viernes, 7 de diciembre de 2018

XXX La barca, el río y el mar


 Después de contemplar el atardecer por la ventana de su estudio, el viejo profesor, se sentó. Encendió la lámpara, sacó un folio en blanco, lo depositó sobre el escritorio, tomó su estilográfica y escribió:


LA BARCA, EL RÍO Y EL MAR

Mi barca,
lastrada con las universales mentiras,
ha sido arrastrada por las turbulentas aguas
de la corriente del río del tiempo.

Ahora, en la vejez,
después de haber tirado todo por la borda,
reposa ligera,
en las serenas aguas de la desembocadura.

Siento la dulce proximidad del mar
y ya solo espero,
como un niño huérfano,
su abrazo salino definitivo.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Los nuevos juegos (NO)


 Esta mañana, después de mi paseo y cuando empezaba a desayunar en el bar de San Andrés donde acostumbro, entró un padre muy joven con su hijo. El niño, que estaba sentado en su cochecito, durante los quince minutos que estuve allí no levantó, ni en un solo momento, la vista del teléfono móvil, que manejaba con sus pequeños dedos con una habilidad asombrosa. Cuando se cansaba de un juego, volvía atrás, elegía otro y seguía. Varias veces me incline para ver los emoticones de colores que transitaban por la pantalla, mientras su padre me sonreía feliz con las proezas de su hijo.
Creo que en su cerebro no entró ni un solo dato del mundo exterior. Solo debía sentir cerca la reconfortante presencia de su progenitor. Abrió varias veces la boca para permitir que su padre le introdujera pequeña cantidades de alimento, pero sin apartar los ojos de la pantalla. ¡Qué poder de seducción tienen esos juegos para los niños! Le pregunté al padre, por curiosidad, su edad. Me contestó, orgulloso, ¡dos añitos!
¿Intuirá el niño, como un viejo,  que el mundo que ve a su alrededor carece de todo interés y es tan virtual y mucho más caótico que el del artefacto que sujeta entre sus diminutas manos?

jueves, 29 de noviembre de 2018

El primate soñador (NO)

Hoy sabemos, con la ayuda de Darwin, que estamos hechos de la misma materia que los demás seres vivos, que hemos evolucionado y que somos la consecuencia de un proceso de selección natural.
Los estudiosos de la evolución dibujan una cadena de homínidos unidos todos por líneas y al final de la última línea, a nosotros, los Sapiens.
Y eso es lo que somos, aunque el pánico nos impida aceptarlo. Nos empecinamos, por un lado, en borrar esa última línea que nos une a las otras especies y, por otro,  en engañarnos con los cuentos de hadas  de lo sobrenatural. Así vivimos entre la racionalidad y el disparate, para intentar -sin conseguirlo del todo-  sentirnos diferentes, superiores, excepcionales y eternos.


EVOLUCIÓN DE LOS PRIMATES


EVOLUCIÓN DE LOS HOMÍNIDOS

martes, 27 de noviembre de 2018

Gloria Fuertes. (NO)

Parece que fue ayer,
pero hoy,
hace veinte años,
que la gran Gloria
se nos fue.


El sofá y la TV se ocupan de mantenernos agrupados en torno al fútbol, los concursos, los detectives, los cowboys, la basura y las discusiones políticas. La poesía de Gloria nos levanta y nos ayuda a esquivar los perros que guardan el rebaño.


Parece que fue ayer,
pero hoy,
hace veinte años,
que la gran Gloria
se nos fue.



En las noches claras,
resuelvo el problema de la soledad del ser,
Invito a la luna y con mi sombra somos tres.
                                                           Gloria Fuertes

lunes, 26 de noviembre de 2018

XXXLa atalaya (filosofía)

El río del tiempo lo había empujado hasta casi tocar el final del camino. El viejo profesor se había encontrado, por fin, con la serenidad de los años. Había logrado liberarse de las grandes mentiras y de los complejos de superioridad que ciegan y atormentan a los de su especie. Sentado en el banco de madera del parque, miraba hacia el suelo, serio y taciturno.
Sus lecturas y sus largos paseos le habían  llevado, como a Don Quijote, hasta la apartada morada donde ahora vivía. Desde allí, tenía la visión de un águila. Contemplaba todo como si estuviera en una nave espacial, en otra galaxia o como si la muerte le hubiera liberado de las pasiones. Aunque, con frecuencia, pensaba que lo que hacía era soñar desde lo más hondo de una profunda cueva.
Cansado, ya solo pensaba ilusionado con precipitar su regreso al misterioso paraíso infinito de la nada.
Extrajo del bolsillo la pequeña libreta, que siempre le acompañaba, y escribió:


LA ATALAYA


Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente las dimensiones del universo visible,
las de nuestra galaxia,
las de nuestro sistema solar,
las de nuestro planeta,
las del pequeño lugar que habito
y el que ocupa mi insignificante cuerpo.

Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente el tiempo de mi efímera existencia,
el de mi especie,
el de la vida sobre el planeta,
y el transcurrido desde el big-bang.

Ahora ya,
permanentemente, 
tengo presente
que desde el punto de vista evolutivo,
todas las especies que existen sobre el planeta,
incluida la nuestra,
tienen el mismo valor y trascendencia.

Ahora ya,
permanentemente,
soy consciente que nuestro cerebro
es un fortuito capricho de la evolución
como los dientes del león o las alas de las ave, 
diseñado solo y exclusivamente para supervivencia.

Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente
que el instinto de supervivencia,
la conciencia de la muerte
y el pánico
nos han conducido hasta un fantástico mundo imaginario
de dioses y almas.

Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente que nunca llegaremos a conocer el mundo,
el real, el exterior, el de ahí fuera.
Tendremos que conformarnos solo con el virtual,
con el sueño imaginario que crea nuestro cerebro
con las señales eléctricas que le llegan de los sentidos.

Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente que todos nosotros
vemos el mundo como si fuéramos el centro del universo.
De ahí nuestra miopía, arrogancia y soberbia. 

domingo, 11 de noviembre de 2018

XXX Epílogo en la isla de las maldiciones.

Cuando me asome, una noche, al espejo, con un candelabro encendido entre las manos, veré amanecer tras el cristal mi imprevista vejez precipitada por una lívida tarde sin proa.
Me voy hundiendo, atropelladamente, en un ocaso, que se hace cada vez más hondo, precedido por la ávida cita de una estrella.
Una mañana, me despertaré huésped de mis alas maltrechas y no volveré a dormirme, con ellas, acaso.

                                            Agustín Espinosa García 
Epílogo en la isla de las maldiciones
Crimen (1934)



      Tío Agustín, con solo 37 años -era la edad que tenía cuando publicó "Crimen"- empezaba a escribir por donde la mayoría termina.  

viernes, 9 de noviembre de 2018

Hastío ???

Ya el viento se cansó de hacer bailar a las palmeras
y el mar de besar las playas de la isla
y el lector de las hojas de los libros
y las ruedas de girar en los caminos.

Alimentados con antidepresivos
 nos sentamos inertes,
 ante el televisor,
mientras pasa el tiempo de la vida.

sábado, 3 de noviembre de 2018

XXX Cuando descubres el engaño (poesía)


Cuando descubres el engaño.
Cuando te haces consciente de ti mismo.
Entonces descubres el engaño
y tiras por la borda todo lo que te enseñaron.
Entonces, de verdad, estás perdido.
Ya no puedes refugiarte en la mentira.
Y, aunque el vértigo te asuste,
ahora tienes que mirar a la vida cara a cara,
mientras sigues  solo y aturdido.


jueves, 1 de noviembre de 2018

La enseñanza (No)




Ayer mis primos, Luis Espinosa García y Margarita Rodríguez Espinosa, presentaron, en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, este libro sobre el primer Colegio de Segunda Enseñanza que la familia liberal de los Espinosa fundó en 1927 en el Puerto de la Cruz. Mi padre fue su profesor de historia en esa primera etapa. El colegio estuvo cerrado durante la guerra civil y aunque se abrió posteriormente mi padre no volvió a tener contacto con él. Se fue a La Gomera después del golpe de estado, pero siempre nos habló orgulloso de sus años de profesor.


Profesores del colegio
(Mi padre, en el centro, entre tío Juan y tío Luis)

viernes, 26 de octubre de 2018

Los gallos(NO)


Parecía que, después de la transición política, las dos españas, tan bien definidas por Machado, se habían ido difuminado hasta casi desaparecer. Pero era una ilusión, no estaban muertas, solo dormían. Han despertado de nuevo llenas de furia y energía. Cada vez se diferencian y se distancian más y más, cada una encerrándose en sus sin razones. Y como dos gallos en la arena se miran con rabia  amagando con aniquilar al adversario.
Por otro lado, en el mundo que nos rodea, cada grupo de poder creado alrededor de una raza, de una religión, de una forma de de pensar, de un equipo de fútbol o de un territorio se siente superior a los otros, a los que intenta humillar y doblegar. Un mundo regido por personajes como Donald Trump o Vladimir Putin y por el fanatismo fascista que se extiende como una epidemia.
Mientras tanto la sabiduría de los clásicos duerme completamente olvidada en las bibliotecas, igual que las enseñanzas de los profetas fundamentadas en el amor al prójimo. Esa es la gran virtud de nuestra especie. Con la mayor naturalidad y sin sonrojarnos somos capaces de leer, predicar y alabar el Nuevo Testamento, mientras solo nos preocupamos por poseer, dominar, competir y destruir a "los diferentes".
Y aunque nos empeñemos en autoengañarnos ese es lo que somos y ese es el mundo que tenemos.

viernes, 19 de octubre de 2018

Amanecer (Revisar)


Amanecer de otoño (4 de octubre de 2018)


Esos amaneceres no existen fuera de nosotros. Ahí fuera solo hay fotones con sus diferentes longitudes de ondas que nuestro cerebro, diseñado solo para la supervivencia, traduce en esas impresiones que, no entiendo por qué, nos resultan tan placenteras.
La percepción nos enseña que todos vivimos en un mundo virtual que solo existe en el interior de nuestros cerebros. Estamos incapacitados, por nuestra propia naturaleza, para conocer el mundo exterior.
El que nunca ha oído hablar de la percepción es como un ciego que siempre ha vivido entre ciegos y que no puede ni siquiera sospechar de la existencia de la luz. El que la conoce es como un ciego que vive entre videntes y aunque sabe que existe, nunca llegará a verla.
Sabemos también que somos un humilde ser vivo más, consecuencia de un caprichoso proceso evolutivo.
No obstante, todos vivimos en el engaño porque la realidad nos aterroriza. Como locos caminamos erguidos, orgullosos, convencidos que somos superiores a los otros animales que pueblan el planeta, en posesión de verdades objetivas y,  como si con eso no bastara, nos creemos en posesión de un alma inmortal y de una vida eterna. 




"El 96 % del mundo que nos rodea es completamente desconocido para nosotros."
Robert Wilson (Radio Astrónomo estadounidense y
Premio Nobel de física de 1978).
    

"La percepción nos enseña que el mundo virtual que vemos en el interior de nuestro cerebro no tiene nada que ver con el real que puede existir en el exterior y el cual nunca llegaremos a conocer por las limitaciones de nuestros propios sentidoComo sonámbulos los científicos han estado siempre caminando a tientas entre los oscuros misterios del universo, guiados por el sueño de la razón, en un vano intento de descubrir la realidad objetiva del mundo. Hasta que poco a poco se ha hecho patente que esa realidad es inalcanzable. Lo único que podemos conocer es la imagen virtual del mundo interior creada por la mente.
                                            Teodoro Vives (Astrofísico español).





miércoles, 3 de octubre de 2018

Juventud (NO)

Dos o tres días por semana acostumbro a pasar por la Universidad. En el bar desayuno rodeado de alumnos y luego me sumerjo en la biblioteca. Me siento a gusto rodeado de estos jóvenes que, desde mi vejez, parecen casi niños.
Los contemplo e intento adivinar sus sueños de futuro. Es posible que ellos sueñen solo en tener un buen trabajo, un buen coche y una buena casa,  pero yo me ilusiono pensando que sueñan con escribir un bello poema, como Machado; o un cuento sorprendente, como Oscar Wilde; o en encontrar una nueva interpretación de la cosmogonía; o en darle un giro a nuestra forma de ver el mundo, como Galileo, Descartes, Kant o Darwin.
Imploro a los dioses por su libertad. Para que consigan escapar de los perros que agrupan al rebaño. Para que nunca se aten a ningún grupo, ni a ningún sistema, ni a ninguna corriente de pensamiento, ni a ninguna religión, ni a ninguna patria. Para que consigan ser ellos mismos y, como el viento, se paseen por la vida sin echar raíces .

lunes, 2 de julio de 2018

XXX El Telégrafo Viejo (infancia)


(Los recuerdos son pedazos perdidos de nuestra vida
que un día, por casualidad, nos encontramos.)
  



Esta foto me la envió, hace unos días, mi sobrino, 
Fernando Espinosa III,  con su hijo,  Fernando Espinosa IV,
ante la fachada del edificio del viejo Telégrafo de San Sebastián de la Gomera.


En ese edificio, hoy en ruinas, nací hace más de 72 años. Ahí viví el paraíso de la primera infancia, con mis padres, Fernando y Gunilda, y mis hermanos, Fernando y María del Carmen. Lo recuerdo como si lo hubiera habitado en una vida anterior y, al mismo tiempo, como si ayer, con mis pantalones cortos, hubiera estado corriendo entre sus muros.
En la planta baja estaban las oficinas del Telégrafo y en la alta nuestra vivienda.
Recuerdo la bomba del agua, junto a la escalera por donde se subía, desde la entrada principal y desde las oficinas, a la vivienda. El recibidor, al final de la escalera, iluminado por la cristalera que lo separaba del patio. Desde él se accedía, por un lado, al comedor y a los dormitorios y,  por el otro, al patio, que comunicaba con la cocina, la despensa, el cuarto de estudio con su gran pizarra y el baño. Todas estas piezas, que daban al patio, estaban cubierta con chapas onduladas, que se convertían en mágicos tambores con la bendición de la lluvia. Desde el patio una estrecha escalera subía a la azotea donde estaba el bidón que la bomba se encargaba de llenar con el agua del pozo. Todavía no había agua corriente, ni se habían inventado las neveras, ni las lavadoras, ni los termos y la luz eléctrica funcionaba solo desde el atardecer hasta la media noche. En el patio, junto a la escalera de la azotea, había una pequeña puerta por donde se podía salir al callejón empinado que, paralelo al edificio, comunicaba nuestra calle con la pista, en esas fechas todavía sin asfaltar, que conducía  al cementerio y al faro.
La vida de la casa giraba alrededor de aquel patio. Recuerdo estar sentado en su suelo merendando plátanos con gofio o contemplando extasiado la lluvia caer sobre su piso de cemento.

miércoles, 30 de mayo de 2018

45 aniversario (desde Ottawa)

Leonor, esta mañana, me recordó que hoy hace 45 años que nos casamos -más 7 de novios- añadió a continuación. Yo no recuerdo cuando era soltero. Es como si siempre hubiera estado ahí, pegada a mí -o yo a ella- desde mi nacimiento.
Desde que nos conocimos se ha puesto como objetivo cambiar mi forma de ser y de pensar y aunque cada vez me radicalizo más y más, ella no desfallece. No pierde las esperanzas. La pobre, no sabe que está enfermedad que padezco desde niño no tiene solución.
-Baja de las nubes- me dice con frecuencia.
Yo intento también, con el mismo acierto que ella, hacerla cambiar de mundo.

jueves, 10 de mayo de 2018

XXXAntonio Espinosa García (Familia )


Mi madre me contó que
cuando mi padre la estaba pretendiendo
preguntó por su familia.
Alguien le dijo:
“los Espinosa son todos cultos e inteligentes,
pero rematadamente excéntricos”.

Excéntrico: Raro, extravagante, singular, original, fuera de lo normal,
que está fuera del centro o que tiene un centro diferente.


Todos los hijos varones del primer matrimonio de mi abuelo, Manuel Espinosa Suárez, -Agustín, José, Fernando y Antonio- fueron “especiales”. Mi padre, Fernando, fue seguramente el que parecía más “normal”, pero todos ellos fueron “rara avis”. Desconozco las razones, pero pudo haber sido fruto de la cultura laica del ambiente familiar donde se criaron o por la influencia del tío Manuel, que preparó el bachillerato de los cuatro.
Desgraciadamente, no pude conocer -murieron, prematuramente, antes de nacer yo- ni a tío Agustín, ni a tío Pepe. Del mayor, Agustín, conocemos su personalidad única por su “Lancelot”, por su “Crimen”, por su original prosa y por los comentarios que de él han dejado sus amigos y sus críticos literarios. El segundo, Pepe, era farmacéutico, pero se ocupaba sobre todo del piano, que tocaba con maestría. Alguien me comentó una vez, que nunca se adaptó a este mundo. Quién me lo dijo no sabía que esa es una sensación mucho más común de lo que parece.
Antonio, el más joven de los cuatro, no fue una excepción. Era un año más joven que mi padre y durante la infancia y la juventud compartieron el mismo dormitorio en el caserón familiar de Los Realejos. Cuando terminaron el bachillerato, alrededor de 1918 -hace un siglo-, sus dos hermanos mayores, Agustín y Pepe, estaban estudiando literatura y farmacia en Granada. La situación económica de la familia no les permitió acceder a estudios superiores. Las carreras universitarias se hacían en la Península, eran largas y costosas. Los dos hicieron la misma oposición y fueron, durante toda su vida, telegrafistas.
Aunque lo había visto en mi juventud en un par de ocasiones, realmente conocí a tío Antonio cuando era un hombre mayor, poco antes de morir. Debía andar próximo a los 80 años. Tía Paca, su mujer, ya había muerto. Vivía solo en el piso de la calle Álvarez de Lugo, en Santa Cruz de Tenerife. Allí lo visité en unas 4 o 5 ocasiones.
Durante las horas que pasé con él tuve la suerte y el privilegio de disfrutar de sus lecciones. Yo, por aquel entonces, debía tener algo más de treinta años. Me habló, con admiración de Descartes, de la Ilustración, del Racionalismo, del Siglo de las Luces, de la Revolución Francesa, de la República, de Kant y de Schopenhauer. También, pero con tristeza y odio, del Fernando VII, de la dictadura fascista del general y de la Iglesia, su aliada, de la larga noche de oscuridad que siempre nos ha perseguido, del fundamentalismo y del fanatismo irracional de nuestro país, fruto de su incultura crónica. Durante aquellas charlas descubrí a tío Antonio.
Se sentía orgulloso de la familia. Hablaba con cariño y admiración de sus hermanos y nombraba, con frecuencia, a su abuelo, Agustín Espinosa Estrada. 
Todavía recuerdo, después de 40 años, la emoción que ponía en sus palabras, su lucidez y el brillo especial de sus ojos inquietos. 

lunes, 23 de abril de 2018

Humildad (NO)

¿Cuándo entenderemos que solo somos un ser vivo más sobre el planeta?
¿Cuándo aceptaremos que entre nuestra especie y las otras que existen -o han existido- no hay diferencias sustanciales?
La arrogancia, la vanidad, el orgullo y la soberbia nos impide aceptarnos tal y como somos.

La humildad hizo que Galileo nos desterrara del centro del universo y que Darwin nos pusiera a caminar sobre la tierra como un ser vivo más.

lunes, 16 de abril de 2018

¿Homo Sapiens? (IMPORTANTE)


Homo Sapiens: Del latín, "hombre sabio".

El cerebro humano es el arma letal más poderosa que existe. Ni los dinosaurios carnívoros, ni los tigres de dientes de sables, ni las orcas o los tiburones, ni los osos, ni los cocodrilo, ni los grandes felinos, ni los virus o las bacterias. No existe especie depredadora más perfecta que la nuestra.
La evolución de la vida se fundamenta en la supervivencia del más fuerte.
Cuando nuestros antepasados, debido a la deforestación, se vieron obligados a caminar sobre el suelo de la sabana, rodeados de depredadores mucho rápidos y más fuertes, no encontraron otra salida para sobrevivir que desarrollar su cerebro.
Somos una especie más sobre el planeta, cuyo único mérito es haber conseguido desarrollar un arma poderosa.
Millones de libros y artículos nos hablan de la maravillosa perfección de nuestro cerebro, pero no debemos olvidar que ha sido diseñado por la evolución con el único propósito de la supervivencia.
La razón está dirigida exclusivamente a ese fin. Consideramos racional y lógico todo aquello que nos ayuda a sobrevivir. Nuestro cerebro no ha sido diseñado para objetivar, ni para las verdades absolutas. Prueba de ello es cómo a lo largo del tiempo hemos ido -y seguiremos- cambiando la visión de la cosmogonía. Solo nos sirve para ayudarnos a transitar por un mundo que nunca llegaremos a comprender. 
Hasta tal extremo nos domina el instinto de supervivencia que, con el fin de satisfacerlo, hemos inventado todo un fantástico mundo imaginario de mitos, dioses, paraísos y almas; y gastado ingentes cantidades de energía en la construcción de dólmenes, menhires, pirámides y templos.

martes, 10 de abril de 2018

El grano de arena (NO)


Todo nuestro universo,
con sus galaxias en expansión,
solo es un grano de arena,
sin la menor importancia,
que vaga impulsado por el viento
en el desierto de un planeta descomunal,
donde viven unos gigantes,
también descomunales.
En el electrón,
que gira alrededor del núcleo de un átomo,
en el interior de un grano de arena
de cualquiera de nuestros desiertos,
existen seres diminutos,
que como nosotros y como los gigantes,
piensa que su grano de arena
es todo lo que existe.

martes, 3 de abril de 2018

Mujer barata


Seguramente por la educación que recibió en su casa familiar de Los Realejos mi padre nunca usó cremas, ni colonias, ni desodorantes, ni ninguno de esos artículos de belleza que hoy usamos los varones con la mayor naturalidad. Eran otros tiempos.
-Huele a “mujer barata”- Decía siempre mi padre cuando sentía el olor del perfume.
Un día, por las mismas fechas de “El Frente de Juventudes”, mi madre me dijo, en su presencia, que fuera a pelarme. Por aquel entonces todavía tenía yo una abundante cabellera. La barbería estaba en nuestra misma calle, la calle José Antonio Primo de Rivera, que coloquialmente llamábamos “la calle trasera”, frente a la casa de D. Ciro Fragoso y un poco más arriba que la de D. Fefe Méndez. Pepe, el barbero, después de cortarme el pelo, tuvo, para mi desgracia, la brillante idea de untarme el pelo con brillantina. 
Después de pelarme fui a la Plaza del Kiosco, el lugar preferido de los niños. Allí jugábamos protegidos por la sombra de aquellos gigantes laureles de india.
Al llegar, vi que mi padre estaba sentado en la terraza del kiosco tomando una cerveza. Lo acompañaban D. Manuel Padilla, D. Manuel Galván, el alcalde y D. Manuel Yanes, el párroco.
 Fui corriendo a dar con ellos.
-¿Ya te pelaste?- Me preguntó mi padre al llegar.
-¡Sí!- Le contesté.
E inclinándome coloqué mi cabeza frente a su nariz.
-¡Huele! ¡Huele!- Le dije.
Luego, incorporándome, añadí orgulloso.
-Me pusieron “mujer barata”.
De pronto, a aquellos tres respetables y serios señores les cambió la cara. Fijaron, por un instante, sus ojos en mí y, a continuación, comenzaron a reír con tanta fuerza que las carcajadas se podían oír en toda la plaza. Yo me quedé mirándolos sorprendido.
-¿Qué pasó, papá?- Le pregunté avergonzado en cuanto se calmaron un poco.
-Nada -me contestó- vete a jugar con los amigos.
                                                           

miércoles, 28 de marzo de 2018

El muelle

Solo,
me paseo por el muelle
esperando mi barco.
Mientras miro el horizonte
me entretengo
interpretando mi papel en la comedia,
con la cabeza baja,
diciendo sí
y sonriendo.

jueves, 22 de marzo de 2018

El Frente de Juventudes


  El Frente de Juventudes fue una sección del partido político
por el Régimen de Franco en 1940 para el encuadramiento
y adoctrinamiento político de los jóvenes españoles
según los principios del Movimiento Nacional.
(Wikipedia)               



A mediados de los años 50 del siglo pasado, en plena dictadura del general Franco, era yo un niño de pantalón corto y vivíamos en la casa del Telégrafos viejo de San Sebastián de la Gomera. Todos los domingo los niños íbamos al colegio, pero no asistíamos a clase. Separados por sexos, formábamos como soldados en el patio del recreo y luego, en fila india, nos llevaban a misa. La asistencia al oficio religioso dominical era una actividad obligatoria más de la formación de los infantes.
Había también, como en todos los pueblos, un “Frente de Juventudes”. Era un local donde se reunía a los niños -solo los varones- para programarlos en los principios del régimen fascista que nos gobernaba, en valores como la bandera, los himnos y la patria e inculcarles el sentimiento irracional y anticristiano de pertenencia a un pueblo y a una raza superior. Se embullaba a los niños con actividades recreativas y juegos. Era un lugar de reunión agradable al que yo solía acudir con mis amigos. Un adulto se encargaba de su organización. A este hombre se le conocía con el nombre de “El Político”. Un día se produjo la crisis. Se fue el que hasta ese entonces dirigía nuestro “Frente de Juventudes” y que se preocupaba más de los juegos que del adoctrinamiento, siendo sustituido por un joven lleno de “valores” e interesado más en el proselitismo que en los juegos. 
A los pocos días de llegar nos dio a todos los niños un papel para nuestros padres, advirtiéndonos que el que no lo trajera firmado no podría volver por el local. En él decía que el firmante deseaba que su hijo fuera formado en esos principios. Nunca olvidaré la escena. Mi padre estaba en su despacho de Telégrafos. La mesa estaba situada de forma que él quedaba mirando hacia la puerta. Yo entré contento con el papel, lo puse sobre la mesa, le explique de qué se trataba y me quedé esperando su firma. Él leyó el papel, luego me miró. Volvió a leerlo. Lo cogió entre sus manos, lo rompió en  pequeños pedazos, los arrojó en la papelera colocada junto a sus pies y, si decir ni media palabra, continuó su trabajo. El pobre Tinito no pudo volver al “Frente de Juventudes”. Ahora recuerdo con orgullo aquel gesto de mi padre que permanece imborrable en mi memoria.


El "Frente de Juventudes" español guardaba similitud
en su estructura con las "Juventudes Hitlerianas" alemanas,
con la "Obra Nacional Bolilla" del fascismo italiano
y con la "Mocidade Portuguesa".
(Wikipedia)

miércoles, 14 de marzo de 2018

Turkmenistán

Estas "ocurrencias" reciben visitas de gentes de otros países. Hace unos días entró, por primera vez, un ciudadano de Turkmenistán. No sabía que existiera un país con ese nombre. Entré en Internet para informarme. Wikipedia dice que es un país del Asia Central, de mayoría musulmana y conducido por un férreo dictador.

De acuerdo con Human Rights Watch, Turkmenistán "sigue siendo uno de los países más represivos del mundo. El país está prácticamente cerrado al escrutinio independiente, los medios de comunicación y las libertades religiosas están sujetas a restricciones draconianas y los defensores de derechos humanos y otros activistas se enfrentan a la amenaza constante de represalias del gobierno". El presidente Berdimuhamedow promueve un culto a su personalidad en la que sus familiares y sus asociados disfrutan de un poder ilimitado y ejercen un control total sobre todos los aspectos de la vida pública. No existe la televisión privada en Turkmenistán. Los artículos publicados por los periódicos controlados por el Estado están fuertemente censurados y escritos para glorificar al Estado y su líder. (Wikipedia)

Los jóvenes no estaban y los mayores intentamos olvidarlo, pero, aunque parezca mentira, cuando yo era un niño, hace 65 años, así vivíamos aquí y así nos veían desde fuera.

miércoles, 7 de marzo de 2018

La ortografía


Cuando yo era un niño, a principio de los años 50 del siglo pasado, no había Internet y en contadas casas de San Sebastián de la Gomera había un diccionario, por eso la gente se acostumbró a ir al telégrafo a preguntarle a mi padre como se escribía tal o cual palabra. Mi madre contaba orgullosa la vez que el alcalde y el notario fueron a ver al telegrafista para que hiciera de árbitro en una discusión ortográfica. A él nunca lo oí jactarse de eso. Bueno, ni de eso ni de nada.
Mi padre fue un alumno destacado, pero cuando terminó el bachillerato tuvo, por razones económicas, que preparar oposiciones. Por aquellos años, 1919, telegrafista era una salidas ventajosa.
Yo de niño fui muy mal estudiante. Aún recuerdo a mi padre con las manos en la cabeza hablando de sus hijos: ¡Qué será de estas calamidades! Solo me interesaba la playa, el barranco, el campo de futbol, las palmeras, el bajio y la plaza. Mi ortografía era un auténtico desastre. Todavía arrastro esa inseguridad ortográfica. 
Quizás por eso siempre he mirado con desprecio a los cultos burgueses que se ríen de la gente que por su formación hablan o escriben incorrectamente. Me gustaba el castellano antiguo que se hablaba -¿se sigue hablando?- en los pueblos del interior de la Gomera.
La función de la escritura y del leguaje es comunicarnos. La forma es solo un aditamento que se establece por cada cultura y en cada época, y que solo sirve, como las ropas, las joyas y todas esas estupideces que tanto nos gusta a los Sapiens, para informar la clase social a la que se pertenece. Los señoritos se sienten superiores cuando miran con desprecio y mofa al que no habla o escribe como ellos, sin darse cuenta que toda esas modas serán sustituidas por otras que serán de utilidad para los nuevos señoritos.

sábado, 3 de marzo de 2018

72 años

Cuando tenía 15 años pensaba que los 70 quedaban en el infinito y cuando tenía 40 que nunca llegaría a hoy. Pero la realidad es tozuda. ¡Dios mío, hoy cumplo 72 años!
Nunca pude imaginar que estos años, que ahora estoy pasando, pudieran ser los mejores de la vida. Los años y la holgazanería de la jubilación me han transportado a un mundo nuevo. Siento que aún estoy aquí y, al mismo tiempo, que ya me he ido. Es una sensación tan extraña. Como si me hubiera puesto a volar después de sacar la cabeza de debajo del ala. ¿Serán mis neuronas que se encargan de quitar valor y dramatismo a todo, preparándome  para el viaje definitivo o, tal vez, que estoy perdiendo la razón?
Desde este cómodo avión, donde me he subido, se observa con claridad el infinito pasado que precedió nuestro nacimiento, el infinito futuro que seguirá a nuestra muerte y en medio este instante de estúpida, absurda e inútil comedia.

jueves, 8 de febrero de 2018

El armario

No sé exactamente cuántos años tenía, pero debió ser alrededor de los ocho o nueve. Vivíamos en el telégrafo viejo de San Sebastián de la Gomera. Esa tarde entré por la puerta que desde el callejón empinado  accedía al patio de la casa. Después de comprobar que estaba vacía traté de verificar lo que los amigos me decían y que yo no acababa de creer. Me dirigí al dormitorio de mis padres. Abrí la puerta del armario y descubrí el engaño. Allí estaban, ante mí, las caja que contenían los juguetes que debían traernos, unos días después, los Reyes Magos.
No entiendo por qué ese hecho pasó -y sigue pasando- desapercibido a los otros niños y, sin embargo, a mí me marcó para siempre. Me caí del caballo, como San Pablo. Aprendí que ya no podía fiarme de cualquier cosa que me dijeran o me enseñaran. A partir de entonces empecé a dudar de todo, de los hechos históricos que se nos enseñaban en clase o de los lugares que nos hacían aprender en geografía y que nunca había visto. Todo me sonaba igual, a engaño y mentira. Esa fue la semilla de lo que sería pocos años después mi ateísmo juvenil, mi permanente espíritu crítico y, por encima de todo, mi inseguridad crónica. Toda mi vida ha sido ya siempre un aprender y un desaprender, que me ha impedido seguir principios, doctrinas, líderes o maestros. 



PARÁBOLAS
I

Era un niño que soñaba
un caballo de cartón.
Abrió los ojos el niño
y el caballito no vio.
Con un caballito blanco
el niño volvió a soñar;
y por la crin lo cogía...
¡Ahora no te escaparás!
Apenas lo hubo cogido,
el niño se despertó.
Tenía el puño cerrado.
¡El caballito voló!
Quedóse el niño muy serio
pensando que no es verdad
un caballito soñado.
Y ya no volvió a soñar.
Pero el niño se hizo mozo
y el mozo tuvo un amor,
y a su amada le decía:
¿Tú eres de verdad o no?
Cuando el mozo se hizo viejo
pensaba: Todo es soñar,
el caballito soñado
y el caballo de verdad.
Y cuando vino la muerte,
el viejo a su corazón
preguntaba: ¿Tú eres sueño?
¡Quién sabe si despertó! 

Campos de Castilla.
Antonio Machado.