sábado, 16 de septiembre de 2017

La vida.

Hace unos días le escuché a un joven, que llevaba un vaso en la mano y una amplia sonrisa en su rostro, esta frase: "La vida es para vivirla, no para entenderla".
Qué gran verdad, pensé primero, y no como el estúpido autor de este blog que hace todo lo contrario.
Pero luego... Creo que esa forma de entender la vida es la que nos ata al sistema, nos destruye el espíritu crítico y nos hace andar junto al rebaño. Sí, es posible que así se sea más feliz, pero es una estúpida felicidad.
Pero ahora, finalmente, pienso que las dos formas son igualmente inútiles y estúpidas.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Al final.

El viejo profesor, después del paseo matinal y como era su costumbre, se sentó en un banco del parque a reflexionar.
¡Cómo cambia nuestra visión del mundo y de la existencia con el paso del tiempo!, pensó... y siguió pensando.
Luego sacó de un bolsillo la pequeña libreta, que siempre le acompañaba, y escribió:


Nosotros.
Nuestra especie.
Nuestras razones.
Nuestros mitos.
Nuestros dioses.
Todos los libros.
Todas las obras de arte.
Las computadoras.
Las grandes construcciones
y las naves espaciales.
Este diminuto planeta que nos hace girar sin sentido.
El universo en el que estamos atrapados.
Tienen el mismo valor absoluto,
que esta humilde hoja,
que la brisa pasea,
cerca de mis zapatos,
por el suelo del parque.

miércoles, 16 de agosto de 2017

Matrioshka.

MATRIOSHKA
(Muñeca rusa hueca que alberga en su interior otras más pequeñas)

Ayer, poco antes de amanecer, tuve un sueño. Soñé que me había hecho pequeño. Tan, tan pequeño que ahora la tierra se había convertido en un electrón, que giraba a una velocidad vertiginosa alrededor de su núcleo. Ustedes, los mares, los bosques y las ciudades también vivían conmigo sobre ese electrón. Nuestra vida duraba una fracción de segundo, lo que tarda el electrón en realizar setenta u ochenta vueltas al núcleo. Pero en ese tiempo, adaptado a nuestra vida, podíamos hacer lo mismo que aquí: nacer, crecer, reproducirnos, pensar e intentar encontrarle una explicación a ese mundo. Ese átomo estaba alojado en el interior de un pequeño grano de arena. Los físicos, los matemáticos y los astrónomos de ese electrón, que con sus telescopios habían podido llegar a ver los otros átomos y moléculas, hasta los límites del grano de arena, entendían que el grano de arena era todo el universo y especulaban, como aquí, con un big-bang, sin poder imaginar que ese universo solo era un grano de arena en el desierto de nuestra tierra.
También soñé, más tarde, que nuestra tierra, de ahora, era un átomo, que con su sol, las otras estrella y las galaxias visibles, formaban un grano de arena de grandes dimensiones, que vagaba por el desierto, empujado por el viento, de un planeta de proporciones descomunales, que tardaba en dar una vuelta, sobre su estrella, un tiempo casí infinito y donde vivían animales y plantas, como aquí, pero infinitamente mayores.
Y así seguí soñando, hacia arriba y hacia abajo, en un nuevo infinito de "matrioshka".

sábado, 12 de agosto de 2017

Primeras notas sobre Polonia.


 REFLEXIONES EN EL TREN DE BYDGOSZCZ A GDANSK
                           (La contradictoria Polonia)

Bydgoszcz o la "Pequeña Venecia", como la llaman los polacos, cuenta con un amplio entramado de ríos, canales, exclusas y puentes, rodeado de parques que, con la música del agua, invitan al paseo y la relajación. El poco turismo existente es, en su mayoría, polaco. Familias que disfrutan del buen tiempo y de las vacaciones de los niños, que juegan y se refrescan  en cualquier lugar donde encuentren agua (fuentes, ríos y canales). La guía dice que la ciudad está comunicada fluvialmente con Berlín, el Mar Báltico y el Mar Negro. Esos anchos caminos de agua eran las autopistas del pasado.
La religión y el alcoholismo -las dos balsas salvavidas de los Sapiens- están presente en el aire. Cuando visitamos las iglesias se siente el fervor de la gente. Nos llama la atención el gran número de niños. Los matrimonios jóvenes son, en su gran mayoría, familias numerosas (3, 4 o 5 hijos). En los barrios marginales de las ciudades se pueden ver la pobreza junto con el alcoholismo, en unos edificios casi en ruinas, que contrastoan con el centro y con los cuidados parques y jardines. A las gentes, que hablan siempre en voz baja, casi en secreto, parece que les resulta difícil sonreír. En una estación de tren, un señor cogió dos de nuestras tres maletas para ayudarnos a salvar una escalera. Cuando me despedí de él, mi sonrisa y mis palabras de agradecimiento se encontraron con un rostro serio, casi enfadado, que se alejaba. Una camarera de hotel rechazó orgullosa una propina que Leonor quiso darle en compensación por un favor. Las ciudades, a pesar de la pobreza, están relativamente limpias. Parecen serios y cumplidores de las normas de convivencia. Se siente uno muy seguro rodeado de estas gentes, especialmente en las zonas rurales.

miércoles, 9 de agosto de 2017

VIAJAR (Reflexiones desde Polonia)

Los grandes viajeros dicen que el peor enemigo de los viajes es el miedo, que inconscientemente lo ocultamos con disculpas como la falta de tiempo o de dinero. Durante los viajes descubrimos que el resto de los habitantes del planeta son iguales o mejores que nosotros, aunque nos empeñemos en decir lo contrario. No olvidemos que nuestros principios, nuestra cultura, nuestra forma de pensar y de vivir es una más y, con toda seguridad, no la mejor entre las infinitas existentes que desconocemos.
Hace más de treinta años que no voy a una agencia de viajes. Preparo, personalmente, mis viajes. Pero esta forma de viajar requiere algún esfuerzo. No queda más  remedio que remangarse la camisa, alejarse de la televisión basura que nos embrutece y ponerse a trabajar frente al ordenador.
Primero encontrar un país que despierte nuestro interés y a dónde podamos desplazarnos lo más directo y económico posible. Un buen sistema para inspirarnos es entrar en la web de Aena. En los aeropuertos Tenerife Sur, Tenerife Norte, Madrid, Barcelona... y explorar en los destinos de los vuelos de las compañías aéreas. Luego, una vez que hayamos encontrado el destino y el vuelo, informarnos sobre el país, los lugares de interés para visitar, la forma de desplazarnos dentro de él, diseñar un itinerario y, después, buscar los hoteles. Finalmente, y ya con todos la información en la mano, incluido los gastos, tomar una decisión. Si es favorable, adelante. En caso contrario no habremos perdido el tiempo. De esa manera he viajado muchas veces, cómodamente y sin moverme de casa. Realmenteo lo de remangarse es una expresión poco afortunada. El viaje comienza a disfrutarse con los sueños de la preparación.
Aunque cada uno tiene sus gustos, pienso que el mayor error del viajero es convertirse en turista. Integrarse en esos grupos compactos, sometidos a la disciplina de un guía y a un estrés casi permanente. Nuestro cerebro no es capaz de asimilar los datos que introducimos en grandes cantidades y atropelladamente.
La relajación y la tranquilidad debe ser una de las condiciones básicas del viajero. La ansiedad por querer verlo todo en un corto espacio de tiempo es su peor enemigo. Descansar bien para recuperarnos de los largos paseos. Visitar las mínimas atracciones turísticas imprescindibles. Entrar en museos solo en casos excepcionales, para estar como máximo una hora y para ver detalles concretos. Pero, sobre todo, pasear por calles, plazas, parques, junto al mar o los ríos. Sentarse a observar el paso de la gente o los juegos alegres de los niños y ¿por qué no? dejar volar la imaginación. Evitar los lugares llenos de turistas e intentar comunicarnos, en lo posible, con la gente del lugar. Todo eso contribuye a conocer el país y su gente.
Y ser, por encima de todo, humilde y no olvidarse jamás de la realidad: que todo es transitorio, que nada es importante y que pronto nuestro cerebro acabará como el disco duro de la contabilidad B del PP.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La magia de las palabras



  "PEQUEÑO VALS VIENÉS"
(Federico García Lorca)


 En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte 
y un bosque de palomas disecadas. 
Hay un fragmento de la mañana 
en el museo de la escarcha. 
Hay un salón con mil ventanas. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals con la boca cerrada. 

Este vals, este vals, este vals, 
de sí, de muerte y de coñac 
que moja su cola en el mar. 

Te quiero, te quiero, te quiero, 
con la butaca y el libro muerto, 
por el melancólico pasillo, 
en el oscuro desván del lirio, 
en nuestra cama de la luna 
y en la danza que sueña la tortuga. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals de quebrada cintura. 

En Viena hay cuatro espejos 
donde juegan tu boca y los ecos. 
Hay una muerte para piano 
que pinta de azul a los muchachos. 
Hay mendigos por los tejados. 
Hay frescas guirnaldas de llanto. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals que se muere en mis brazos. 

Porque te quiero, te quiero, amor mío, 
en el desván donde juegan los niños, 
soñando viejas luces de Hungría 
por los rumores de la tarde tibia, 
viendo ovejas y lirios de nieve 
por el silencio oscuro de tu frente. 
¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals del "Te quiero siempre". 

En Viena bailaré contigo 
con un disfraz que tenga 
cabeza de río. 
¡Mira qué orilla tengo de jacintos! 
Dejaré mi boca entre tus piernas, 
mi alma en fotografías y azucenas, 
y en las ondas oscuras de tu andar 
quiero, amor mío, amor mío, dejar, 
violín y sepulcro, las cintas del vals.








miércoles, 26 de julio de 2017

XXX Injusticia.

Mis primeros años de escuela y de bachillerato fueron un auténtico desastre. Vivía en San Sebastián de la Gomera. Para un niño todo el entorno era un patio de recreo infinito. Mi casa estaba a cinco minutos del mar, del barranco, del campo de fútbol, de las palmeras y de la plaza. Como ahora, vivía más de sueños que de realidades. Nunca tuve el más mínimo interés por la ortografía, la gramática, el latín o la geografía. Odiaba, y sigo odiando, aquellas clases donde nos enseñaban con unos métodos pedagógicos arcaicos de castigo y humillación. Era por los años 55/60 del siglo pasado. Años de fundamentalismo medieval y de dictadura embrutecedora.
Todos mis compañeros de clase eran más inteligentes, más estudiosos y más responsables que yo. Yo era de los últimos de la clase.
Aunque en aquel entonces, sumido en mis juegos, no me daba cuenta, hoy recuerdo, sobre todo, la miseria cultural y pobreza económica.
Cuando acabamos la escuela algunos de mis compañeros tuvieron que ponerse a trabajar para ayudar económicamente a sus familias. Lo mismo ocurrió cuando terminamos el bachillerato. Solo unos pocos, los que disponíamos en casa de una posición económica desahogada, pudimos, a pesar de nuestras limitaciones, continuar y hacer estudios superiores.
Siento, a pesar de los años transcurridos, la culpa de esa injusticia y pienso que una sociedad que se rige por esos principios está favoreciendo los privilegios de una estúpida élite y tirando por la borda su futuro.

miércoles, 19 de julio de 2017

...y Amén

En los foros científicos se habla, como de una verdad indiscutible y con mucha insistencia, de las nuevas técnicas que conseguirán, en algunos años, acabar con la muerte. Hace unos días estuve dialogando con un compañero defensor de esa creencia. Cuando le dije que eso era solo un sueño consecuencia de nuestro instinto de perdurar y que hasta el Sol tenía sus días contados, él me contestó que bueno, que lo del Sol quedaba muy lejos, dentro de muchos millones de años.
Esta mañana, antes de que saliera el Sol, he estado meditando sobre ello. Me acordé de la infancia. Esa etapa de la vida en la que el tiempo transcurría con tanta lentitud que nos parecía infinito. La madurez y la vejez, que ha llegado tan pronto, la veíamos tan lejos como los millones de años que le faltan al Sol para apagarse.
El instinto de seguir aquí, cueste lo que cueste, no es solo propio de los Sapiens, es de todas los organismos vivos. Cualquiera especie que perdiera ese instinto se extinguiría rápidamente.
Pero la razón me dice que es absurdo querer seguir aquí eternamente. No morirnos sería prolongar innecesariamente una incomprensible y absurda estupidez por los siglos de los siglos y Amén.

miércoles, 12 de julio de 2017

El misterio de la vida

Un hombre libera, en cada eyaculación, unos 250 millones de espermatozoides y una mujer 1 óvulo cada mes. Un hombre sano produce a lo largo de su vida unos 525 billones de espermatozoides y una mujer libera unos 450 óvulos, capaces de ser fecundados. De esas combinaciones se deduce que nuestros padres podrían haber concebido 200 trillones hijos diferentes, por lo que la probabilidad de que cualquiera de nosotros esté aquí es muy remota. 
Si tenemos en cuenta, además, que las probabilidades de que nacieran nuestros antepasados -padres, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos...- fueron las mismas, resulta que la probabilidad de nuestra existencia es un número infinitamente pequeño.
Estamos aquí como consecuencia de un hecho fortuito, como podía estar cualquier otro, y no por haber sido elegidos
Sin embargo, hasta el más humilde de nosotros va por la vida creyéndose el centro del universo, imprescindible y único. 
Nuestro sitio natural es la nada. Somos un improbable flash en medio de un vacío infinito.
¡Qué patético el viejo redactor de este blog! Se sabe descendiente de un simio, con un cerebro consecuencia de un proceso evolutivo caprichoso, oportunista, irracional y caótico, y, a pesar de ello, se divierte intentando, como un estúpido, encontrarle algún sentido a todo este lío.
  




miércoles, 5 de julio de 2017

La toalla del bidé.

Voy a hablarles del gran descubrimiento que hice, por casualidad, hace unos días.
Me estaba bañando en casa. Leonor, mi mujer, había salido. Cuando terminé la ducha me di cuenta que la toalla de baño no estaba colgada en su perchero, como es habitual. Pensé primero en ir a buscarla. Para ello tendría que ir hasta la solana, en el otro extremo de la casa, donde debería estar y regresar. Chorreando agua, como estaba, iba a dejar todo perdido. No sabía qué hacer. De pronto, vi que la pequeña toalla del bidé estaba en su sitio y al alcance de la mano. En principio, no me pareció bien. Seguro, a ella no le gustaría. Pero lo pensé mejor. Siempre que uso el bidé me limpio bien, con profundidad y detenimiento. La toalla solo la uso para secarme ligeramente. La toalla debe estar perfectamente limpia. Así que, me llené de valor, la cogí y me sequé.
En principio no le di importancia. La coloqué en su sitio y fui al dormitorio a vestirme. De pronto se encendió una gran luz que iluminó, como un flash, el interior de mi cerebro. ¡Eureka, lo he descubierto! Corrí, desnudo como estaba, y cogí un metro. Medí la toalla del bidé (0,40 x 0,25 = 0,10 m2) y la de baño (1,50 x 1,00 = 1,5 m2) !Dios mío, 15 veces más pequeña! Toda la vida he usado para secarme, después del baño, una toalla de 1,5 m2, cuando podría haberlo hecho con una de 0,10 ¡Qué locura! ¡Qué derroche! ¡Qué estúpidos somos los humanos!
¡Qué bien me sentía con mi nuevo descubrimiento! Orgulloso, importante, en posesión de la verdad y por encima del resto de mis semejantes, casi como el expresidente del Gobierno, José María Aznar.
En cuanto mi mujer llegó a casa corri, entre orgulloso y eufórico, a decírselo. Cuando terminé, dejó en el suelo unas bolsas que traía en las manos, se incorporó, se giró hacia mí, me miró y me dijo entre enfadada y sería: “Deberías ir al médico, cada día estás peor. La próxima vez te secas con un confeti".
Agaché la cabeza y me retire humillado. Estoy acostumbrado a sus críticas, pero esta vez... ¡Qué frustración! ¡Qué desengaño! ¡Qué golpe tan duro! Creo que nunca me he sentido tan mal, ni cuando critica mis pobres "ocurrencias". Somos como Don Quijote y Sancho. Yo siempre intentando, sin conseguirlo, traerla hasta los cerros de Úbeda, por donde siempre ando perdido y ella procurando llevarme a una aburrida realidad.
Escribo esto con la esperanza de incluirlo, algún día, en un libro que debería titularse "las imbecilidades humanas".

lunes, 26 de junio de 2017

El héroe

Hacía pocos días que el joven, de 18 años, había llegado al frente. Esa mañana, sus compañeros habían cogido un prisionero. Era un muchacho tan joven como él. Todos lo sabían: "el comandante no quería prisioneros". Dio la orden: "que lo mate el nuevo, para que se vaya haciendo un hombre". Sus compañeros, oficiales y soldados, estaban presentes. El prisionero estaba de rodillas en el suelo, atado y humillado. El joven se acercó y colocó la pistola a pocos centímetros de su cabeza. En un gesto, que pareció de debilidad, bajó lentamente el brazo y apuntó hacia el suelo. Luego, lo levantó, en un movimiento rápido, colocó la pistola frente a su propia cabeza y disparó.

lunes, 19 de junio de 2017

El cerebro.

La soberbia innata de nuestra especie no tiene límites. Nos hace creer a todos, y en especial a los científicos, que el cerebro humano es la mayor perfección del universo.
¿Para qué nos sirve ese maravilloso cerebro que tenemos los humanos? Para tonterías: para hacer herramientas y maquinarias, grandes construcciones, computadoras y naves espaciales.
Sin embargo, para lo importante y fundamental, para lo que de verdad nos preocupa e interesa, para eso, es un verdadero inútil. Es incapaz de sacarnos del laberinto de incertidumbre donde estamos atrapados y a donde él nos ha llevado con su irracional torpeza.

miércoles, 14 de junio de 2017

Las Cruces.

En caminos rurales de una de nuestras islas se pueden ver cruces colocadas en una especie de altar. Un panel informativo, junto a ellas, dice que es costumbre, en el mes de mayo, adornarlas con flores y joyas. Luego aclara que en algunos casos las joyas son propiedad de la propia cruz que feligreses caritativos le regalan, en otras son de vecinos del lugar que le prestan para esos días.
En principio, parece tan extraño... ¿Cómo es posible homenajear a esas cruces con, justamente, lo que más despreciaba el que fue clavado en ella?
Pero luego, meditándolo, parece completamente racional y lógico. El mundo sobrenatural apareció hace poco más de 100.000 de años, cuando a los homínidos, que estaban desarrollando su cerebro, les entró el pánico al hacerse conscientes de sí mismo y de su propia muerte. Sin embargo el egoísmo, la soberbia, la fuerza, el ansia de poseer y de dominar, forman parte de la propia vida y están con ella desde su nacimiento sobre la tierra, hace más de 3.500 millones de años.



sábado, 10 de junio de 2017

La objetividad

Decimos que el amor es ciego porque cuando nos enamoramos una parte de nuestro cerebro se desactiva y nos impide ver los aspectos negativos de la persona amada.
Lo mismo nos sucede a la hora de juzgar todo "lo nuestro": nuestra familia, nuestros amigos, nuestra tierra, nuestra raza, nuestra cultura, nuestra religión...
Esa es la razón por la cual nos parece tan racional y lógica nuestra forma de pensar, nuestros principios, nuestras leyes, nuestros mitos religiosos y tan absurdos los de "los otros".
La objetividad es un sueño inalcanzable que conduce al rechazo social, al aislamiento y a la soledad.





miércoles, 7 de junio de 2017

Lluvia

Solo, como cada día, he salido a pasear. La playa está desierta por la lluvia. Siento, bajo mis pies, el contacto de la arena húmeda.
Empiezan, de pronto, a despertar los viejos recuerdos de la infancia. Los paseos junto al barranco, viendo el agua marrón correr hacia el mar. Las mujeres lavando la ropa, arrodilladas, en el borde de la barranquera. El ruido de la lluvia. El tiempo detenido, contemplando hipnotizado los hilos de agua caer, deshaciéndose, sobre el cemento del patio. Las gotas rodando por los cristales. Las gafas y el libro de mi padre sobre la mesa. Las botas de agua y los charcos. El mar embravecido golpeando la playa y el muelle. El cielo gris. El tiempo transcurría tan despacio y llovía tan poco -o a mí me lo parecía- en La Gomera, que cuando lo hacía era una fiesta. 
Ahora, sobre la playa, empieza a llover con fuerza. La lluvia se desliza por el chubasquero y de mis pies, descalzos, brota el agua como desde una fuente.

miércoles, 31 de mayo de 2017

La Televisión

Todas las noches, después de la cena, me paso una hora explorando las infinitas cadenas de la televisión. Por mucho que lo intento no consigo encontrar algo que pueda interesarme. Antes de las once me voy a la cama. Al siguiente día, a las cinco de la mañana, estoy levantado, disfrutando del silencio, leyendo, escribiendo mis tonterías y esperando tranquilo el nuevo día.

miércoles, 24 de mayo de 2017

El yugo

Nacemos completamente desamparados y somos entregados a una familia, a una sociedad, a una cultura, a una religión y a un país, que nos educa para ponernos a su servicio.
Pasamos toda la vida despreocupados y felices, con el yugo alrededor del cuello, sumergidos en la corriente, siguiendo a la manada, a sus líderes y a sus maestros.


miércoles, 17 de mayo de 2017

El ratón y el gato

El alma y los dioses
nos hacen infinitos.
Para eso los inventamos.
Para aliviar nuestro pánico al vacío.
Para vengarnos de la muerte que,
segura de su victoria,
se entretiene jugando con nosotros,
como el gato con el ratón herido.

miércoles, 10 de mayo de 2017

El precio de la libertad

Nacemos en una barca varada sobre la playa. Prontoy casi sin darnos cuenta, nos la van llenando con una pesada carga de principios, normas, verdades absolutas, supersticiones y mitos. Se va haciendo más y más pesada. Se hace tan pesada que ni las olas, ni las mareas consiguen hacerla flotar.
La mayoría pasan toda su vida, confortablemente, sobre la arena, protegiendo y defendiendo el lastre acumulado.
Unos pocos, de noche y a escondidas, intentan echar todo por la borda.
Los que consiguen escapar del engaño se sienten finalmente libres, pero solos, en medio del océano y a la deriva.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Los viajes de la infancia

(El primer vehículo a motor llegó a Tenerife en febrero del año 1902
y en el año 1909 habían en la Isla 10 coches circulando)

Mi padre, Fernando Espinosa García, que nació en 1899, me contaba que cuando era un niño viajó en coche de caballos, con sus padres y sus hermanos, desde Los Realejos, donde vivían, hasta Santa Cruz. Tardaban toda una jornada en realizar el trayecto. Salían de casa al amanecer, almorzaban en el Hotel Camacho de Tacoronte, donde cambiaban los caballos, y llegaban a Santa Cruz con las últimas luces del día.



El "Hotel Camacho" de Tacoronte


Cuando yo era un niño, en los años 50 del siglo pasado, en verano, con mis padres y mis hermanos, viajábamos desde La Gomera, donde vivíamos, hasta Los Realejos. Aquellos viajes los recuerdo como la mayor y más maravillosa aventura que yo haya vivido nunca. 
Entonces, hace casi 70 años, no había muelle en San Sebastián de la Gomera. El “correíllo” fondeaba en la bahía. En bote de remos nos llevaban desde la playa hasta la escalerilla, situada en uno de los costados del barco, por donde subíamos hasta la cubierta principal, aunque a mí me parecía subir al cielo ¡Qué feliz me sentía yo correteando sobre aquel gran caballo negro!


El viejo "correillo"



El barco levaba anclas a las 12 del mediodía y se hacía a la mar. Cruzábamos el Callejón de Juan Prim y, luego, subíamos lentamente toda la costa este de Tenerife -La Rasca, Montaña Roja, El Médano, El Porís, Fasnia, Güímar y Candelaria- luchando contra el fuerte alisio de verano. Todo el barco iba envuelto en una bruma de agua, sal y yodo. Después de ocho horas de navegación, a las 8 de la tarde, llegábamos a Santa Cruz. En el muelle cogíamos un taxi hasta la Plaza Weyler y, desde allí, un “pirata” nos llevaba a Los Realejos, a donde yo llegaba, después de tantas emociones, rendido por el sueño.
Resucitaba feliz, al siguiente día, en la vieja casona de mis abuelos.

miércoles, 26 de abril de 2017

La trastienda

Aquí,
donde parece que yo vivo,
ya no me interesan ustedes,
ni yo.
Yo ya vivo,
casi todo el tiempo,
en otro mundo.
En un mundo que yo me he fabricado.
En ese mundo imaginario
existe también
el mar, la brisa y las palmeras,
igual que aquí.
Pero no gente como ustedes,
ni como yo.
Existe gente, sí,
pero otra gente.
Gracias a ese nuevo mundo
yo consigo seguir aquí,
ahora,
conmigo
y con ustedes.

 

lunes, 24 de abril de 2017

jueves, 20 de abril de 2017

La risa de los dioses

¿Para qué trabajamos, estudiamos, escribimos, bailamos, bebemos y fumamos, navegamos, caminamos, nos drogamos, hacemos dietas de adelgazamiento, escalamos, comemos, nadamos, leemos, hacemos terapia de grupo, viajamos, pintamos, hacemos yoga, esculpimos, copulamos, componemos música, soñamos...?
¿Para entretenernos ocupados en algo mientras esperamos que se acabe este estúpido absurdo o, quizás, para olvidarnos de ese viaje futuro próximo cierto que nos espera?
¿Para qué nos sirve la razón? Vivimos con el deseo permanente de afirmar ante los demás nuestro "yo", con un ansia desmedida de poder y con un deseo permanente de acaparar propiedades y cosas. 
Vivimos como si fuésemos eternos, aunque sabemos que nacimos, casualmente, hace unos pocos años y que la única propiedad que tenemos es ese barco que nos espera, que debemos tomar en un corto espacio de tiempo y que nos llevará de regreso a la nada.

miércoles, 19 de abril de 2017

La fuerza

                           
LOS GALLOS
Cuando canta el gallo negro
es que ya se acaba el día.
Si cantara el gallo rojo 
otro gallo cantaría...

(Poema de Chicho Sánchez Ferlosio,
sobre la Guerra Civil Española)



La fuerza es la gran bestia irracional
que dirige la vida y la evolución. 
La razón solo sirve para hacer más poderosa a la fuerza
Ella, la fuerza, fija las fronteras,
impone  las religiones,
establece las normas y las leyes.
dice quién tiene la razón,
quién ordena y quién obedece,
Todo lo demás:
la verdad, el arte, la poesía, la música, la literatura...
son solo juegos de salón,
entretenimientos pasajeros,
parásitos,
que se alimentan  y florecen sobre ella,
sobre la fuerza victoriosa.




jueves, 13 de abril de 2017

La sexualidad y las metas imposibles

En un estudio sobre el comportamiento sexual de los humanos se dice que los hombres eyaculan un promedio de dos a tres veces por semana. Pero se aclara, también, que este número no puede servir de referencia para todos puesto que una cosa es ser un joven vigoroso y lleno de hormonas y otra, muy diferente, un adulto mayor de 50 con un nivel de testosterona en declive. Por lo tanto, estos promedios cambian según el grupo de edad: los menores de 30 tienen esa necesidad una vez cada dos días; en la franja de 30 a 50 el promedio es de dos veces por semana, y para los mayores de 50, lo normal es cuatro veces al mes.
El instinto sexual lo llevamos grabado a fuego en nuestra genética. Si uno solo de nuestros antepasados no hubiera copulado no estaría yo aquí escribiendo tonterías, ni ustedes leyéndolas.
Todos los mamíferos, excepto algunos simios y el hombre, copulan solo cuando la hembra está receptiva y preparada para ser fecundada, lo cual suele ocurrir pocas veces al año. El Homo Sapiens necesita satisfacer sus necesidades sexuales heredadas, como respirar o comer. 
Seguramente con el fin de ordenar la vida social, se ha considerado todo lo relacionado con el sexo como algo malo y pecaminoso que, como la muerte, se mantiene oculto. Como consecuencia de ello algunas religiones pusieron entre sus normas que sus pastores debían mantenerse célibes, a pesar de que todos sabemos que es una meta imposible. Un hombre necesita satisfacer sus necesidades sexuales heredadas, como respirar o comer.
Esta costumbre que, a pesar del desarrollo del conocimiento del comportamiento humano, se sigue manteniendo, cuánto daño nos ha hecho a todos y en especial a las religiones, a sus pastores y a sus feligreses. Cuanto daño hubiéramos evitado si nunca se hubieran establecido esas normas antinaturales.
El sexo y la religión no tienen nada que ver. El sexo sirve para la supervivencia de la especie y las creencias religiosas para vencer a la muerte.
¿Por qué no pueden los sacerdotes formarse en una universidad en lugar de seminarios cerrados, convivir con los otros estudiantes, tener una compañera y llevar una vida sexual normal como el resto de los mortales?
Pienso que nos beneficiaríamos todos y en especial ellos.

jueves, 6 de abril de 2017

El percebe y la medusa

El pesado ancla de la educación
nos programa para ser iguales,
para mantenernos fieles a sus principios,
para tener un rebaño compacto y sin fisuras.
Temiendo, como un percebe en la roca
al océano infinito.
Cortar la cadena que nos une al fondo
No hay otra solución.
Convertirnos en medusa
Y vagar errante por el océano
Es la primera tarea del hombre libre.

viernes, 31 de marzo de 2017

El triunfo del monoteísmo.

Reflexiones después de la lectura del prólogo a la edición inglesa del libro "Dioses y mitos de la India", de Daniélou.
Las religiones politeístas antiguas, en general, y la hindú, en particular, reconocen y aceptan para cada hombre y para cada país, un camino diferente de realización, con modos diferentes de moralidad, rituales y dioses. Por eso, el hinduismo evita fijar reglas de comportamiento y en él, no hay lugar para los dogmas ni para el proselitismo.
El maestro enseña lo que sabe. Enseña, también, que la suya no es la única verdad, porque sabe que ignora las infinitas verdades de los otros. No puede asegurar que el suyo sea el único camino. Expone cuanto sabe y deja que el alumno realice sus propios descubrimientos y encuentre el camino de su propia realización y crecimiento.
Nadie puede fijar normas para que los demás las sigan. Las reglas de la moralidad obedecen a convencionalismos sociales y nada tienen que ver con el desarrollo personal.
Por el contrario, nuestras naciones civilizadas y nuestra cultura monoteísta, está poseída de una soberbia y una irracionalidad casi infinitas. Están ciegamente convencidas de que su mitos son los únicos verdaderos y, por ello, necesita expandirlos, convencer a los demás,  hacerlos universales. Siguen ciegamente sus creencias y la imagen de un único dios verdadero que dirige sus guerras y aprueba sus prejuicios, costumbres sociales y leyes.

Reflexiones después de la lectura del libro "Sapiens, de animales a dioses", de Yuval Noah Harari.
El poder de la Iglesia se basa en que todos sus feligreses creen, sin dudarlo, que Dios fecundó a una mujer y que sus sacerdotes tienen el poder de convertir, siguiendo un rito establecido, el pan y el vino en el cuerpo y la sangre  del Hijo de Dios, producto de esa concepción.
El triunfo del monoteísmo se debe exclusivamente a que cuando millones hombres, de diferentes lenguas, razas y naciones, creen en un mito, el poder del grupo creado alrededor de ese mito, se hace inmenso, porque permite a millones de extraños trabajar y cooperar juntos para un objetivo común.
Para que el sistema sea eficaz, es imprescindible que todos sus miembros crean en el mito ciegamente, por muy disparatado que parezca, y lo defiendan apasionadamente ¿Por qué si no, consideramos tan absurdos los mitos de los otros y tan lógicos los nuestros?
Nuestra sociedad monoteísta, PREMIA a los que siguen fielmente al gran rebaño, y TEME y REPRIME el espíritu crítico, despreciando, apartando o persiguiendo, a los que intentan ser ellos mismos.




martes, 28 de marzo de 2017

Antes de amanecer.

El 28 de marzo de 1942, hace hoy 75 años, murió Miguel Hernández. Con él, con Machado y con tantos otros murió todo un mundo de sueños e ilusiones. Un mundo de sueños e ilusiones que se llevó primero la dictadura y luego la nueva cultura vigente que nos rodea, manipula, homogeniza y embrutece.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Mi dios.





Fernando Espinosa García (1899-1972)

Mi madre lo adoraba y desde niños nos enseñó a adorarlo como a un ser superior. Seguramente por eso pensaba yo que era inmortal, como los dioses. Cuando murió, hace 44 años, la realidad, como una gran piedra, me golpeó la cabeza con tanta fuerza que su herida aún permanece abierta. No entendía -y sigo sin entender- cómo "todo esto" puede seguir existiendo sin su presencia.
Mi padre, Fernando Espinosa García, nació en Los Realejos, el día 8 de octubre de 1899, y murió en La Orotava, el día 31 de octubre de 1972.
Él me clavó esta espina que he llevado toda la vida. Me dejó de herencia un cofre con las preguntas que el hombre se hace desde que está sobre la tierra. Una espina que nunca he podido –o quizás no he querido- arrancarme.