jueves, 24 de enero de 2019

XXX El beso (poesía)

Fue solo un instante, unos segundos. Ayer, un día frío y gris de invierno, a media tarde. El tráfico nos obliga a detenernos. En un banco del paseo, una pareja mayor -más de 65 y menos de 70- se están mirando. Él, casi de espaldas, no deja ver su rostro. Ella casi de frente. Están bien abrigados, pero sus ropas son muy humildes, casi de indigentes. Cuando los miro, por primera vez, ella le está frotando la espalda, como para darle calor, mientras lo mira con una sonrisa limpia de novia juvenil. Luego, sin dejar la sonrisa, acerca sus labios hasta los de él. El semáforo y la corriente del tráfico nos separan del milagro de invierno.

(...) Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida
otro milagro de la primavera

A UN OLMO SECO. CAMPOS DE CASTILLA
Antonio Machado

miércoles, 23 de enero de 2019

XXX Los libros (poesía)

Un pueblo, un país o cualquier grupo de Sapiens que tenga la misma religión, se alegre, se entristezca o se enfurezca siguiendo ciegamente las instrucciones y los principio que se le dicten, será  cohesionado, poderoso y fuerte, y sus miembros no dudarán en tomar un arma para matar o morir por su pueblo, su país, su grupo o su religión. Los libros, que nos ayudan a pensar por nosotros mismos, son su  principal enemigo.



martes, 15 de enero de 2019

XXX Las murallas (poesía)

DEDICATORIA: Para Donald Trump y su muralla
y para nuestro Gobierno de Canarias y su "primero canarias"


Las patrias,
los dioses,
todas las otras muchas grandes mentiras
y el miedo,
con el que somos asustados desde niños,
nos obliga a protegernos agrupados
temerosos
tras la muralla.
Sin darnos cuenta que esa muralla protectora
es la reja de la prisión que nos aísla,
nos embrutece
y nos ancla al pensamiento único.
Impidiéndonos explorar nuevos horizontes
y ser nosotros mismos.

jueves, 10 de enero de 2019

XXX Tzvetan Todorov

DEDICATORIA: A la memoria de mi tío, Antonio Espinosa García,
y a sus lecciones sobre el Siglo de las Luces. 


He estado leyendo estos días al gran humanista y sobre todo humilde Tzvetan Todorov (1939/2017). Se exponen a continuación pensamientos y frases tomadas de sus escritos que tienen relación con el nacionalismo y el fundamentalismo que está aflorando con fuerza de nuevo:

San Pablo nos enseña:
-"La fe no es lo determinante, lo que importa, por encima de todo, es el amor, el amor humano universal" (Primera epístola a los corintios).
-"El que ama al prójimo ha cumplido con la ley" (Romanos 13:8).
-"Toda la ley en una sola palabra se cumple: amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Gálatas 5:14).
(Un precepto cristiano que merece ser escuchado hoy).

Se nos trata de imponer que la raíz de nuestra cultura europea es básicamente cristiana, pero Europa también tiene otras raíces, tanto o más importantes que la cristiana, y todas ellas constituyen nuestra identidad. Como es el legado de la Grecia clásica, al que debemos el desarrollo de la racionalidad y la búsqueda del conocimiento objetivo, y el de la Roma antigua con la organización del estado y de las leyes, y también el laicismo que surgió con la la Ilustración.
Aunque no debemos pasar por alto el papel de la religión cristiana en Europa, no está tan claro que sea la dominante. Si debiéramos atribuir un papel especial a una de estas tradiciones, no podría ser otra que la que nos dejaron los grandes pensadores del Siglo de las Luces.
Hasta la llegada de la Ilustración se imponía una sola forma de pensar, sin dejar hueco para ninguna otra. Es la Ilustración la que abre la posibilidad de que diferentes formas de pensar coexistan en un marco único. En el siglo XVIII, pensadores como Vico, Montesquieu, Hume y Herder empiezan a descubrir las ventajas de la pluralidad. El reconocimiento de que todos tenemos derecho a creer, pensar y actuar libremente, dentro del marco de la ley, sí que es el elemento básico, o prioritario, de nuestra identidad europea.
Los Estado democrático europeos modernos no fueron creados para favorecer una categoría de ciudadanos en detrimento de los otros, sino por el contrario para velar por el bienestar de todos por igual.
Lo que debe preocuparnos es que cualquier grupo -ya sea cristiano, musulmán, budista o ateo- trate de imponerse, no dejando hueco a los otros e intentado destruir la esencia de nuestra cultura europea.

miércoles, 9 de enero de 2019

Paseo de invierno (NO)

San Andrés, visto desde el espigón
donde termina de la Playa de las Teresitas.

Yo no he movido ni un solo dedo para merecerlo. La vida y el tiempo son los que me han traído, involuntariamente, hasta aquí. Mientras los jóvenes, sentados en sus despachos, miran escritos, reglamentos y pantallas de ordenadores, yo paseo mi vejez junto al mar.

jueves, 20 de diciembre de 2018

XXX La Venganza de Don Mendo

El día 20 de diciembre de 1918, hace hoy un siglo, se estrenó, en el Teatro de la Comedia de Madrid, La Venganza de Don Mendo, de Pedro Muñoz Seca.
Mi padre, con 18 o 19 años, estaba por esas fechas en Madrid preparando las oposiciones al Cuerpo Técnico de Telégrafos y debió haber visto su representación.
Yo, La Venganza de Don Mendo, la relaciono siempre con la Casa del Telégrafos Viejo de San Sebastián de la Gomera y con mi padre que, como buen Espinosa, de pie y paseando, la recitaba en voz alta -se la sabía desde la primera hasta la última estrofa- a sus tres hijos, de corta edad, que lo escuchábamos riendo, seguramente, más por imitación que por entender bien la gracia de la obra.

martes, 11 de diciembre de 2018

XXX El libro grande de las tapas duras y azules (infancia)


(Li Bai, Gloria Fuertes y Jorge Manrique)


 DEDICATORIA: Para mi sobrino, Javier Sánchez de la Guardia, 
que nos dejó aturdidos y desorientados,
con su precipitada marcha,
cuando terminaba de cumplir 39 años.

Cuando yo era un muchacho, casi un niño, me encapriché de un libro grande, con tapas duras y azules, que estaba en la biblioteca de mi padre, en La Gomera. Es muy extraño que yo, con esos años, me hubiera enamorado de un libro viviendo en La Gomera y rodeado, como estaba, de palmeras, de calles sin coches, de plazas, de charcos, de playa y de mar, pero así fue. No sé dónde puede estar hoy ese libro, ni tampoco consigo recordar su título. Era, seguramente, un estudio sobre literatura china. Ese libro me embriagó durante un tiempo y me descubrió el placer de memorizar poemas.
Cuando, unos pocos años después, llegaron a mis manos las Coplas a la muerte de su padre, el poema de Jorge Manrique, fui corriendo a la biblioteca en busca del libro azul para releer uno de sus poemas. Ahora soy incapaz de transcribirlo, pero si recuerdo las imágenes cinematográficas que dejó en mi cerebro. El autor caminaba por una selva y, de pronto, en un claro, se tropieza con las ruinas de un palacio. Toda su arquitectura era ya solo un montón de piedras en el suelo que la vegetación intentaba devorar. El poeta se detiene y con su imaginación lo pone otra vez en pie y resucita a los personajes que lo habitaban. Bellas y jóvenes doncellas, criados y señores, con lujosos ropajes transitando por él con sus intrigas, sus ilusiones y sus pasiones. Finalmente nos hace reflexionar sobre de la brevedad de la vida, de que todo -nosotros, nuestras leyes, nuestra cultura, nuestros principios, nuestra especie, nuestros dioses, nuestro universo- tiene su final. Parece poco probable que un caballero castellano del siglo XV, como Jorge Manrique, lo conociera, pero a mí los dos poemas me dejaron en la boca el mismo sabor.
Hace unos días, mientras preparaba la "ocurrencia" del día 27/11/2018, sobre Gloria Fuertes, descubrí un poema suyo que puse bajo su caricatura:

En las noches claras,
resuelvo el problema de la soledad del ser.
Invito a la luna y con mi sombra ya somos tres.

Y el poema me llevó, otra vez, al libro azul. Pero ya no pude correr hacia él. Fue en Internet donde pude encontrar y volver a leer, después de tantos años, el poema del poeta chino Li Bai (701-762), del que Gloria era una gran admiradora.

BEBIENDO SOLO A LA LUZ DE LA LUNA
Entre las flores, un tazón de vino
bebo solo, ningún amigo está cerca.
Levanto mi copa, invito a la luna
y a mi sombra, y ahora somos tres.
Mas la luna nada sabe de bebidas
y mi sombra se limita a imitarme,
pero así y todo, luna y sombra serán mi compañía.
La primavera es época propicia para el goce.
Canto y la luna prolonga su presencia,
bailo y mi sombra se enreda.
Mientras me mantengo sobrio, somos alegres juntos,
cuando me embriago, cada uno marcha por su lado
jurando encontrarnos en el Río de Plata de los cielos.

Hoy, mientras escribo, he descubierto que ese libro grande, de tapas duras y azules, que estaba en la biblioteca de mi padre, en La Gomera, fue el que me empujó dentro del laberinto de las ecuaciones sin solución.

viernes, 7 de diciembre de 2018

XXX La barca, el río y el mar


 Después de contemplar el atardecer por la ventana de su estudio, el viejo profesor, se sentó. Encendió la lámpara, sacó un folio en blanco, lo depositó sobre el escritorio, tomó su estilográfica y escribió:


LA BARCA, EL RÍO Y EL MAR

Mi barca,
lastrada con las universales mentiras,
ha sido arrastrada por las turbulentas aguas
de la corriente del río del tiempo.

Ahora, en la vejez,
después de haber tirado todo por la borda,
reposa ligera,
en las serenas aguas de la desembocadura.

Siento la dulce proximidad del mar
y ya solo espero,
como un niño huérfano,
su abrazo salino definitivo.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Los nuevos juegos (NO)


 Esta mañana, después de mi paseo y cuando empezaba a desayunar en el bar de San Andrés donde acostumbro, entró un padre muy joven con su hijo. El niño, que estaba sentado en su cochecito, durante los quince minutos que estuve allí no levantó, ni en un solo momento, la vista del teléfono móvil, que manejaba con sus pequeños dedos con una habilidad asombrosa. Cuando se cansaba de un juego, volvía atrás, elegía otro y seguía. Varias veces me incline para ver los emoticones de colores que transitaban por la pantalla, mientras su padre me sonreía feliz con las proezas de su hijo.
Creo que en su cerebro no entró ni un solo dato del mundo exterior. Solo debía sentir cerca la reconfortante presencia de su progenitor. Abrió varias veces la boca para permitir que su padre le introdujera pequeña cantidades de alimento, pero sin apartar los ojos de la pantalla. ¡Qué poder de seducción tienen esos juegos para los niños! Le pregunté al padre, por curiosidad, su edad. Me contestó, orgulloso, ¡dos añitos!
¿Intuirá el niño, como un viejo,  que el mundo que ve a su alrededor carece de todo interés y es tan virtual y mucho más caótico que el del artefacto que sujeta entre sus diminutas manos?

jueves, 29 de noviembre de 2018

El primate soñador (NO)

Hoy sabemos, con la ayuda de Darwin, que estamos hechos de la misma materia que los demás seres vivos, que hemos evolucionado y que somos la consecuencia de un proceso de selección natural.
Los estudiosos de la evolución dibujan una cadena de homínidos unidos todos por líneas y al final de la última línea, a nosotros, los Sapiens.
Y eso es lo que somos, aunque el pánico nos impida aceptarlo. Nos empecinamos, por un lado, en borrar esa última línea que nos une a las otras especies y, por otro,  en engañarnos con los cuentos de hadas  de lo sobrenatural. Así vivimos entre la racionalidad y el disparate, para intentar -sin conseguirlo del todo-  sentirnos diferentes, superiores, excepcionales y eternos.


EVOLUCIÓN DE LOS PRIMATES


EVOLUCIÓN DE LOS HOMÍNIDOS

martes, 27 de noviembre de 2018

Gloria Fuertes. (NO)

Parece que fue ayer,
pero hoy,
hace veinte años,
que la gran Gloria
se nos fue.


El sofá y la TV se ocupan de mantenernos agrupados en torno al fútbol, los concursos, los detectives, los cowboys, la basura y las discusiones políticas. La poesía de Gloria nos levanta y nos ayuda a esquivar los perros que guardan el rebaño.


Parece que fue ayer,
pero hoy,
hace veinte años,
que la gran Gloria
se nos fue.



En las noches claras,
resuelvo el problema de la soledad del ser,
Invito a la luna y con mi sombra somos tres.
                                                           Gloria Fuertes

lunes, 26 de noviembre de 2018

XXXLa atalaya (filosofía)

El río del tiempo lo había empujado hasta casi tocar el final del camino. El viejo profesor se había encontrado, por fin, con la serenidad de los años. Había logrado liberarse de las grandes mentiras y de los complejos de superioridad que ciegan y atormentan a los de su especie. Sentado en el banco de madera del parque, miraba hacia el suelo, serio y taciturno.
Sus lecturas y sus largos paseos le habían  llevado, como a Don Quijote, hasta la apartada morada donde ahora vivía. Desde allí, tenía la visión de un águila. Contemplaba todo como si estuviera en una nave espacial, en otra galaxia o como si la muerte le hubiera liberado de las pasiones. Aunque, con frecuencia, pensaba que lo que hacía era soñar desde lo más hondo de una profunda cueva.
Cansado, ya solo pensaba ilusionado con precipitar su regreso al misterioso paraíso infinito de la nada.
Extrajo del bolsillo la pequeña libreta, que siempre le acompañaba, y escribió:


LA ATALAYA


Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente las dimensiones del universo visible,
las de nuestra galaxia,
las de nuestro sistema solar,
las de nuestro planeta,
las del pequeño lugar que habito
y el que ocupa mi insignificante cuerpo.

Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente el tiempo de mi efímera existencia,
el de mi especie,
el de la vida sobre el planeta,
y el transcurrido desde el big-bang.

Ahora ya,
permanentemente, 
tengo presente
que desde el punto de vista evolutivo,
todas las especies que existen sobre el planeta,
incluida la nuestra,
tienen el mismo valor y trascendencia.

Ahora ya,
permanentemente,
soy consciente que nuestro cerebro
es un fortuito capricho de la evolución
como los dientes del león o las alas de las ave, 
diseñado solo y exclusivamente para supervivencia.

Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente
que el instinto de supervivencia,
la conciencia de la muerte
y el pánico
nos han conducido hasta un fantástico mundo imaginario
de dioses y almas.

Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente que nunca llegaremos a conocer el mundo,
el real, el exterior, el de ahí fuera.
Tendremos que conformarnos solo con el virtual,
con el sueño imaginario que crea nuestro cerebro
con las señales eléctricas que le llegan de los sentidos.

Ahora ya,
permanentemente,
tengo presente que todos nosotros
vemos el mundo como si fuéramos el centro del universo.
De ahí nuestra miopía, arrogancia y soberbia. 

domingo, 11 de noviembre de 2018

XXX Epílogo en la isla de las maldiciones.

Cuando me asome, una noche, al espejo, con un candelabro encendido entre las manos, veré amanecer tras el cristal mi imprevista vejez precipitada por una lívida tarde sin proa.
Me voy hundiendo, atropelladamente, en un ocaso, que se hace cada vez más hondo, precedido por la ávida cita de una estrella.
Una mañana, me despertaré huésped de mis alas maltrechas y no volveré a dormirme, con ellas, acaso.

                                            Agustín Espinosa García 
Epílogo en la isla de las maldiciones
Crimen (1934)



      Tío Agustín, con solo 37 años -era la edad que tenía cuando publicó "Crimen"- empezaba a escribir por donde la mayoría termina.  

viernes, 9 de noviembre de 2018

Hastío ???

Ya el viento se cansó de hacer bailar a las palmeras
y el mar de besar las playas de la isla
y el lector de las hojas de los libros
y las ruedas de girar en los caminos.

Alimentados con antidepresivos
 nos sentamos inertes,
 ante el televisor,
mientras pasa el tiempo de la vida.

sábado, 3 de noviembre de 2018

XXX Cuando descubres el engaño (poesía)


Cuando descubres el engaño.
Cuando te haces consciente de ti mismo.
Entonces descubres el engaño
y tiras por la borda todo lo que te enseñaron.
Entonces, de verdad, estás perdido.
Ya no puedes refugiarte en la mentira.
Y, aunque el vértigo te asuste,
ahora tienes que mirar a la vida cara a cara,
mientras sigues  solo y aturdido.


jueves, 1 de noviembre de 2018

La enseñanza (No)




Ayer mis primos, Luis Espinosa García y Margarita Rodríguez Espinosa, presentaron, en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias, este libro sobre el primer Colegio de Segunda Enseñanza que la familia liberal de los Espinosa fundó en 1927 en el Puerto de la Cruz. Mi padre fue su profesor de historia en esa primera etapa. El colegio estuvo cerrado durante la guerra civil y aunque se abrió posteriormente mi padre no volvió a tener contacto con él. Se fue a La Gomera después del golpe de estado, pero siempre nos habló orgulloso de sus años de profesor.


Profesores del colegio
(Mi padre, en el centro, entre tío Juan y tío Luis)

viernes, 26 de octubre de 2018

Los gallos(NO)


Parecía que, después de la transición política, las dos españas, tan bien definidas por Machado, se habían ido difuminado hasta casi desaparecer. Pero era una ilusión, no estaban muertas, solo dormían. Han despertado de nuevo llenas de furia y energía. Cada vez se diferencian y se distancian más y más, cada una encerrándose en sus sin razones. Y como dos gallos en la arena se miran con rabia  amagando con aniquilar al adversario.
Por otro lado, en el mundo que nos rodea, cada grupo de poder creado alrededor de una raza, de una religión, de una forma de de pensar, de un equipo de fútbol o de un territorio se siente superior a los otros, a los que intenta humillar y doblegar. Un mundo regido por personajes como Donald Trump o Vladimir Putin y por el fanatismo fascista que se extiende como una epidemia.
Mientras tanto la sabiduría de los clásicos duerme completamente olvidada en las bibliotecas, igual que las enseñanzas de los profetas fundamentadas en el amor al prójimo. Esa es la gran virtud de nuestra especie. Con la mayor naturalidad y sin sonrojarnos somos capaces de leer, predicar y alabar el Nuevo Testamento, mientras solo nos preocupamos por poseer, dominar, competir y destruir a "los diferentes".
Y aunque nos empeñemos en autoengañarnos ese es lo que somos y ese es el mundo que tenemos.

viernes, 19 de octubre de 2018

Amanecer (Revisar)


Amanecer de otoño (4 de octubre de 2018)


Esos amaneceres no existen fuera de nosotros. Ahí fuera solo hay fotones con sus diferentes longitudes de ondas que nuestro cerebro, diseñado solo para la supervivencia, traduce en esas impresiones que, no entiendo por qué, nos resultan tan placenteras.
La percepción nos enseña que todos vivimos en un mundo virtual que solo existe en el interior de nuestros cerebros. Estamos incapacitados, por nuestra propia naturaleza, para conocer el mundo exterior.
El que nunca ha oído hablar de la percepción es como un ciego que siempre ha vivido entre ciegos y que no puede ni siquiera sospechar de la existencia de la luz. El que la conoce es como un ciego que vive entre videntes y aunque sabe que existe, nunca llegará a verla.
Sabemos también que somos un humilde ser vivo más, consecuencia de un caprichoso proceso evolutivo.
No obstante, todos vivimos en el engaño porque la realidad nos aterroriza. Como locos caminamos erguidos, orgullosos, convencidos que somos superiores a los otros animales que pueblan el planeta, en posesión de verdades objetivas y,  como si con eso no bastara, nos creemos en posesión de un alma inmortal y de una vida eterna. 




"El 96 % del mundo que nos rodea es completamente desconocido para nosotros."
Robert Wilson (Radio Astrónomo estadounidense y
Premio Nobel de física de 1978).
    

"La percepción nos enseña que el mundo virtual que vemos en el interior de nuestro cerebro no tiene nada que ver con el real que puede existir en el exterior y el cual nunca llegaremos a conocer por las limitaciones de nuestros propios sentidoComo sonámbulos los científicos han estado siempre caminando a tientas entre los oscuros misterios del universo, guiados por el sueño de la razón, en un vano intento de descubrir la realidad objetiva del mundo. Hasta que poco a poco se ha hecho patente que esa realidad es inalcanzable. Lo único que podemos conocer es la imagen virtual del mundo interior creada por la mente.
                                            Teodoro Vives (Astrofísico español).





miércoles, 3 de octubre de 2018

Juventud (NO)

Dos o tres días por semana acostumbro a pasar por la Universidad. En el bar desayuno rodeado de alumnos y luego me sumerjo en la biblioteca. Me siento a gusto rodeado de estos jóvenes que, desde mi vejez, parecen casi niños.
Los contemplo e intento adivinar sus sueños de futuro. Es posible que ellos sueñen solo en tener un buen trabajo, un buen coche y una buena casa,  pero yo me ilusiono pensando que sueñan con escribir un bello poema, como Machado; o un cuento sorprendente, como Oscar Wilde; o en encontrar una nueva interpretación de la cosmogonía; o en darle un giro a nuestra forma de ver el mundo, como Galileo, Descartes, Kant o Darwin.
Imploro a los dioses por su libertad. Para que consigan escapar de los perros que agrupan al rebaño. Para que nunca se aten a ningún grupo, ni a ningún sistema, ni a ninguna corriente de pensamiento, ni a ninguna religión, ni a ninguna patria. Para que consigan ser ellos mismos y, como el viento, se paseen por la vida sin echar raíces .

lunes, 2 de julio de 2018

XXX El Telégrafo Viejo (infancia)


(Los recuerdos son pedazos perdidos de nuestra vida
que un día, por casualidad, nos encontramos.)
  



Esta foto me la envió, hace unos días, mi sobrino, 
Fernando Espinosa III,  con su hijo,  Fernando Espinosa IV,
ante la fachada del edificio del viejo Telégrafo de San Sebastián de la Gomera.


En ese edificio, hoy en ruinas, nací hace más de 72 años. Ahí viví el paraíso de la primera infancia, con mis padres, Fernando y Gunilda, y mis hermanos, Fernando y María del Carmen. Lo recuerdo como si lo hubiera habitado en una vida anterior y, al mismo tiempo, como si ayer, con mis pantalones cortos, hubiera estado corriendo entre sus muros.
En la planta baja estaban las oficinas del Telégrafo y en la alta nuestra vivienda.
Recuerdo la bomba del agua, junto a la escalera por donde se subía, desde la entrada principal y desde las oficinas, a la vivienda. El recibidor, al final de la escalera, iluminado por la cristalera que lo separaba del patio. Desde él se accedía, por un lado, al comedor y a los dormitorios y,  por el otro, al patio, que comunicaba con la cocina, la despensa, el cuarto de estudio con su gran pizarra y el baño. Todas estas piezas, que daban al patio, estaban cubierta con chapas onduladas, que se convertían en mágicos tambores con la bendición de la lluvia. Desde el patio una estrecha escalera subía a la azotea donde estaba el bidón que la bomba se encargaba de llenar con el agua del pozo. Todavía no había agua corriente, ni se habían inventado las neveras, ni las lavadoras, ni los termos y la luz eléctrica funcionaba solo desde el atardecer hasta la media noche. En el patio, junto a la escalera de la azotea, había una pequeña puerta por donde se podía salir al callejón empinado que, paralelo al edificio, comunicaba nuestra calle con la pista, en esas fechas todavía sin asfaltar, que conducía  al cementerio y al faro.
La vida de la casa giraba alrededor de aquel patio. Recuerdo estar sentado en su suelo merendando plátanos con gofio o contemplando extasiado la lluvia caer sobre su piso de cemento.

miércoles, 30 de mayo de 2018

45 aniversario (desde Ottawa)

Leonor, esta mañana, me recordó que hoy hace 45 años que nos casamos -más 7 de novios- añadió a continuación. Yo no recuerdo cuando era soltero. Es como si siempre hubiera estado ahí, pegada a mí -o yo a ella- desde mi nacimiento.
Desde que nos conocimos se ha puesto como objetivo cambiar mi forma de ser y de pensar y aunque cada vez me radicalizo más y más, ella no desfallece. No pierde las esperanzas. La pobre, no sabe que está enfermedad que padezco desde niño no tiene solución.
-Baja de las nubes- me dice con frecuencia.
Yo intento también, con el mismo acierto que ella, hacerla cambiar de mundo.

jueves, 10 de mayo de 2018

XXXAntonio Espinosa García (Familia )


Mi madre me contó que
cuando mi padre la estaba pretendiendo
preguntó por su familia.
Alguien le dijo:
“los Espinosa son todos cultos e inteligentes,
pero rematadamente excéntricos”.

Excéntrico: Raro, extravagante, singular, original, fuera de lo normal,
que está fuera del centro o que tiene un centro diferente.


Todos los hijos varones del primer matrimonio de mi abuelo, Manuel Espinosa Suárez, -Agustín, José, Fernando y Antonio- fueron “especiales”. Mi padre, Fernando, fue seguramente el que parecía más “normal”, pero todos ellos fueron “rara avis”. Desconozco las razones, pero pudo haber sido fruto de la cultura laica del ambiente familiar donde se criaron o por la influencia del tío Manuel, que preparó el bachillerato de los cuatro.
Desgraciadamente, no pude conocer -murieron, prematuramente, antes de nacer yo- ni a tío Agustín, ni a tío Pepe. Del mayor, Agustín, conocemos su personalidad única por su “Lancelot”, por su “Crimen”, por su original prosa y por los comentarios que de él han dejado sus amigos y sus críticos literarios. El segundo, Pepe, era farmacéutico, pero se ocupaba sobre todo del piano, que tocaba con maestría. Alguien me comentó una vez, que nunca se adaptó a este mundo. Quién me lo dijo no sabía que esa es una sensación mucho más común de lo que parece.
Antonio, el más joven de los cuatro, no fue una excepción. Era un año más joven que mi padre y durante la infancia y la juventud compartieron el mismo dormitorio en el caserón familiar de Los Realejos. Cuando terminaron el bachillerato, alrededor de 1918 -hace un siglo-, sus dos hermanos mayores, Agustín y Pepe, estaban estudiando literatura y farmacia en Granada. La situación económica de la familia no les permitió acceder a estudios superiores. Las carreras universitarias se hacían en la Península, eran largas y costosas. Los dos hicieron la misma oposición y fueron, durante toda su vida, telegrafistas.
Aunque lo había visto en mi juventud en un par de ocasiones, realmente conocí a tío Antonio cuando era un hombre mayor, poco antes de morir. Debía andar próximo a los 80 años. Tía Paca, su mujer, ya había muerto. Vivía solo en el piso de la calle Álvarez de Lugo, en Santa Cruz de Tenerife. Allí lo visité en unas 4 o 5 ocasiones.
Durante las horas que pasé con él tuve la suerte y el privilegio de disfrutar de sus lecciones. Yo, por aquel entonces, debía tener algo más de treinta años. Me habló, con admiración de Descartes, de la Ilustración, del Racionalismo, del Siglo de las Luces, de la Revolución Francesa, de la República, de Kant y de Schopenhauer. También, pero con tristeza y odio, del Fernando VII, de la dictadura fascista del general y de la Iglesia, su aliada, de la larga noche de oscuridad que siempre nos ha perseguido, del fundamentalismo y del fanatismo irracional de nuestro país, fruto de su incultura crónica. Durante aquellas charlas descubrí a tío Antonio.
Se sentía orgulloso de la familia. Hablaba con cariño y admiración de sus hermanos y nombraba, con frecuencia, a su abuelo, Agustín Espinosa Estrada. 
Todavía recuerdo, después de 40 años, la emoción que ponía en sus palabras, su lucidez y el brillo especial de sus ojos inquietos. 

lunes, 23 de abril de 2018

Humildad (NO)

¿Cuándo entenderemos que solo somos un ser vivo más sobre el planeta?
¿Cuándo aceptaremos que entre nuestra especie y las otras que existen -o han existido- no hay diferencias sustanciales?
La arrogancia, la vanidad, el orgullo y la soberbia nos impide aceptarnos tal y como somos.

La humildad hizo que Galileo nos desterrara del centro del universo y que Darwin nos pusiera a caminar sobre la tierra como un ser vivo más.

lunes, 16 de abril de 2018

¿Homo Sapiens? (IMPORTANTE)


Homo Sapiens: Del latín, "hombre sabio".

El cerebro humano es el arma letal más poderosa que existe. Ni los dinosaurios carnívoros, ni los tigres de dientes de sables, ni las orcas o los tiburones, ni los osos, ni los cocodrilo, ni los grandes felinos, ni los virus o las bacterias. No existe especie depredadora más perfecta que la nuestra.
La evolución de la vida se fundamenta en la supervivencia del más fuerte.
Cuando nuestros antepasados, debido a la deforestación, se vieron obligados a caminar sobre el suelo de la sabana, rodeados de depredadores mucho rápidos y más fuertes, no encontraron otra salida para sobrevivir que desarrollar su cerebro.
Somos una especie más sobre el planeta, cuyo único mérito es haber conseguido desarrollar un arma poderosa.
Millones de libros y artículos nos hablan de la maravillosa perfección de nuestro cerebro, pero no debemos olvidar que ha sido diseñado por la evolución con el único propósito de la supervivencia.
La razón está dirigida exclusivamente a ese fin. Consideramos racional y lógico todo aquello que nos ayuda a sobrevivir. Nuestro cerebro no ha sido diseñado para objetivar, ni para las verdades absolutas. Prueba de ello es cómo a lo largo del tiempo hemos ido -y seguiremos- cambiando la visión de la cosmogonía. Solo nos sirve para ayudarnos a transitar por un mundo que nunca llegaremos a comprender. 
Hasta tal extremo nos domina el instinto de supervivencia que, con el fin de satisfacerlo, hemos inventado todo un fantástico mundo imaginario de mitos, dioses, paraísos y almas; y gastado ingentes cantidades de energía en la construcción de dólmenes, menhires, pirámides y templos.

martes, 10 de abril de 2018

El grano de arena (NO)


Todo nuestro universo,
con sus galaxias en expansión,
solo es un grano de arena,
sin la menor importancia,
que vaga impulsado por el viento
en el desierto de un planeta descomunal,
donde viven unos gigantes,
también descomunales.
En el electrón,
que gira alrededor del núcleo de un átomo,
en el interior de un grano de arena
de cualquiera de nuestros desiertos,
existen seres diminutos,
que como nosotros y como los gigantes,
piensa que su grano de arena
es todo lo que existe.

martes, 3 de abril de 2018

Mujer barata


Seguramente por la educación que recibió en su casa familiar de Los Realejos mi padre nunca usó cremas, ni colonias, ni desodorantes, ni ninguno de esos artículos de belleza que hoy usamos los varones con la mayor naturalidad. Eran otros tiempos.
-Huele a “mujer barata”- Decía siempre mi padre cuando sentía el olor del perfume.
Un día, por las mismas fechas de “El Frente de Juventudes”, mi madre me dijo, en su presencia, que fuera a pelarme. Por aquel entonces todavía tenía yo una abundante cabellera. La barbería estaba en nuestra misma calle, la calle José Antonio Primo de Rivera, que coloquialmente llamábamos “la calle trasera”, frente a la casa de D. Ciro Fragoso y un poco más arriba que la de D. Fefe Méndez. Pepe, el barbero, después de cortarme el pelo, tuvo, para mi desgracia, la brillante idea de untarme el pelo con brillantina. 
Después de pelarme fui a la Plaza del Kiosco, el lugar preferido de los niños. Allí jugábamos protegidos por la sombra de aquellos gigantes laureles de india.
Al llegar, vi que mi padre estaba sentado en la terraza del kiosco tomando una cerveza. Lo acompañaban D. Manuel Padilla, D. Manuel Galván, el alcalde y D. Manuel Yanes, el párroco.
 Fui corriendo a dar con ellos.
-¿Ya te pelaste?- Me preguntó mi padre al llegar.
-¡Sí!- Le contesté.
E inclinándome coloqué mi cabeza frente a su nariz.
-¡Huele! ¡Huele!- Le dije.
Luego, incorporándome, añadí orgulloso.
-Me pusieron “mujer barata”.
De pronto, a aquellos tres respetables y serios señores les cambió la cara. Fijaron, por un instante, sus ojos en mí y, a continuación, comenzaron a reír con tanta fuerza que las carcajadas se podían oír en toda la plaza. Yo me quedé mirándolos sorprendido.
-¿Qué pasó, papá?- Le pregunté avergonzado en cuanto se calmaron un poco.
-Nada -me contestó- vete a jugar con los amigos.