jueves, 4 de enero de 2018

Recordatorio

Hoy, que faltan pocos días para que se cumpla un año del mandato de Donald Trump, mientras hablaban en las noticias sobre Estados Unidos, Corea del Norte, Pakistán, Palestina e Irán, recordé una publicación de este blog, del 21/12/2016, que tenía como eje central al gran Carl Sagan:


CARL SAGAN:
"Las pseudociencias, las supersticiones, las creencias y el fundamentalismo no son algo nuevo. Han estado con nosotros  desde que somos humanos".
"Vivimos en una era basada en la ciencia y la tecnología y con poderes tecnológicos formidables, sin embargo su manejo está en manos de políticos que son analfabetos científicos. Esta mezcla de poder e ignorancia algún día va a estallar delante de nuestras narices".
"La ciencia tiene que ser una forma escéptica de interrogar el universo, teniendo siempre presente que somos falibles".
"Si no tenemos espíritu crítico; si no somos capaces de hacer preguntas escépticas para interrogar a aquellos que dicen que algo es verdad; si no somos capaces de ser escépticos con la autoridad; entonces estaremos a merced de cualquier charlatán político o religioso que aparezca"

lunes, 1 de enero de 2018

La ida y el regreso




Dedicatoria: Para Fernando Espinosa IV.
Invoco a los dioses para que tenga una larga singladura, buena mar y buenos vientos.

El tío abuelo
y el sobrino nieto.
El primero ya ve,
a lo lejos,
la isla
y adivina el puerto.
El segundo
acaba de largar amarras
y se aventura
en el imprevisible océano.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

La Graciosa

            DEDICATORIA: Para Roland Nyns, que me alentó a escarbar en la memoria.

Tenía Yurena cinco años, en 1981, cuando mi madre y nosotros tres estuvimos en La Graciosa por primera vez. Entonces no había muelle, solo un pequeño embarcadero. Ni apartamentos turísticos ni restaurantes, solo una ventita y un teléfono. El pueblo unas pocas calles de arena y el único vehículo de la isla era un jeep viejo.
El traslado desde Lanzarote se hacía en un sencillo pesquero. Cuando salimos de Órzola no pusimos proa a La Caleta de Sebo, sino a mar abierto. Después de navegar una media hora paró su marcha y nos quedamos al garete en medio del océano. Entonces, tranquilamente, los marineros se pusieron a levar unas nasas. Mientras recogían la pesca la mar nos zarandeaba sin miramientos. En el trayecto tardamos bastante más de dos horas, cuando en menos de media podíamos haberlo hecho.
Nos alojamos en una casita de pescadores. Era blanca y humilde como todas las del pueblo. Tenía un patio interior con el piso cubierto de grava y conchas de lapas blanqueadas por el sol. No había agua corriente. Unos niños, por unas pocas monedas, nos traían el agua en recipientes de plástico que transportaban en carretillas. En cada casa había una carretilla, que era la forma más cómoda de transporte sobre la arena del pueblo. Había luz eléctrica, pero solo desde el atardecer hasta la hora del sueño. Para el resto de la noche había que apañarse con las velas. Por las mañanas nos despertábamos sorprendidos al mirar la hora. El silencio prolongaba, hasta bien avanzada la mañana, nuestro sueño.
La poetisa de la Isla vivía muy cerca. Era, como yo ahora, una mujer de más de 70 años y aficionada a los recuerdos. Nos contó que cuando era una muchacha su familia la llevaba a las Islas Salvajes, a 135 millas náuticas al noroeste. Hacían la travesía en rudimentarios barquillos artesanales, sin motor. Se movían ayudados solo con la vela latina y los remos. Permanecían allí varios días. Las mujeres en la Salvaje Grande salando el pescado y en las labores domésticas, mientras los hombres salían a la pesca. Nos leyó varios poemas donde se invocaba a la Virgen para espantar el pánico de aquellas odiseas. Nos contó, también, que con su madre subía a pié el acantilado del Risco de Famara y luego caminaba 36 kilómetros hasta Arrecife llevando sobre sus cabezas pesadas cestas de pescado para su venta.
Aunque no había restaurante algunas noches en su propia casa y en su humilde comedor una señora nos ponía la cena.
Como el pelo yo perdí la fe desde muy joven. Pero por aquel entonces todavía era un esposo modelo y acompañaba a Leonor a los oficios religiosos. Recuerdo la pequeña iglesia. Simple. Sencilla. Adornada solo con artes de pesca y motivos marineros. Sin ningún tipo de ostentación. Sin oros. El de Nazaret se hubiera sentido en su ambiente, pienso.
En cada casa casa había un corral. Cada mañana, al amanecer, el cabrero y su perro aparecían por un extremo del pueblo. El cabrero iba abriendo, una a una, las cancelas de los corrales de las casas y las cabras lo seguían en silencio. Cuando salían, por el  otro extremo del pueblo, el rebaño estaba ya formado y se alejaban tierra a dentro. Él delante y detrás las cabras vigiladas por el perro. Todos en la Isla miraban y esperaban todo del mar, todos, excepto ellos. Era agosto y no sé que podían encontrar sobre aquella tierra desnuda como piel de camello. Al atardecer los acechaba para disfrutar del regreso. Llegaban, como habían salido, por un extremo del pueblo y en silencio. El cabrero delante y detrás el rebaño con el perro. Al pasar delante de cada casa, como en un rito, las cabras, sin la intervención del perro ni del cabrero, iban rompiendo filas y desapareciendo en los corrales. Cuando  llegaban al otro extremo del pueblo solo quedaban, como por la mañana los dos, el cabrero y su perro. Todo lo recuerdo como visto en una vieja película muda y en blanco y negro.
Tengo también grabada en mi memoria los baños de los niños en el embarcadero. Las faenas de la pesca. Los grupos sentados al atardecer en los "mentideros". Las alfombras de "pejines" y el pescado abierto en canal tendido en las cuerdas de la ropa, jareándose al sol y al viento. Sus senderos arenosos. Sus playas. Y, por encima de todo, el silencio y la serena lentitud del tiempo.
¡Ah! Nunca olvidaré la cara feliz de aquel muchacho cuando le respondí que sí, después de haberme preguntado si le prestaba las “chapaletas”, mientras señalaba con el índice de su mano derecha mis aletas.






miércoles, 20 de diciembre de 2017

Tomás Romero, el cura de Tinajo

Hoy he visto -¡milagro!- en la Casa Amarilla de Arrecife, y por primera vez, la imagen ecuestre de Tomás Romero, el cura de Tinajo. Tomás Romero es el personaje central del Lancelot espinosiano.

Arrecife, a 16 de diciembre de 2017


Tomás Romero -el cura de Tinajo-ha sido sucesivamente monago, sacristán y chantre de la iglesia de Tinajo. Ahora es párroco.
Ha vivido desde tan temprano en la iglesia de Tinajo que es ya como un auténtico aditamento eclesiástico. Su palabra, órgano. Su reír, campanario. Su sombrero cúpula. Incensario su pipa.
Tomás Romero tiene el aroma de su iglesia. Tiene su arquitectura. Un buen observador hubiera presentido el bizantinismo de la iglesia de Tinajo después de una charla rumorosa con Tomás Romero.
Tomás Romero galopa desde hace una hora hacia Tinajo, Ahora está ante mí. (Ha frenado su prodigioso caballo. Vacilan los cascos un momento. Se afirman luego enérgicamente.)
Sobre las seis baldosas centrales de la Plaza de la Iglesia de Tinajo, Tomás Romero y su caballo son la estatua ecuestre que necesita Tinajo para su gran plaza desnuda.
Tomás Romero está ahora junto a su caballo. En una mano el sombrero. En la otra naufraga mi mano minúscula. Tinajo ha perdido su estatua ecuestre.
Tomás Romero es más grueso y más alto que el gran pope de Korolenko. Tomás Romero es el mayor entre todos los popes. Tomás Romero y yo -el uno tan al lado del otro- escenificamos el gigante y el enano barracal de las ferias. Yo le llamo instintivamente, pope: Escúcheme buen pope. Yo le digo: ¡Que grande eres, Tomás Romero!
Tomás Romero, sonríe, manotea el aire. Tuerce su sombrero sobre la oreja derecha, sobre la oreja izquierda. Inflama la pipa en cada aspiración. Sus frases tienen música en los extremos. Cada una de sus tres vidas anteriores aparece y desaparece a cada momento. Su vida actual la proscenia a ratos en el traje. Dentro de Tomás Romero pope hay un cura, un chantre, un sacristán y un monago. Los cuatro personajes hacen mutis y entradas deliciosas.

Tinajo y el bizantinismo
LANCELOT, 28º-7º
Agustín Espinosa García
(Publicado el año 1929)

miércoles, 13 de diciembre de 2017

La casa de los abuelos






Yo visité esa casa unos veinte años después del emotivo relato de Juan Manuel Trujillo Torres. En los años cincuenta del siglo pasado, durante las vacaciones de verano y por cortos periodos de tiempo. Ya había perdido su primera juventud y habían muerto mi abuelo Manuel y mis tíos Agustín y José, a los que nunca pude conocer.



Hoy recuerdo, difuminado por el tiempo, que detrás de esa  vidriera-mirador estaba el salón principal de la casa de mis abuelos, en Los Realejos. Seguramente no era tan grande, pero yo lo recuerdo inmenso. Con su piano, su larga mesa de comedor y sus sillas, sillones y sofás. Desde esa vidriera recuerdo mirar extasiado durante el día el Valle de La Orotava y el mar y durante la noche las luces del Puerto de la Cruz y las estrellas. Esa casa, hoy abandonada y en ruinas, la recuerdo como una aventura de novela, como si solo la hubiera habitado en sueños.
No era una casa normal, sino más bien, como dice Trujillo, una residencia. Con aquel gran patio central donde jugábamos; su estanque, donde pescábamos unos peces rojos que devolvíamos rápidamente al agua; el viejo coche ya inservible, descapotable y con volante de madera, que había sido del abuelo y donde yo me subía a soñar que conducía y aquellos jardines que desde mi altura infantil parecían selvas vírgenes.
Recuerdo -¿cómo olvidar?- a nuestra pequeña-gran abuela Isabel sentada cosiendo, con sus gafas, en aquella diminuta silla que no levantaba un palmo del suelo; de Antonia María -tía Rosa, como la llamaban- que estaba en La Gomera cuando yo nací y que cuando mi padre y el médico llegaron, entre ella y mi madre ya me habían traído al mundo; de tía Sole, la más Espinosa de todos los Espinosa; de Carmilla y de mi prima mayor, Quica, que dirigía siempre como un intrépido capitán nuestros juegos.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La educación

La mentira forma parte de nuestra naturaleza. Educamos a nuestros hijos con clases, discursos y consejos. Ellos nos escuchan, pero para sobrevivir deben imitarnos.
Deben aprenden muy pronto a vivir con esa doble moral, como nosotros, con la mayor naturalidad y sin sonrojarse.

martes, 5 de diciembre de 2017

El "yo"

El viejo profesor se sentó en el parque y pensó en el texto que había leído la noche anterior del filósofo Anthony Kenny:
"¿Qué puede ser más íntimo o más importante para cada uno de nosotros que nuestro yo? El yo es lo más personal y privado de cada uno de nosotros. La mayoría de las personas no ven nunca de nosotros más allá de nuestra ropa; unos cuantos íntimos han visto la desnudez de nuestra piel al descubierto, pero nadie distinto de nosotros mismos ha visto nuestro yo. Todos podemos sentir que los demás pueden conocernos en cierto sentido, pero lo que pueden saber es solo lo externo, por muy familiarizados que estén con nosotros, por mucho que se esfuercen, nunca alcanzarán nuestro yo real interno".
Luego sacó su pequeña libreta y escribió:
"Me veo como un observador externo. Nunca alcanzaré, por mucho que me esfuerce, a ver ni entender mi yo real interno, que se comporta caprichosamente y se oculta en el fondo de una oscura e impetrable cueva".



miércoles, 29 de noviembre de 2017

El mono loco

Presionados y acorralados por el medio ambiente, los homínidos no encontraron otra salida mejor para sobrevivir que desarrollar aquello que tenían más a mano: su cerebro. Así, incrementando su volumen consiguieron profundizar en el conocimiento del mundo que les rodeaba.
Esto provocó, irremediablemente, que se vieran obligados, al mismo tiempo y como daño colateral, a mirarse a sí mismos, a tener conciencia de su propia existencia y de su muerte. 
El instinto de supervivencia, consustancial con cualquier forma de vida, es incompatible con la conciencia de la muerte. Se produjo entonces un grave conflicto entre la razón, que intentaba emerger, y la conciencia de la muerte que se lo impedía.
La solución la consiguió desarrollando la imaginación al mismo tiempo que iba descubriendo el mundo exterior. El mundo sobrenatural y la esperanza de una vida después de la muerte, hijos del pánico, de la imaginación y del autoengaño, lograron, en principio, resolver el problema. Y así, la imaginación se convirtió en su principal aliado. Con ella consiguió ocultar la realidad que la razón le presentaba ante sus propios ojos y que su naturaleza le impedía aceptar.
Es verdad que el mundo sobrenatural ha frenado el proceso evolutivo normal de la razón, porque sus fundamentos no son racionales, pero también es cierto que sin él, sin el mundo sobrenatural, nunca hubiera podido surgir la razón tal y como se manifiesta hoy.
Desde el descubrimiento de la filosofía por los griegos, la razón intenta, empecinada e inútilmente, liberarse de todas esas fantasías que limitan su desarrollo.
La especie tiene su propio mecanismo reflejo de autodefensa, por eso rechaza y persigue el ateísmo. Sabe que su supervivencia depende de que todos sus miembros crean, sin dudarlo, en un fantástico e increíble cuento. La evolución los ha diseñado para creerse cualquier descabellada historia que pueda dar coherencia a su existencia.
Esa mezcla de pánico e imaginación los ha enloquecido hasta tal punto que no solo los ha hecho creer la estupidez de que son superiores a las otras especies que habitan el planeta, sino, incluso, superiores a las estrellas, a las galaxias y al propio universo porque estos finitos y ellos, pobres simios orgullosos, inmortales.
Con su cerebro están consiguiendo dominar el planeta e intentando salir de él, mientras, como un funambulista, hacen equilibrios sobre la débil cuerda que ellos mismos han trenzado con sus propias mentiras.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Desviando la mirada

En el año 2015 hubo en España 3.602 muertes por suicidios, unos 10 por día. Dicen los especialistas que su número seguramente es mayor porque muchos se disimulan como accidente por razones de vergüenza familiar. No se publican estadísticas sobre el número de intentos de suicidios.




Las personas que se quitan la vida en nuestro país casi duplican a la suma de las muertes producidas por el tráfico, el trabajo, la violencia de género y el terrorismo ¿Por qué nos preocupamos tanto de estas últimas, y nos olvidamos de la primera?
España, a nivel mundial, tiene un índice medio de suicidios. Ocupa el lugar 58 en una tabla de 100 países, con un índice de 8,5 suicidios/100.000 habitantes y año.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) los suicidios son un grave problema de salud pública, que permanece oculto a pesar de que se cobra, en el mundo, 800.000 vidas/año. Cuatro veces más que los producidos por los conflictos bélicos y los desastres naturales (200.000).

domingo, 19 de noviembre de 2017

El gran manicomio

Esta mañana, antes de que saliera el sol, un hombre de 71 años escribió:
Vivimos en un gran manicomio y los locos más locos del manicomio guían nuestros pasos. La imaginación es nuestra única salvación, con ella conseguimos dar coherencia a nuestra fugaz y absurda existencia.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Soledad

El pequeño, de ocho años, ya se había dormido. Su esposo, a quien todos querían y admiraban, se había retirado al dormitorio, después de las buenas noches. Ella se quedó consultando el tratamiento de un paciente. Había sido un domingo clásico: paseo, comida familiar, tertulia y regreso a casa. Después de apagar el ordenador se sentó en el salón. Se quedó un momento quieta, inmóvil. De pronto, los ojos brillaron húmedos y las lágrimas rodaron, sin prisa, por sus mejillas.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Foto de familia




En mi dormitorio,
frente a la cama,
hay una foto de 1915.
Mi padre y sus hermanos
con mis abuelos.

A medida que envejezco
se va imponiendo una nueva forma de mirar.
Veo el mundo
como si ya no estuviera aquí,
como si ya estuviera en la nada,
con ellos.




martes, 31 de octubre de 2017

El desertor

¿Por qué los griegos inventaron la razón que nos ha arrastrado a este oscuro callejón sin salida? ¿Es qué acaso son más absurdos los mitos que nuestras razones?
¿Por qué esta especie nuestra tuvo que elegir el camino de la inteligencia y de la conciencia para sobrevivir? ¿No hubiera sido mejor que se extinguiera?
Me persigue constantemente la idea de que la inteligencia, la razón y la conciencia, los atributos que nos han convertido en irracionales dioses inmortales, son el cáncer que hará desaparecer la biología del planeta.
Ahora, a mis 71 años, me gustaría desertar de:
mi educación,
mi cultura,
mis valores,
mi raza,
mi especie,
y de mi propio cuerpo.
Pronto la vida se encargará de ello. Mientras espero, me entretengo observando cómo justificamos con bellas palabras nuestras más bajas  pasiones.

lunes, 30 de octubre de 2017

Tres frases sobre el patriotismo y una sobre la miopía

Patriotismo es creer que tu país es superior a los demás porque tú naciste en él.
Bernard Shaw


Todo imbécil, que no tiene nada de qué enorgullecerse, se refugia en este último recurso: vanagloriarse de la nación a la que por casualidad pertenece.
Arthur Schopenhauer

Del patriotismo y de las religiones, nacen todas las guerras.
Guy de Maupassant


La inteligencia, el patriotismo, la religión y una firme confianza en ese Dios tan poderoso que siempre dispensó sus favores a este país, es todo cuanto necesitamos.

Abraham Lincoln

viernes, 27 de octubre de 2017

¡Qué tristeza!

Esos grupos numerosos con una bandera -no importa el color, ni lo que representan- al cuello, siguiendo a unos líderes y a unas doctrinas, y enfrentados a otros con otros líderes y otras banderas. El ciego proceso evolutivo de la vida, el dios irracional que no entiende de ética,  espera que termine la partida para apostar al caballo ganador después que ha finalizado la carrera.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Aclaración

Yo no tengo el más mínimo control sobre mi lápiz. Me limito a escribir lo que me dicta un tirano desconocido que anda por aquí, aunque no sé bien donde.

Plancton y estrellas.


Es una noche despejada y sin luna de finales de agosto. Empujado por el alisio del nordeste, el pequeño velero navega desde Lanzarote a Tenerife. En la popa, a un metro sobre la superficie del mar e iluminado solo por la luz de las estrellas, me embriago de cielo, de mar y soledad. 
Nos deslizamos sobre la ondulada superficie del océano, envueltos en un manto de fuegos artificiales. El plancton ilumina, con millones de estrellas, las amuras, las bandas y nuestra estela.
De pronto nos sorprende la presencia de los delfines con sus juegos y sus silbidos. Llegan apresurados por la popa, nos adelantan y saltan junto a la proa.  En sus carreras y en sus saltos hacen brillar el plancton y se envuelven en un mágico vestido de luces artificiales.
Las estrellas, el mar, el plancton, los delfines y sus silbidos, la música del viento sobre las velas y de la carena arando la superficie del agua, nos transporta a un mundo de ensueño.
Por un instante, el tiempo se detiene y se hace infinito.

jueves, 19 de octubre de 2017

Gregarios

Hoy escuche que el Presidente de China, Xi Jinping, informó a sus ciudadanos que en el 2050 serán la primera potencia mundial. Si lo consiguen, serán entonces, seguramente, un rebaño todavía más compacto y homogéneo. Las grandes potencias son aquellas que consiguen implantar un único pensamiento para todos sus súbditos. Esa es una tendencia natural de los Sapiens que nos hace poderosos como grupo y nos obliga a seguir inventos artificiales como patrias, religiones, doctrinas o sistemas.
Ahora recuerdo todos esos libros de autoayuda que llenan las librerías o esas frases de autoestima que nos llegan desde todos los frentes. Esa es la oscuridad que buscamos para escapar de la luz de la realidad y que intenté expresar en mi anterior entrada.
Somos, cada vez más, los defensores apasionados y, al mismo tiempo, los esclavos de las universales mentiras.
 

               "El enlevitado impar precedía a los otros seis y llevaba una bandera española, cuyo grueso mástil terminaba en una zapatilla despilfarrada"
                  "En el sitio donde antes estaba mi estatua había ahora un burro apolillado, cojo de una pata, y un cubo de basura adornado con lirios blancos"

¿era yo un caballo?
Crimen
Agustín Espinosa García (1897-1939)

domingo, 15 de octubre de 2017

Pánico

Asustados, al ver la luz que nos rodea,
intentamos ponernos a la sombra y vivir en la oscuridad.
Por eso hemos inventado todo un mundo paralelo,
para protegernos de la cegadora realidad.
Nuestra vida se reduce solo a eso,
defender con pasión nuestras propias mentiras.

jueves, 5 de octubre de 2017

martes, 3 de octubre de 2017

Trece y trece.

ME GUSTA
la soledad y el silencio
los guachinches
las otras razones
la sencillez
las riberas de los ríos y las orillas de los mares
los senderos
las contradicciones
la ropa de los mercadillos
la suave brisa que al atardecer sube por el valle
los misterios de la vida, del tiempo y del espacio
los inseguros
los perdedores
y los suicidas

NO ME GUSTA
los gregarios
las patrias, las bandera, los himnos y las fronteras
el glamour
los que pisan fuerte y caminan estirados
las ideologías
los profetas
el rebaño que se agrupa alrededor de una doctrina o de un líder
el proselitismo
las verdades absolutas
los proceres
las corbatas 
y los triunfadores


domingo, 1 de octubre de 2017

Realidad y fantasía.

Una prueba de nuestra soberbia y de nuestra estupidez, de la que no escapa el mundo científico,  es la nomenclatura con que hemos definido a nuestra propia especie: "Sapiens Sapiens". Dos veces sabios.
Se nos hace creer que somos unos seres privilegiados, dotados de conciencia y de otras cualidades excepcionales, que ocupamos el centro del universo y que hemos sido hechos por un Dios perfecto a su imagen y semejanza.
La razón intenta, inútilmente, obligarnos a enfrentarnos con la realidad. Las antiguas filosofías orientales ya lo intentaron. Luego los griegos y, más tarde, Descartes, Galileo, Darwin... 
Pero, a pesar de que todo ha sido ya dicho, seguimos soñando. La realidad y la razón nunca nos han interesado. Vivimos de sueños de grandeza.
El instinto de supervivencia y el pánico nos impiden ver la realidad que tenemos ante nuestros propios ojos.

sábado, 16 de septiembre de 2017

La vida.

Hace unos días le escuché a un joven, que llevaba un vaso en la mano y una amplia sonrisa en su rostro, esta frase: "La vida es para vivirla, no para entenderla".
Qué gran verdad, pensé primero, y no como el estúpido autor de este blog que hace todo lo contrario.
Pero luego... Creo que esa forma de entender la vida es la que nos ata al sistema, nos destruye el espíritu crítico y nos hace andar junto al rebaño. Sí, es posible que así se sea más feliz, pero es una estúpida felicidad.
Pero ahora, finalmente, pienso que las dos formas son igualmente inútiles y estúpidas.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Al final.

El viejo profesor, después del paseo matinal y como era su costumbre, se sentó en un banco del parque a reflexionar.
¡Cómo cambia nuestra visión del mundo y de la existencia con el paso del tiempo!, pensó... y siguió pensando.
Luego sacó de un bolsillo la pequeña libreta, que siempre le acompañaba, y escribió:


Nosotros.
Nuestra especie.
Nuestras razones.
Nuestros mitos.
Nuestros dioses.
Todos los libros.
Todas las obras de arte.
Las computadoras.
Las grandes construcciones
y las naves espaciales.
Este diminuto planeta que nos hace girar sin sentido.
El universo en el que estamos atrapados.
Tienen el mismo valor absoluto,
que esta humilde hoja,
que la brisa pasea,
cerca de mis zapatos,
por el suelo del parque.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Matrioshka.

MATRIOSHKA
(Muñeca rusa hueca que alberga en su interior otras más pequeñas)

Ayer, poco antes de amanecer, tuve un sueño. Soñé que me había hecho pequeño. Tan, tan pequeño que ahora la tierra se había convertido en un electrón, que giraba a una velocidad vertiginosa alrededor de su núcleo. Ustedes, los mares, los bosques y las ciudades también vivían conmigo sobre ese electrón. Nuestra vida duraba una fracción de segundo, lo que tarda el electrón en realizar setenta u ochenta vueltas al núcleo. Pero en ese tiempo, adaptado a nuestra vida, podíamos hacer lo mismo que aquí: nacer, crecer, reproducirnos, pensar e intentar encontrarle una explicación a ese mundo. Ese átomo estaba alojado en el interior de un pequeño grano de arena. Los físicos, los matemáticos y los astrónomos de ese electrón, que con sus telescopios habían podido llegar a ver los otros átomos y moléculas, hasta los límites del grano de arena, entendían que el grano de arena era todo el universo y especulaban, como aquí, con un big-bang, sin poder imaginar que ese universo solo era un grano de arena en el desierto de nuestra tierra.
También soñé, más tarde, que nuestra tierra, de ahora, era un átomo, que con su sol, las otras estrella y las galaxias visibles, formaban un grano de arena de grandes dimensiones, que vagaba por el desierto, empujado por el viento, de un planeta de proporciones descomunales, que tardaba en dar una vuelta, sobre su estrella, un tiempo casí infinito y donde vivían animales y plantas, como aquí, pero infinitamente mayores.
Y así seguí soñando, hacia arriba y hacia abajo, en un nuevo infinito de "matrioshka".

sábado, 12 de agosto de 2017

Primeras notas sobre Polonia.


 REFLEXIONES EN EL TREN DE BYDGOSZCZ A GDANSK
                           (La contradictoria Polonia)

Bydgoszcz o la "Pequeña Venecia", como la llaman los polacos, cuenta con un amplio entramado de ríos, canales, exclusas y puentes, rodeado de parques que, con la música del agua, invitan al paseo y la relajación. El poco turismo existente es, en su mayoría, polaco. Familias que disfrutan del buen tiempo y de las vacaciones de los niños, que juegan y se refrescan  en cualquier lugar donde encuentren agua (fuentes, ríos y canales). La guía dice que la ciudad está comunicada fluvialmente con Berlín, el Mar Báltico y el Mar Negro. Esos anchos caminos de agua eran las autopistas del pasado.
La religión y el alcoholismo -las dos balsas salvavidas de los Sapiens- están presente en el aire. Cuando visitamos las iglesias se siente el fervor de la gente. Nos llama la atención el gran número de niños. Los matrimonios jóvenes son, en su gran mayoría, familias numerosas (3, 4 o 5 hijos). En los barrios marginales de las ciudades se pueden ver la pobreza junto con el alcoholismo, en unos edificios casi en ruinas, que contrastoan con el centro y con los cuidados parques y jardines. A las gentes, que hablan siempre en voz baja, casi en secreto, parece que les resulta difícil sonreír. En una estación de tren, un señor cogió dos de nuestras tres maletas para ayudarnos a salvar una escalera. Cuando me despedí de él, mi sonrisa y mis palabras de agradecimiento se encontraron con un rostro serio, casi enfadado, que se alejaba. Una camarera de hotel rechazó orgullosa una propina que Leonor quiso darle en compensación por un favor. Las ciudades, a pesar de la pobreza, están relativamente limpias. Parecen serios y cumplidores de las normas de convivencia. Se siente uno muy seguro rodeado de estas gentes, especialmente en las zonas rurales.

miércoles, 9 de agosto de 2017

VIAJAR (Reflexiones desde Polonia)

Los grandes viajeros dicen que el peor enemigo de los viajes es el miedo, que inconscientemente lo ocultamos con disculpas como la falta de tiempo o de dinero. Durante los viajes descubrimos que el resto de los habitantes del planeta son iguales o mejores que nosotros, aunque nos empeñemos en decir lo contrario. No olvidemos que nuestros principios, nuestra cultura, nuestra forma de pensar y de vivir es una más y, con toda seguridad, no la mejor entre las infinitas existentes que desconocemos.
Hace más de treinta años que no voy a una agencia de viajes. Preparo, personalmente, mis viajes. Pero esta forma de viajar requiere algún esfuerzo. No queda más  remedio que remangarse la camisa, alejarse de la televisión basura que nos embrutece y ponerse a trabajar frente al ordenador.
Primero encontrar un país que despierte nuestro interés y a dónde podamos desplazarnos lo más directo y económico posible. Un buen sistema para inspirarnos es entrar en la web de Aena. En los aeropuertos Tenerife Sur, Tenerife Norte, Madrid, Barcelona... y explorar en los destinos de los vuelos de las compañías aéreas. Luego, una vez que hayamos encontrado el destino y el vuelo, informarnos sobre el país, los lugares de interés para visitar, la forma de desplazarnos dentro de él, diseñar un itinerario y, después, buscar los hoteles. Finalmente, y ya con todos la información en la mano, incluido los gastos, tomar una decisión. Si es favorable, adelante. En caso contrario no habremos perdido el tiempo. De esa manera he viajado muchas veces, cómodamente y sin moverme de casa. Realmenteo lo de remangarse es una expresión poco afortunada. El viaje comienza a disfrutarse con los sueños de la preparación.
Aunque cada uno tiene sus gustos, pienso que el mayor error del viajero es convertirse en turista. Integrarse en esos grupos compactos, sometidos a la disciplina de un guía y a un estrés casi permanente. Nuestro cerebro no es capaz de asimilar los datos que introducimos en grandes cantidades y atropelladamente.
La relajación y la tranquilidad debe ser una de las condiciones básicas del viajero. La ansiedad por querer verlo todo en un corto espacio de tiempo es su peor enemigo. Descansar bien para recuperarnos de los largos paseos. Visitar las mínimas atracciones turísticas imprescindibles. Entrar en museos solo en casos excepcionales, para estar como máximo una hora y para ver detalles concretos. Pero, sobre todo, pasear por calles, plazas, parques, junto al mar o los ríos. Sentarse a observar el paso de la gente o los juegos alegres de los niños y ¿por qué no? dejar volar la imaginación. Evitar los lugares llenos de turistas e intentar comunicarnos, en lo posible, con la gente del lugar. Todo eso contribuye a conocer el país y su gente.
Y ser, por encima de todo, humilde y no olvidarse jamás de la realidad: que todo es transitorio, que nada es importante y que pronto nuestro cerebro acabará como el disco duro de la contabilidad B del PP.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La magia de las palabras



  "PEQUEÑO VALS VIENÉS"
(Federico García Lorca)


 En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte 
y un bosque de palomas disecadas. 
Hay un fragmento de la mañana 
en el museo de la escarcha. 
Hay un salón con mil ventanas. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals con la boca cerrada. 

Este vals, este vals, este vals, 
de sí, de muerte y de coñac 
que moja su cola en el mar. 

Te quiero, te quiero, te quiero, 
con la butaca y el libro muerto, 
por el melancólico pasillo, 
en el oscuro desván del lirio, 
en nuestra cama de la luna 
y en la danza que sueña la tortuga. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals de quebrada cintura. 

En Viena hay cuatro espejos 
donde juegan tu boca y los ecos. 
Hay una muerte para piano 
que pinta de azul a los muchachos. 
Hay mendigos por los tejados. 
Hay frescas guirnaldas de llanto. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals que se muere en mis brazos. 

Porque te quiero, te quiero, amor mío, 
en el desván donde juegan los niños, 
soñando viejas luces de Hungría 
por los rumores de la tarde tibia, 
viendo ovejas y lirios de nieve 
por el silencio oscuro de tu frente. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals del "Te quiero siempre". 

En Viena bailaré contigo 
con un disfraz que tenga 
cabeza de río. 
¡Mira qué orilla tengo de jacintos! 
Dejaré mi boca entre tus piernas, 
mi alma en fotografías y azucenas, 
y en las ondas oscuras de tu andar 
quiero, amor mío, amor mío, dejar, 
violín y sepulcro, las cintas del vals.