martes, 25 de febrero de 2020

XXX Manifiesto surrealista


Es la apasionada búsqueda de la libertad lo que ha constituido constantemente el móvil de la acción surrealista.
ANDRÉ BRETON

Todo aquello que no ataca a la sociedad y a las instituciones no es surrealista.
LUIS BUÑUEL

Cada vez que un hombre no acepta la vida tal y como se la han presentado y se aparta del camino establecido, hay en él un surrealista.
ANDRÉ MASSON

Todas las épocas han tenido, tienen y tendrán sus surrealistas. 
MAN RAY

El surrealismo era, entre otras muchas cosas, una revuelta contra la mediocridad. Los mediocres no están dispuestos a olvidarlo, y en todo momento están prontos para vengarse de los golpes merecidos que han recibidos.
ROBERT DESNOS

El surrealismo ha puesto los pies sobre el plato del oportunismo contemporáneo.
RENÉ CREVEL

Me declaro surrealista por el hecho mismo de ser fundamentalmente heterodoxo y el surrealismo no me impone más dogma que el de la libertad integral.
ALDO PELLEGRINI

lunes, 24 de febrero de 2020

XXX Juan Goytisolo

Juan Goytisolo Gay (Barcelona 1931-Marrakech 2017)

Hoy se pasea por mi mente el gran Juan Goytisolo, el enamorado de la cultura árabe y de Marrakech. Nació en Barcelona, se autoexilió en la dictadura y pasó su vida entre París y Marrakech, donde murió. Me vienen a la memoria sus enseñanzas:

El escritor es un ser solitario y se enriquece cuando transita en las fronteras de las culturas, de los países y de las lenguas. Es coetáneo de los poetas antiguos y medievales. Sabe unificar la intimidad y la distancia.  Y siempre, siempre, siempre,  duda de si mismo.
Toda obra nueva carece de interés si no es un salto al vacío.

Esta última frase me trae ahora a la memoria "crimen", de tío Agustín.
Luego hablando del nacionalismo castizo y de la pureza ideológica, dice:

El significado de una cultura se revela en toda su plenitud gracias al encuentro y al contacto con las otras culturas.

viernes, 21 de febrero de 2020

XXX Yo también (intimidades)


Tenía 29 años, el 26 de septiembre de 1975, un mes antes de que naciera mi hija Yurena. Ese día el Consejo de Ministros, siguiendo las instrucciones del dictador, aprobó por unanimidad el fusilamiento de cinco de los once condenados a pena de muerte en juicio militar sumarísimo.
Este hecho, en el final de la dictadura —Franco moriría solo unos meses después— fue un verdadero escándalo a todos los niveles. A nivel interno se produjeron huelgas generales y altercados por todo el país. A nivel internacional gran número de actos de rechazo. El Papa, Pablo VI, envió un mensaje solicitando clemencia. Olof Palmer, el Primer Ministro sueco, organizó una campaña contra la sentencia. Nicolás Franco, hermano del dictador, le pidió que reconsiderara su postura. Infinidad de personajes, como el Cardenal Vicente Enrique Tarancón, lo intentaron. Todo fue inútil. Al día siguiente fueron fusilados.  Yo con mi vieja radio de onda corta escuchaba las emisoras extranjeras y estaba al corriente de las noticias. Daba pena escuchar cómo se hablaba de nuestro sistema político y de nuestro país. 
Yo era funcionario del estado —lo fui desde los 28 años hasta que me jubilé— y me encontraba cómodo en esa situación.
Unos días antes del fusilamiento nuestro jefe nos informó que todos los funcionarios teníamos que presentarnos en la Capitanía Militar para apoyar al dictador. También nos dejó muy claro que no se aceptaban disculpas de enfermedad o de cualquier otro tipo. Todos deberíamos cumplir la orden si no queríamos ser expedientados.
Agaché la cabeza, por no perder mi trabajo, y rabiando me presenté allí. Pasé una de las situaciones más humillantes y, al mismo tiempo, más surrealista de mi vida.
Todos los funcionarios nos reunimos en el gran patio interior de la Capitanía. Luego, por Delegaciones, fuimos entrando, en fila india, en una sala grande y larga. Yo la recuerdo lúgubre, como un gran tanatorio. Andamos despacio sobre una larga alfombra que unía dos puerta enfrentadas de la sala. En mitad del recorrido, a la derecha, había una tarima y sobre ella un gran sillón, en el que se sentaba un general lleno de entorchados y medallas. Al llegar a su altura, como se nos había instruido y como hicieron los demás, giré 90 grados, a la derecha, e incliné la cabeza en señal de pleitesía y de apoyo a las ejecuciones programadas.
A pesar del tiempo transcurrido, todavía, siento repugnancia de mí mismo y de mi cobardía.

jueves, 20 de febrero de 2020

La prostitución (NO)

    Las modelos que utilizó Murillo para pintar sus famosas vírgenes, que tanto hemos todos adorado, fueron prostitutas de Sevilla.
    Si nos limpiáramos el maquillaje y escarbáramos dentro de nosotros, descubriríamos, como en las vírgenes de Murillo, la prostitución, que es la característica esencial de nuestra especie.

domingo, 16 de febrero de 2020

XXX Los esclavos de la mentira

Una hora más tarde pasó el entierro del cochero de la esquina.
Iba su ataúd sobre su mismo coche de punto,
tirado por su mujer y su hijo pequeño.
Seguían al macabro vehículo siete caballeros enlevitados,
portadores de coronas de azucenas en la cabeza.
El enlevitado impar precedía a los otros seis
y llevaba una bandera española,
cuyo grueso mástil terminaba en una zapatilla despilfarrada.

En el sitio donde estaba antes mi estatua había ahora un burro apolillado,
cojo de una pata,
y un cubo de basura adornado con lirios blancos.

¿Era yo un caballo?
Crimen (1934)
Agustín Espinosa García 


Tío Agustín, con esa prosa deslumbrante, se ríe -se descojona- de la podredumbre de los valores sociales con los que somos adoctrinados desde niños y que serán luego los fundamentos de nuestra existencia. Una existencia basada exclusivamente en la interpretación y las bambalinas.
Vivimos aferrados a las mentiras de ese adoctrinamiento con todas nuestras fuerzas y nada nos produce más irritación que algún impertinente destruya los pilares sobre los que se sustenta nuestra mísera farsa.
Él, consciente del riesgo, nos arrancó el disfraz y nos puso frente al espejo.
Ese fue su pecado, su crimen y su ruina.


miércoles, 29 de enero de 2020

Las contradiciones de la vida (NO)

Ayer, 28 de enero de 2020, en el cementerio de San Francisco, en Los Realejos, en un sencillo y emotivo acto se recordó a tío Agustín. Con dicho homenaje se cerró el año espinosiano. Un año que ha servido para rescatarlo del olvido. 



Después del golpe de estado de 1936, Agustín Espinosa García fue acosado y humillado por su revolucionaria pluma, viéndose obligado a renegar de ella y a quemar sus propios libros, circunstancias que precipitaron su prematura muerte. Se da la paradoja que es esa misma literatura revolucionaria, con su prosa inimitable, la que hoy se reedita y la que tanto se admira.
Su recuerdo debería servirnos para no olvidar nunca las consecuencias de aquel alzamiento militar y fascista que terminó con la rica vida cultural que amanecía en aquellos años.


sábado, 25 de enero de 2020

XXX Don Manuel Yanes (infancia)

Don Manuel Yanes era el cura de San Sebastián de la Gomera cuando yo era un niño. Yo fui, con 7 u 8 años, monaguillo de su Iglesia. En Semana Santa, cuando había una boda o algún acto religioso relevante solía darnos una propina por nuestro trabajo. Una propina que nosotros agradecíamos llenos de alegría. Recuerdo que al finalizar una Semana Santa le dió a cada uno de sus monaguillos una moneda de cinco pesetas. Yo me senté en la acera, junto al carrito de los helados, y me comí, sin descansar, cinco polos, uno tras otro.
Don Manuel Yanes era amigo de mi padre. Recuerdo verlos sentados en la Plaza del Kiosco tomando una cerveza a la sombra de aquellos laureles gigantes.
Yo dejé de ser monaguillo cuando él se fue. Luego me enteré que había colgado la sotana y se había marchado a Venezuela.
Yo nací cuando mi padre tenía 46 años. Seguramente por eso él siempre me habló como un abuelo. Cuando vivíamos en el telégrafo de La Orotava, siendo yo un joven de unos 18 años, me dijo que su amigo, Don Manuel Yanes, le había dicho en una ocasión: "Me siento fracasado, Fernando, creo que los que vienen por la Iglesia, a pesar de presumir de cristianos, son aquellos del pueblo que menos respetan el Nuevo Testamento."
Don Manuel Yanes tuvo que haber sido un hombre muy valiente y haber estado muy seguro de las virtudes de su amigo Fernando Espinosa, para atreverse a exteriorizar sus pensamientos, siendo quien era, en aquellos años de dictadura inquisitorial.
No sé qué habrá sido de él, pero en mi memoria conservo su entrañable recuerdo.

Mi amiga, Encarna Jerez Padrón, que vive en San Sebastián de la Gomera y que acaba de leer este texto, me aclara:
"Don Manuel Yanes era un hombre alto y bien parecido. Hace unos años regresó de Venezuela, ya muy mayor, con la intención de pasar sus últimos días en La Gomera, pero no pudo realizar su sueño. Murió en Tenerife a los pocos días de llegar."

Rezo, esperanzado, para que Dios exista y para que lo lleve hasta la Plaza del Quiosco y lo siente junto a su amigo Fernando Espinosa a tomar una cerveza.

miércoles, 15 de enero de 2020

XXX Juventud y vejez (sociedad)

Cuando yo era un muchacho encontré en casa una foto de mi padre, de su juventud. Estaba con otros jóvenes. Todos llevaban sombrero y bastón. Le pregunté que por qué vestían así, como viejos. Me contestó que en esos años -debió ser alrededor 1920- la juventud estaba desprestigiada. Entonces se valoraba la vejez. Por eso los jóvenes intentaban parecerse a los ancianos. Hace un siglo las costumbres sociales y la tecnología cambiaban muy lentamente. Lo conocimientos acumulados por un hombre, a lo largo de su vida, era un bagaje que le daba prestigio porque seguían siendo útiles a la sociedad valoraba por su utilidad.
Hoy todo cambia tan rápidamente que lo aprendido ya no sirve de nada después de transcurrido un corto espacio de tiempo. Por eso los viejos, hoy, se visten de jóvenes intentando parecerse a ellos e intentando inútilmente alcanzar un mundo que ya ha quedado irremediablemente atrás.



martes, 24 de diciembre de 2019

XXX Un nuevo mundo

Dentro de algunos años habrán desaparecido para siempre los pasaportes, los muros, las alambradas y las fronteras.
Entonces, los nuevos habitantes de ese nuevo mundo, nos mirarán como nosotros miramos hoy el comercio de esclavos de hace solo un par de siglos.
Entonces, el primer derecho de ese nuevo ser humano será el derecho de poder transitar libremente sobre el planeta.
Entonces, cada uno elegirá el lugar donde vivir, la forma de pensar y los dioses a que adorar.
Entonces, habremos terminado con el miedo que nos obliga a encerrarnos y embrutecernos sobre nosotros mismos.
Recemos por ese nuevo amanecer.

sábado, 7 de diciembre de 2019

XXX El primate soñador

ACLARACIÓN: De las más de 200 entradas que tiene ya este blog,
y que nació con la sola intención de dejarle algo a mi hija,
este, el del "primate soñador",
publicado el 29 de noviembre del año pasado,
ha sido, con mucho, es el más leído.


Hoy sabemos, con la ayuda de Darwin, que estamos hechos de la misma materia que los demás seres vivos, que hemos evolucionado y que somos la consecuencia de un proceso de selección natural fortuito.
Los estudiosos de la evolución dibujan una cadena de homínidos unidos todos por líneas y al final de la última línea, a nosotros, los Sapiens.
Y eso es lo que somos, aunque el pánico nos impida aceptarlo. Nos empecinamos, por un lado, en borrar esa última línea que nos une a las otras especies y, por otro,  en engañarnos con los cuentos de hadas  de lo sobrenatural. Así vivimos, en esta mezcla de racionalidad y disparate, para intentar -sin conseguirlo del todo-  sentirnos diferentes, superiores, excepcionales y eternos.


EVOLUCIÓN DE LOS PRIMATES


EVOLUCIÓN DE LOS HOMÍNIDOS

lunes, 2 de diciembre de 2019

La libertad de expresión (NO)

La libertad de expresión no consiste tanto en poder decir lo que pensamos sin ser marginados, sino más bien en tener la capacidad de escuchar las voces que rechazamos sin marginar a quien las dice.
Y teniendo siempre presente que en nuestros principios y en los principios de los otros no interviene para nada nuestro cerebro sino solo nuestras vísceras y el adoctrinamiento.

martes, 26 de noviembre de 2019

La madurez (NO)

Esta extraña sensación de haber pasado, de un salto, de la infancia a la vejez, como si el resto no hubiera existido. 

domingo, 17 de noviembre de 2019

El tiempo (NO)

Dedicatoria: A la memoria de Roberto Gámez

Un noche fría y lluviosa de otoño. Sentado, solo con Leonor, en la esquina de un modesto guachinche de nuestra Isla. Los comensales, que abarrotan las mesas, con su alegría, sus voces y sus risas dificultan nuestra conversación.
Aislado, en el silencio del alboroto, me acuerdo de los viejos tiempos, de los amigos que ya no están y con los que alegremente charlábamos y reíamos mientras cenábamos animados con el vino de nuestra tierra.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

XXX Confesión

Algunos lectores me han hecho llegar sus comentarios y su preocupación por el pesimismo crónico del blog.
No es nada fácil quitarse de encima el lastre que se ha ido acumulado durante nuestra larga formación y verse libre de las mentiras y las supersticiones de una educación concebida exclusivamente para el adoctrinamiento.
Entre el más humilde de los insectos y el más sobresaliente de nosotros no existe, desde el punto de vista evolutivo, la más mínima diferencia. Ni en su importancia objetiva, ni en su trascendencia. Son simplemente dos seres vivos que pasan su vida sobre este insignificante grano de arena, que es nuestro planeta. Eso es lo que firmemente creo.
Me he acostumbrado a vivir con esas convicciones, adaptandome a la vida e intentando disfrutar de mi existencia. Mi felicidad nada tiene que ver con mi forma de ver el mundo que me rodea.
Contemplar los amaneceres, sentarme tranquilo en las bibliotecas, caminar, navegar y mirar a mis semejantes me ayuda a transitar por la vida, pero no me impide ver el disparate absurdo que es nuestra pobre existencia. 

sábado, 2 de noviembre de 2019

El día de los muertos (NO)

Anoche sentí pena. Recordé a los viejos pensadores que soñaban con un país nuevo y que después del 18 de julio de 1936 tuvieron que emigrar o esconderse tras el silencio. Por momentos dudé si el "debate" de la TV no era realmente uno de esos programas de la 5.
Ayer fue un día feliz recordando a los que ya se fueron. Debería hacernos pensar que todos los que vivimos ahora, incluidos los que acaban de nacer, dentro de muy poco estaremos, todos juntos, con ellos. Habremos dejado las pasiones y el odio de este infierno y habrá terminado para siempre toda esta miseria nuestra. No desesperes, el paraíso de la nada está ahí, al alcance de la mano, cerca, muy cerca.

miércoles, 16 de octubre de 2019

XXX El extranjero


Dedicatoria: Para mis tíos Agustín, José y Antonio.

No encuentro una explicación satisfactoria que justifique esta extraña sensación de desarraigo que desde niño me ha acompañado.
Nunca conseguí echar raíces en ningún lugar, ni adherirme a las corrientes generales que agrupan a mis semejantes en torno a una religión, un club de fútbol, un país, una raza, una cultura o una forma de pensar.
Siempre apartado. Siempre al margen. Siempre observando en soledad desde la lejanía.
Siempre huyendo de la corriente que todo lo engulle y homogeneiza.
Es todo tan claro, tan simple y tan sencillo y esa majadería nuestra de hacerlo todo farragoso, complicado y turbio, por negarnos a aceptarnos tal y como somos.

sábado, 12 de octubre de 2019

XXX Las cataratas (misterio)

Las cataratas, que se han instalado en mis ojos desde hace unos años, me están limitando progresivamente la visión. Cuando alguien ve algo, a los lejos, que yo no alcanzo a ver, fijo la mirada, me esfuerzo  y finalmente lo veo. Realmente no lo veo, solo es un invento de mi cerebro. Todos se sorprenden cuando les digo alguna de las características del objeto que el cerebro se ha inventado. Por ejemplo, le digo a mi hija: "¡Sí, ya lo veo! El casco del barco es rojo". Ella me aclara sonriendo: "Solo se ve una vela muy distante".
Nosotros, los humanos, hemos sido diseñados por la evolución para mirar aquí, cerca de nosotros. No obstante, desde siempre, nos hemos empeñado obstinadamente por fijar la vista intentando ver a lo lejos, muy lejos, fuera de nuestro alcance. Por eso el cerebro se ha inventado el infinito, la nada, el Big-Bang, los dioses, las almas, la metafísica y  todo ese fantástico mundo sobrenatural. Toda nuestra cultura se fundamenta en un espejismo que solo existe en el interior de nuestro cerebro.

XXX El hombre

El hombre es solo un mono que intentara obstinadamente resolver una ecuación diferencial. Nuestra ecuación diferencial son todos esos interrogantes de la filosofía que tanto nos angustian por negarnos a aceptar que somos un animal más, dentro de una especie más, en el proceso evolutivo de la vida y con una existencia  finita.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

XXX La espera





Siendo conscientes de nuestra locura
y del manicomio donde vivimos,
los viejos nos acostamos y nos levantamos temprano.
Vagamos desorientados
por este laberinto absurdo
a dónde nos ha llevado la sinrazón de la razón.
Mientras pasan las horas y los pocos días 
que nos quedan para el fin,
nos entretenemos disparándole a los amaneceres
y sonriendo ante nuestra propia mediocridad.

jueves, 12 de septiembre de 2019

XXX La mediocrecracia


DEDICATORIA: A la memoria mi tío, Agustín Espinosa García



Forges cree que la mediocridad se está imponiendo con fuerza en todas las facetas de la vida. Los sabios griegos del siglo VI a.C. ya pensaban lo mismo que él y a lo largo de estos últimos 26 siglos infinidad de filósofos, poetas, escritores y pensadores han seguido repitiendo insistentemente lo mismo.
La mediocridad no se está imponiendo. La mediocridad es la base en que se fundamenta el sistema social creado por los Sapiens. 
Toda esa infinidad de filósofos, poetas, escritores y pensadores son los críticos, los inadaptados, los errantes y los marginados. Todos ellos duermen olvidados en el interior de las páginas de los libros de las bibliotecas, hasta que alguien -Forges- los resucita. Cuando vemos la viñeta nos sonreímos y, al instante, nos preocupamos por encontrar una camisa que nos pegue con el pantalón.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Soledad (NO)

Caminamos siempre juntos.
Muy cerca unos de otros.
Próximos en el tiempo y en el espacio.
Pero cada uno vive en su mundo.
En un mundo oscuro, distante e impenetrable.
Por eso hablamos y reímos tanto,
para liberarnos de la soledad.

martes, 6 de agosto de 2019

XXX La manada (poesía)


Así fuimos hecho por la evolución
para poder sobrevivir.
Y así se nos educa.
Siempre juntos.
Agrupados en manadas.
Marchando uniformados,
marcando el paso
y sin salirnos del camino.
Todos con la misma meta.
En posesión de la verdad.
Defendiendo nuestra raza,
nuestros principios,
nuestra bandera,
nuestro himno
y siempre dispuestos a destruir con violencia a los otros,
a los diferentes.

lunes, 10 de junio de 2019

XXX La muñeca (infancia)


LA MUÑECA
(Un cuento de Fernando Espinosa García)

 Para mis hermanos, Fernando y María del Carmen.


Estos son el callejón empinado y el edificio,
hoy casi en ruinas, del telégrafo viejo.
Detrás de ese ventanal, de la segunda planta,
mi madre me parió hace más de 73 años.

INTRODUCCIÓN

A los que no creemos en la inmortalidad, cuando llegamos a la vejez se nos cierran las puertas del futuro. Entonces volvemos la vista atrás, hacia la infancia.
Aunque ya casi nadie lo recuerda, los años 50 del siglo pasado, los de mi infancia en La Gomera, fueron tiempos difíciles. Años de posguerra y de miseria. De miseria económica y de miseria cultural.
Cuando se vive rodeado de oscuridad, de fundamentalismo y de represión, solo nos queda el refugio de los libros. Como quien vive en otro mundo, mi padre se pasaba el tiempo libre que le dejaba el telégrafo leyendo. Los libros eran su pasión. Aunque mi madre lo obligaba a llevar un registro de los libros que prestaba, escuché una vez decir a alguien que en todas las casas de San Sebastián de la Gomera había un libro de Fernando Espinosa. Seguramente era una exageración, pero el telégrafo fue, de alguna manera y por esos años, la biblioteca pública.
Cuando mis hermanos y yo éramos niños, tenía la costumbre de inventarse cuentos para entretenernos. A pesar de que ya han pasado casi 70 años, mi hermana, que tiene su misma memoria, me contó hace unos días, como si fuera él y con sus mismas palabras, el cuento de “La muñeca”. 
Los personajes eran, en su mayoría, vecinos del pueblo, que elegía por sus singularidades personales.
La fachada del telégrafo viejo, donde vivíamos, daba a la calle José Antonio Primo de Rivera, aunque todos la llamábamos “la calle Trasera”. En un costado del edificio había un callejón empinado que comunicaba nuestra calle con la pista, por aquel entonces todavía sin asfaltar, que subía al barrio de La Lomada, al cementerio y al faro.



ACTO 1
De cómo doña Concha, “la Capitana”, engatusa a Margarita

Al otro lado del callejón empinado había una casa en ruinas, con los techos en el suelo. Nunca la vimos habitada, pero mi padre puso a vivir en ella a los personajes centrales de su cuento: Margarita y su madre.
La madre de Margarita trabajaba en un empaquetado de tomates. Los sábados, después de finalizar el duro trabajo, recibía su modesto salario. Un sábado, cuando regresó a casa, le dio el dinero a su hija y la mandó a la recova, a hacer la compra de la semana.
Doña Concha, “la Capitana”, tenía un bazar  en la calle principal, la del General Franco, que era conocida como “la calle del Medio”. El nombrete de “la Capitana” le venía porque era la viuda de un capitán del ejército. Era famosa por su labia. En el escaparate tenía una muñeca de la que Margarita se había enamorado perdidamente.
En el camino a la recova Margarita se tropezó con la tienda. Allí se quedó, parada, con las monedas del jornal de su madre en el bolsillo del delantal y con sus ojos fijos en la muñeca. Doña Concha, que la vio,  salió a la calle. 
—¿Te gusta la muñeca, Margarita?
—¡Sí!
—¿Tienes dinero?
—Sí, pero es para la compra de la semana.
—Yo te hago un buen precio. 
—No. Mi madre…
Y así siguió la conversación. Doña Concha enredándola y Margarita intentando zafarse. Pero al final ocurrió lo inevitable.
Margarita caminaba ahora hacia su casa, entre feliz y asustada, con su soñada muñeca.


ACTO 2
De cómo la muñeca va a parar a los chiqueros de doña Delfina

Cuando llegó a casa sin compra y sin dinero, hubo mojo con morena. La tafeña fue monumental. Junto con la paliza se oían los gritos: “Estúpida, imbécil, irresponsable, ¿qué vamos a comer ahora?” Eran otros tiempos. Hoy la hubieran procesado por violencia doméstica.
En el furor de la rabieta, la madre cogió a la muñeca de una pata y la lanzó por la ventana con todas sus fuerzas.
La muñeca aterrizó justo detrás de la casa, donde había un solar que llamaban los chiqueros de doña Delfina. Nunca vimos los cochinos, pero  debió de haber sido usado como tal porque aún se conservaban los chiqueros ruinosos.
Esa noche Margarita se acostó llorando, sin comer, humillada y con las huellas de la zapatilla de su madre por todo el cuerpo. Pero lo que más sentía era la pérdida de su muñeca.
La casa tenía una puerta trasera por donde se podía salir al callejón empinado. Así que, cuando su madre se hubo dormido, sigilosamente, se levantó, salió al callejón, subió hasta los chiqueros de doña Delfina y se puso a buscarla. La encontró, después de rebuscar por todo el solar, en el fondo de uno de los goros.
Estaba hecha una pena, pero la llevó a la pila y la limpió con esmero. Luego se acostó y se quedó dormida abrazándola sobre su pecho.



ACTO 3
La primera cagada de la muñeca y el gran desayuno

Poco antes de amanecer, la despertó una voz muy tenue:
-Margarita, Margarita.
Al principio estaba desorientada, pero luego se dio cuenta que era la muñeca quien la llamaba.
—¿Qué quieres?
—Quiero hacer caca.
Margarita, como la cosa más natural del mundo, sacó la bacinilla de debajo de la cama y la sentó.
Se extrañó, porque mientras la muñeca hacia caca escuchó un ruido como el que hacen los boliches de barro cuando, después de jugar, los niños para guardarlos los dejan caer en sus cacharros.
Cuando la levantó no podía creerlo. La bacinilla estaba llena de monedas.
Se vistió y, antes de que se levantara su madre, fue corriendo a la recova.
Cuando su madre se despertó, el desayuno estaba servido sobre la mesa.
—¡Mamá! ¡Mamá! ¡Corre! ¡Ven a desayunar!
—¡Mala hija! ¿Quieres reírte de mí? ¿Quieres que te dé otra vez?
—No, mamá. Ven. Es verdad.
Cuando entró en la cocina no podía creerlo. Sobre la mesa un desayuno que, ni en sueños, hubiera podido imaginar, y sobre una silla, la sereta rebosante de carne, pescado, verduras, frutas, enlatados…, todo de una calidad desconocida en la casa.
—¿Qué has hecho, desgraciada? ¿Dónde fuiste a robar?
—No, mamá, no.
Y le contó.


ACTO 4
De cómo doña Manolita espía a sus vecinas y consigue que le presten la muñeca

A partir de entonces, cada noche Margarita dormía con su muñeca y cada noche la muñeca cagaba monedas.
Los vestidos y los zapatos de Margarita y de su madre, así como las compras que traían, empezaron a llamar la atención de sus vecinos y en especial de doña Manolita. 
Doña Manolita vivía en la misma calle y a pesar de tener marido y varios hijos e hijas, se pasaba la mayor parte del día asomada en la ventana fisgoneándolo todo y descuidaba  la casa y su limpieza.
Intrigada, empezó:
—¡Qué zapatos tan bonitos llevas, Margarita!
—Ayer le vi a tu madre un vestido nuevo.
—¡Cómo pesa esa sereta!
—Y ese falda, ¿cuánto te costó?
Tanto insistió, que la inocente Margarita, en un momento de debilidad, le habló de su muñeca.
Al siguiente día doña Manolita está de visita en casa de Margarita. Las tres sentadas en la cocina.
—¿No ven cómo vivimos?- Suplica doña Manolita.
—Hasta hambre pasamos.
—Mi hija la mayor, que ya tiene novio, lleva las bragas rotas.
—Préstenme la muñeca una noche, por caridad.
Tanto insistió e imploró que finalmente accedieron. Acordaron que al día siguiente, y por una noche, Margarita se la llevaría.



ACTO 5
La sorpresa de doña Manolita y cómo la muñeca vuela de nuevo

Al día siguiente, desde muy temprano, en casa de Doña Manolita se formó el zafarrancho. Se limpió la casa. Se lavaron todas las sábanas. Dejo la casa como si fuera a visitarla un rey y la cama, donde iba a dormir ella con la muñeca, inmaculada. Compró, de fiado, un camisón y una bacinilla nueva.
Al atardecer llegó Margarita con la muñeca. Esa noche la muñeca durmió en el sitio del marido y él se acostó en el suelo.
Don Gonzalo, el nuevo Jefe Provincial del Movimiento, estaba de visita en la isla. A pesar de su alto cargo era un joven peninsular, alto y apuesto, que había participado victorioso en la guerra civil y defensor del pensamiento único y con un porvenir brillante en la recién inaugurada dictadura fascista. Es decir, en la isla y por esas fechas, un príncipe azul.
Doña Manolita se despertó antes de amanecer y se inquietó al ver que la muñeca dormía profundamente. Entonces sacó la bacinilla nueva y la sentó sobre ella. Pasado un rato, y al comprobar que la muñeca seguía inmóvil, se impacientó. Entonces le dijo susurrando:
-Caga muñeca.
Desesperada, porque la muñeca no atendía sus súplicas, empezó a ordenarle, cada vez con más fuerza:
¡Caga muñeca! ¡Caga muñeca! ¡Caga muñeca!
Doña Manolita sonrió al comprobar que la muñeca empezaba a hacer fuerza.
Estaba tan ansiosa que en cuanto la muñeca terminó se tiró con las dos manos sobre la bacinilla. Pero, ¡Dios santo!, ahora estaba llena, a rebosar, pero de caca de verdad. La caca lo inundó todo. Las manos y la cara de doña Manolita, el camisón nuevo, las sábanas inmaculadas, el suelo, las paredes y hasta el techo. 
Salió al patio con la muñeca y enfurecida la lanzó con tanta fuerza  que llegó hasta la azotea del Cabildo. 
Era un amanecer tórrido  de agosto.


ACTO 6
Final

Don Gonzalo, que se alojaba en el Cabildo, había subido a la azotea esa madrugada a coger un poco de aire fresco. De pronto sintió un fuerte dolor en la pierna. Era la muñeca, que en su vuelo había terminado clavando sus dientes en la pantorrilla del Jefe Provincial del Movimiento.
Toda la isla se puso en pie. El alcalde, las demás autoridades y el médico acudieron al Cabildo para socorrerlo. Todos lo intentaron, pero nadie consiguió arrancarle la muñeca. Doña Concha, “la Capitana”, cuando lo vio, le dijo a Pena, el municipal, que fuera a buscar a Margarita. En cuanto llegó Margarita la muñeca se soltó de la pierna de don Gonzalo y corrió hasta sus brazos.
Don Gonzalo, agradecido y al mismo tiempo prendado de la belleza de Margarita, habló con su madre y le manifestó su intención de casarse con ella. Y así ocurrió. A los pocos años, cuando Margarita empezaba a ser una señorita, don Gonzalo regresó y contrajeron matrimonio en una ceremonia que no se olvidará jamás en la isla.
Lo que nunca nos contó mi padre es si la muñeca siguió cagando dinero, pero bueno, a nosotros eso tampoco nos interesaba. El círculo se había cerrado con un final de cuento.

sábado, 4 de mayo de 2019

XXX El Gran Teatro (intimidades)


DEDICATORIA: Para Roland y Aline.

En los años 50 del siglo pasado, durante mi infancia en La Gomera, el país estaba sometido a una férrea dictadura fascista, fruto de un golpe de estado militar y una sangrienta guerra civil. Se permitía solo una forma de pensar y se promovía un culto casi religioso al dictador. Esa cruz se prolongó hasta el año 1975, cuando murió el general.
Desde niño, y casi sin darme cuenta, aprendí el arte de la interpretación. Aprendí que había dos lenguajes. Uno, el que se hablaba dentro de los muros de casa y, otro, el que había que utilizar en la calle. Esas enseñanzas infantiles me ayudaron a llevar luego una vida más segura y confortable.
Durante los primeros años de bachillerato fui un auténtico desastre. Repetí dos cursos. Así que cuando mi familia se trasladó de La Gomera a La Orotava yo empezaba el quinto curso y tenía 17 años, dos más de lo que me correspondía. El único colegio que existía en La Orotava era un colegio religioso. Allí me inscribieron y allí hice el quinto y el sexto de bachillerato. Durante esos dos años asistí cada día a misa. En sexto curso, con 18 años,  ya había perdido la fe y aunque tenía que asistir a los oficios no ponía demasiado interés. Los compañeros de colegio, con las mismas inquietudes, solíamos hablar discretamente de nuestras preocupaciones religiosas. No sé quién me denunció, pero un día me dijeron que tenía que ir al despacho del director.
Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. Me dejó bien claro que aquel era un colegio religioso y me amenazó seriamente con la expulsión si no cambiaba mi actitud. Con mis antecedentes de mal estudiante iba a ser, de nuevo, un problema para la familia y sobre todo un disgusto para mi padre, al que adoraba como al dios que había perdido. Me encontraba en una encrucijada y el pánico se apoderó de mí. No encontré otra solución y al siguiente día hablé con el director e interpreté mi papel. Le dije que ya había superado la crisis juvenil que me atormentaba y le agradecí sus palabras que me habían hecho reflexionar. Se limitó a sonreír y por suerte no mostró el más mínimo interés por mis inquietudes. Aunque me costó un gran esfuerzo, a los pocos días, siguiendo el protocolo, me confesé y luego comulgué periódicamente. No volvió a molestarme. Pienso que él tenía la misma fe que yo. Solo le interesaba, como director, que cada actor interpretara su papel sin salirse del guión.
Hoy, desde el mirador de mis 73 años, todo me parece un Gran Teatro y,  a pesar de mis miserias, si me comparo no soy más que un torpe actor aficionado.

jueves, 2 de mayo de 2019

MIrando a la pared (NO)

Descartes, el precursor de los grandes cambios, decía:
"no me ofrezcáis trabajos, dejadme holgazanear".

Mi hija, Yurena, aunque todavía cojea, ya se incorporó a su trabajo en el Instituto de La Palma. Yo intenté persuadirla para que prolongara algo más el tiempo de su recuperación, pero ella se negó a aceptar mis consejos.
-Estoy cansada de mirar a la pared- me comentó.
¡Cómo cambiamos al envejecer! Yo, ahora, mirar a la pared es la actividad que más me divierte.

viernes, 26 de abril de 2019

XXX Conócete a ti mismo

El aforismo griego "conócete a ti mismo"
estaba escrito en el pronaos del templo de Apolo en Delfos
y se le atribuye a alguno de los sabios griegos del siglo VI a. C.

Se cree que el universo observable tiene aproximadamente un diámetro de 13.800 millones de años luz y contiene en su interior 2 billones de galaxias, con 700 cuatrillones de estrellas.
Todo eso que vemos brillando en el cielo durante la noche y que tanto nos emociona está programado, como nosotros, para morir. Cuando se extinga no quedará de él, ni de todo su contenido, la más mínima huella.
Pero antes, mucho antes, dentro de muy poco, yo me marcharé y un poco después todo lo que ahora vive sobre la tierra morirá y más tarde nuestras civilizaciones y un poco después nuestra especie. Después ya nadie se acordará de todo lo que tanto nos preocupa e interesa: los países, los himnos, las banderas, los dioses, los libros, las matemáticas y la física, la poesía, la música, las artes plásticas, la televisión, las redes sociales...
Luego, durante un poco más de tiempo, el sol seguirá enrojeciendo cada mañana el cielo, como lo hace hoy, mientras escribo.
Aunque a nuestro cerebro le parezca casi infinito, todo ese maravilloso universo observable es solo un grano de arena con la misma importancia y trascendencia que cualquiera de los pequeños granos de arena que rueda errático, impulsado por el viento, en cualquiera de nuestros desiertos.
Nuestra forma de organizarnos es igual y tiene la misma trascendencia que la de un hormiguero y el más famoso de nosotros no es más importante ni trascendente que el más humilde de los insectos.


viernes, 12 de abril de 2019

Desaprender( NO)

Las mentiras de la infancia fueron mi mejor escuela. Me enseñaron a ser desconfiado.
Con 17 o 18 años logré desprenderme de los mitos religiosos, de las verdades reveladas y de las supersticiones.
Liberarme, no solo de los dioses, de los charlatanes y de los libros de autoayuda, sino también de las enseñanzas de los maestros, ha sido siempre un agradable entretenimiento y ahora es uno de los placeres favoritos de mi vejez.
Espero, al final, irme con un cerebro limpio, como cuando mi madre me parió, en La Gomera, hace más de 73 años.

jueves, 28 de marzo de 2019

XXX Destellos de la infancia

San Sebastián de la Gomera

La alegría de la lluvia.
Los charcos.
El barranco.
La barranquera.
El mar, la playa y las olas.
Los saltos al vacío desde el muelle.
La caricia del océano.
Los charcos del bajío.
Los cabosos.
El soplo perpetuo del alisio.
El baile de las palmeras.
Las faldas de las niñas.
El viento, siempre el viento.
La plaza del quiosco.
Los laureles gigantes.
Los cuentos de miedo.
Las carreras y los juegos.
Las pelotas de trapo.
La calle del Medio.
El patio del telégrafo viejo con su trozo de cielo.
Los plátanos escachados con gofio.
Y siempre la sombra protectora del telegrafista y la maestra.
 

miércoles, 13 de marzo de 2019

El sanatorio (NO)

El Día,11 de marzo de 2019.


Esas viejas edificaciones del Parque Nacional del Teide, que ahora se van a demoler, fueron construidas a principios del siglo pasado con la intención de alojar a enfermos de tuberculosis de toda Europa, pero nunca fueron usadas como tal.
Las llaves de sus dependencias se custodiaban en la farmacia de los Realejos, que era de un miembro de nuestra familia. El sanatorio se convirtió así en una vivienda vacacional de los Espinosa.
Por los años 30, tío Luis, tío Agustín y otros familiares y amigos, aficionados a la caza, solían alojarse allí cuando pasaban varios días en Las Cañadas disfrutando de su afición.
Cuando yo tenía 17 o 18 años, por 1963, pasábamos las vacaciones de agosto en una casa antigua y grande, junto al mar, en Playa de San Juan. Un caserón propiedad de la familia de tía Juana, que el progreso ha hecho desaparecer. Allí, además de mis padres y mis dos hermanos, se alojaban tía Isabel, su marido, Eliseo Toste, la hija de ellos, Isabel, mis primos Ernesto y Lali y tía Juana.
En uno de esos veranos tío Eliseo, que también había sido cazador, me contó algo que la foto del periódico me ha hecho recordar.
El 18 de julio de 1936, cuando el general Franco se levantó en armas contra la República, tío Agustín era el director del Instituto de Segunda Enseñanza y el presidente del Ateneo de Santa Cruz de Tenerife. Vivía en el Hotel Aguere, de La Laguna, con su familia -nunca tuvo casa propia-. Lo primero que hizo fue esconder los ejemplares de Crimen que tenía, enviar a su familia a Las Palmas y, luego, protegerse en la casa familiar de Los Realejos. Se hizo con las llaves del sanatorio y le dijo a su cuñado, tío Eliseo, que lo acompañara a Las Cañadas. Allí pasó varios días, me contó tío Eliseo, escondido, asustado y atemorizado, presintiendo el calvario que le esperaba.

Mi primo, Luis Espinosa García, médico jubilado, que cumplió ya 88 años, ha hecho este emotivo comentario a mi "ocurrencia":
A finales de los años 30 y principio de los 40 del siglo pasado, mi padre, mi madre, mi hermana Lala y yo pasábamos todos los años un mes en "la casa del médico" -"La casa del médico", que fue demolida hace décadas, era la construcción mayor del sanatorio de Las Cañadas- Allí se juntaba la familia Espinosa, tío Juan, tío Antonio, tío Eliseo, tío Joaquín, mi abuelo José García Estrada y su segunda esposa, tía Mercedes y no sé cuantos más que nos visitaban e incluso dormían una o dos noches. Mi padre, que era farmacéutico, después del levantamiento militar fue encarcelado, depuesto de su cargo en sanidad y obligado a desterrarse fuera del Puerto de la Cruz. Pero yo, con ocho o nueve años fui feliz, muy feliz, sin conocer, hasta años después, lo que había ocurrido a mi alrededor.