglo pasado, durante las vacaciones de verano y por cortos periodos de tiempo. Ya había perdido su primera juventud y habían muerto mi abuelo Manuel y mis tíos Agustín y José, a los que nunca pude conocer.



Hoy recuerdo, difuminado por el tiempo, que detrás de esa  vidriera-mirador estaba el salón principal de la casa de mis abuelos, en Los Realejos. Seguramente no era tan grande, pero yo lo recuerdo inmenso. Con su piano, su larga mesa de comedor y sus sillas, sillones y sofás. Desde esa vidriera recuerdo mirar extasiado durante el día el Valle de La Orotava y el mar y durante la noche las luces del Puerto de la Cruz y las estrellas. Esa casa, hoy abandonada y en ruinas, la recuerdo como una aventura de novela, como si solo la hubiera habitado en sueños.
No era una casa normal, sino más bien, como dice Trujillo, una residencia. Con aquel gran patio central donde jugábamos; su estanque, donde pescábamos unos peces rojos que devolvíamos rápidamente al agua; el viejo coche ya inservible, descapotable y con volante de madera, que había sido del abuelo y donde yo me subía a soñar que conducía y aquellos jardines que desde mi altura infantil parecían selvas vírgenes.
Recuerdo -¿cómo olvidar?- a nuestra pequeña-gran abuela Isabel sentada cosiendo, con sus gafas, en aquella diminuta silla que no levantaba un palmo del suelo; de Antonia María -tía Rosa, como la llamaban- que estaba en La Gomera cuando yo nací y que cuando mi padre y el médico llegaron, entre ella y mi madre ya me habían traído al mundo; de tía Sole, la más Espinosa de todos los Espinosa; de Carmilla y de mi prima mayor, Quica, que dirigía siempre como un intrépido capitán nuestros juegos.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La educación

La mentira forma parte de nuestra naturaleza. Educamos a nuestros hijos con clases, discursos y consejos. Ellos nos escuchan, pero para sobrevivir deben imitarnos.
Deben aprenden muy pronto a vivir con esa doble moral, como nosotros, con la mayor naturalidad y sin sonrojarse.

martes, 5 de diciembre de 2017

El "yo"

El viejo profesor se sentó en el parque y pensó en el texto que había leído la noche anterior del filósofo Anthony Kenny:
"¿Qué puede ser más íntimo o más importante para cada uno de nosotros que nuestro yo? El yo es lo más personal y privado de cada uno de nosotros. La mayoría de las personas no ven nunca de nosotros más allá de nuestra ropa; unos cuantos íntimos han visto la desnudez de nuestra piel al descubierto, pero nadie distinto de nosotros mismos ha visto nuestro yo. Todos podemos sentir que los demás pueden conocernos en cierto sentido, pero lo que pueden saber es solo lo externo, por muy familiarizados que estén con nosotros, por mucho que se esfuercen, nunca alcanzarán nuestro yo real interno".
Luego sacó su pequeña libreta y escribió:
"Me veo como un observador externo. Nunca alcanzaré, por mucho que me esfuerce, a ver ni entender mi yo real interno, que se comporta caprichosamente y se oculta en el fondo de una oscura e impetrable cueva".



miércoles, 29 de noviembre de 2017

El mono loco

Presionados y acorralados por el medio ambiente, los homínidos no encontraron otra salida mejor para sobrevivir que desarrollar aquello que tenían más a mano: su cerebro. Así, incrementando su volumen consiguieron profundizar en el conocimiento del mundo que les rodeaba.
Esto provocó, irremediablemente, que se vieran obligados, al mismo tiempo y como daño colateral, a mirarse a sí mismos, a tener conciencia de su propia existencia y de su muerte. 
El instinto de supervivencia, consustancial con cualquier forma de vida, es incompatible con la conciencia de la muerte. Se produjo entonces un grave conflicto entre la razón, que intentaba emerger, y la conciencia de la muerte que se lo impedía.
La solución la consiguió desarrollando la imaginación al mismo tiempo que iba descubriendo el mundo exterior. El mundo sobrenatural y la esperanza de una vida después de la muerte, hijos del pánico, de la imaginación y del autoengaño, lograron, en principio, resolver el problema. Y así, la imaginación se convirtió en su principal aliado. Con ella consiguió ocultar la realidad que la razón le presentaba ante sus propios ojos y que su naturaleza le impedía aceptar.
Es verdad que el mundo sobrenatural ha frenado el proceso evolutivo normal de la razón, porque sus fundamentos no son racionales, pero también es cierto que sin él, sin el mundo sobrenatural, nunca hubiera podido surgir la razón tal y como se manifiesta hoy.
Desde el descubrimiento de la filosofía por los griegos, la razón intenta, empecinada e inútilmente, liberarse de todas esas fantasías que limitan su desarrollo.
La especie tiene su propio mecanismo reflejo de autodefensa, por eso rechaza y persigue el ateísmo. Sabe que su supervivencia depende de que todos sus miembros crean, sin dudarlo, en un fantástico e increíble cuento. La evolución los ha diseñado para creerse cualquier descabellada historia que pueda dar coherencia a su existencia.
Esa mezcla de pánico e imaginación los ha enloquecido hasta tal punto que no solo los ha hecho creer la estupidez de que son superiores a las otras especies que habitan el planeta, sino, incluso, superiores a las estrellas, a las galaxias y al propio universo porque estos finitos y ellos, pobres simios orgullosos, inmortales.
Con su cerebro están consiguiendo dominar el planeta e intentando salir de él, mientras, como un funambulista, hacen equilibrios sobre la débil cuerda que ellos mismos han trenzado con sus propias mentiras.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Desviando la mirada

En el año 2015 hubo en España 3.602 muertes por suicidios, unos 10 por día. Dicen los especialistas que su número seguramente es mayor porque muchos se disimulan como accidente por razones de vergüenza familiar. No se publican estadísticas sobre el número de intentos de suicidios.




Las personas que se quitan la vida en nuestro país casi duplican a la suma de las muertes producidas por el tráfico, el trabajo, la violencia de género y el terrorismo ¿Por qué nos preocupamos tanto de estas últimas, y nos olvidamos de la primera?
España, a nivel mundial, tiene un índice medio de suicidios. Ocupa el lugar 58 en una tabla de 100 países, con un índice de 8,5 suicidios/100.000 habitantes y año.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los suicidios son un grave problema de salud pública, que permanece oculto a pesar de que se cobra, en el mundo, 800.000 vidas/año. Cuatro veces más que los producidos por los conflictos bélicos y los desastres naturales (200.000).

domingo, 19 de noviembre de 2017

El gran manicomio

Esta mañana, antes de que saliera el sol, un hombre de 71 años escribió:
Vivimos en un gran manicomio y los locos más locos del manicomio guían nuestros pasos. La imaginación es nuestra única salvación, con ella conseguimos dar coherencia a nuestra fugaz y absurda existencia.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Soledad

El pequeño, de ocho años, ya se había dormido. Su esposo, a quien todos querían y admiraban, se había retirado al dormitorio, después de las buenas noches. Ella se quedó consultando el tratamiento de un paciente. Había sido un domingo clásico: paseo, comida familiar, tertulia y regreso a casa. Después de apagar el ordenador se sentó en el salón. Se quedó un momento quieta, inmóvil. De pronto, los ojos brillaron húmedos y las lágrimas rodaron, sin prisa, por sus mejillas.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Foto de familia




En mi dormitorio,
frente a la cama,
hay una foto de 1915.
Mi padre y sus hermanos
con mis abuelos.

A medida que envejezco
se va imponiendo una nueva forma de mirar.
Veo el mundo
como si ya no estuviera aquí,
como si ya estuviera en la nada,
con ellos.




martes, 31 de octubre de 2017

El desertor

¿Por qué los griegos inventaron la razón que nos ha arrastrado a este oscuro callejón sin salida? ¿Es qué acaso son más absurdos los mitos que nuestras razones?
¿Por qué esta especie nuestra tuvo que elegir el camino de la inteligencia y de la conciencia para sobrevivir? ¿No hubiera sido mejor que se extinguiera?
Me persigue constantemente la idea de que la inteligencia, la razón y la conciencia, los atributos que nos han convertido en irracionales dioses inmortales, son el cáncer que hará desaparecer la biología del planeta.
Ahora, a mis 71 años, me gustaría desertar de:
mi educación,
mi cultura,
mis valores,
mi raza,
mi especie,
y de mi propio cuerpo.
Pronto la vida se encargará de ello. Mientras espero, me entretengo observando cómo justificamos con bellas palabras nuestras más bajas  pasiones.

lunes, 30 de octubre de 2017

Tres frases sobre el patriotismo y una sobre la miopía

Patriotismo es creer que tu país es superior a los demás porque tú naciste en él.
Bernard Shaw


Todo imbécil, que no tiene nada de qué enorgullecerse, se refugia en este último recurso: vanagloriarse de la nación a la que por casualidad pertenece.
Arthur Schopenhauer

Del patriotismo y de las religiones, nacen todas las guerras.
Guy de Maupassant


La inteligencia, el patriotismo, la religión y una firme confianza en ese Dios tan poderoso que siempre dispensó sus favores a este país, es todo cuanto necesitamos.

Abraham Lincoln

viernes, 27 de octubre de 2017

¡Qué tristeza!

Esos grupos numerosos con una bandera -no importa el color, ni lo que representan- al cuello, siguiendo a unos líderes y a unas doctrinas, y enfrentados a otros con otros líderes y otras banderas. El ciego proceso evolutivo de la vida, el dios irracional que no entiende de ética,  espera que termine la partida para apostar al caballo ganador después que ha finalizado la carrera.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Aclaración

Yo no tengo el más mínimo control sobre mi lápiz. Me limito a escribir lo que me dicta un tirano desconocido que anda por aquí, aunque no sé bien donde.

Plancton y estrellas.


Es una noche despejada y sin luna de finales de agosto. Empujado por el alisio del nordeste, el pequeño velero navega desde Lanzarote a Tenerife. En la popa, a un metro sobre la superficie del mar e iluminado solo por la luz de las estrellas, me embriago de cielo, de mar y soledad. 
Nos deslizamos sobre la ondulada superficie del océano, envueltos en un manto de fuegos artificiales. El plancton ilumina, con millones de estrellas, las amuras, las bandas y nuestra estela.
De pronto nos sorprende la presencia de los delfines con sus juegos y sus silbidos. Llegan apresurados por la popa, nos adelantan y saltan junto a la proa.  En sus carreras y en sus saltos hacen brillar el plancton y se envuelven en un mágico vestido de luces artificiales.
Las estrellas, el mar, el plancton, los delfines y sus silbidos, la música del viento sobre las velas y de la carena arando la superficie del agua, nos transporta a un mundo de ensueño.
Por un instante, el tiempo se detiene y se hace infinito.

jueves, 19 de octubre de 2017

Gregarios

Hoy escuche que el Presidente de China, Xi Jinping, informó a sus ciudadanos que en el 2050 serán la primera potencia mundial. Si lo consiguen, serán entonces, seguramente, un rebaño todavía más compacto y homogéneo. Las grandes potencias son aquellas que consiguen implantar un único pensamiento para todos sus súbditos. Esa es una tendencia natural de los Sapiens que nos hace poderosos como grupo y nos obliga a seguir inventos artificiales como patrias, religiones, doctrinas o sistemas.
Ahora recuerdo todos esos libros de autoayuda que llenan las librerías o esas frases de autoestima que nos llegan desde todos los frentes. Esa es la oscuridad que buscamos para escapar de la luz de la realidad y que intenté expresar en mi anterior entrada.
Somos, cada vez más, los defensores apasionados y, al mismo tiempo, los esclavos de las universales mentiras.
 

               "El enlevitado impar precedía a los otros seis y llevaba una bandera española, cuyo grueso mástil terminaba en una zapatilla despilfarrada"
                  "En el sitio donde antes estaba mi estatua había ahora un burro apolillado, cojo de una pata, y un cubo de basura adornado con lirios blancos"

¿era yo un caballo?
Crimen
Agustín Espinosa García (1897-1939)

domingo, 15 de octubre de 2017

Pánico

Asustados, al ver la luz que nos rodea,
intentamos ponernos a la sombra y vivir en la oscuridad.
Por eso hemos inventado todo un mundo paralelo,
para protegernos de la cegadora realidad.
Nuestra vida se reduce solo a eso,
defender con pasión nuestras propias mentiras.

jueves, 5 de octubre de 2017

martes, 3 de octubre de 2017

Trece y trece.

ME GUSTA
la soledad y el silencio
los guachinches
las otras razones
la sencillez
las riberas de los ríos y las orillas de los mares
los senderos
las contradicciones
la ropa de los mercadillos
la suave brisa que al atardecer sube por el valle
los misterios de la vida, del tiempo y del espacio
los inseguros
los perdedores
y los suicidas

NO ME GUSTA
los gregarios
las patrias, las bandera, los himnos y las fronteras
el glamour
los que pisan fuerte y caminan estirados
las ideologías
los profetas
el rebaño que se agrupa alrededor de una doctrina o de un líder
el proselitismo
las verdades absolutas
los proceres
las corbatas 
y los triunfadores


domingo, 1 de octubre de 2017

Realidad y fantasía.

Una prueba de nuestra soberbia y de nuestra estupidez, de la que no escapa el mundo científico,  es la nomenclatura con que hemos definido a nuestra propia especie: "Sapiens Sapiens". Dos veces sabios.
Se nos hace creer que somos unos seres privilegiados, dotados de conciencia y de otras cualidades excepcionales, que ocupamos el centro del universo y que hemos sido hechos por un Dios perfecto a su imagen y semejanza.
La razón intenta, inútilmente, obligarnos a enfrentarnos con la realidad. Las antiguas filosofías orientales ya lo intentaron. Luego los griegos y, más tarde, Descartes, Galileo, Darwin... 
Pero, a pesar de que todo ha sido ya dicho, seguimos soñando. La realidad y la razón nunca nos han interesado. Vivimos de sueños de grandeza.
El instinto de supervivencia y el pánico nos impiden ver la realidad que tenemos ante nuestros propios ojos.