sábado, 25 de abril de 2020

XXX Liberación

El virus, que nos diezma y aterroriza, nos está empujando, casi sin notarlo, a atrincherarnos en el fuerte, con todos los cerrojos bien pasados, y a rescatar los viejos prejuicios del pasado, que nos conducirán, irremediablemente, al embrutecimiento. Ninguna cultura tiene posibilidades de ennoblecerse si no tiene otras con las que relacionarse.
El "hombre" debe ser, ante todo, universalista. La solidaridad y la comunión entre todos los hombres, que es un noble mandamiento cristiano, debería ser la única bandera de la especie. La comunión, no solo entre nosotros sino también con los demás seres vivos y con el propio planeta, es nuestra única esperanza. En su lugar nos encerramos en unas patrias construida sobre mitos y leyendas inventadas por los antepasados para mantenernos aislados dentro de  gruesos muros.

viernes, 24 de abril de 2020

XXX Un nuevo país de viejos

Antes, solo los viejos, ya sin ambiciones, disfrutábamos de las cosas que están ahí, a la vista y al alcance de todos: el sol y las estrellas, los atardeceres y los amaneceres, la brisa del mar en el rostro mientras se camina sobre la arena de la playa, los senderos entre la laurisilva, la lluvia, los viejos poemas, los pensamientos de los clásicos... 
El resto, mientras tanto, cegados por las carreras, las prisas y la estampida, tomaban todo eso, que tanto valoramos los que estamos en la edad de las despedidas, como el decorado.
El coronavirus, con el encierro y el brusco frenazo, ha convertido a este país en un asilo. Un país que empieza a mirar las cosas que hace unos meses solo le interesaban a los ancianos. Un mundo que a partir de ahora, dicen y espero, será más lento y más reflexivo. De ese nuevo mundo de viejos espero yo la salvación. Es nuestra última esperanza.  

miércoles, 22 de abril de 2020

LA HIBRIS (NO)

La hibris es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’. Es el intento de transgresión de los límites impuestos por los dioses a los hombres. La transgresión de su propia naturaleza: mortales y terrenales. La consideraban la mayor falta de los hombres. 
A pesar de que el Dios en la Biblia expulsó del Paraíso a Adán y Eva, posiblemente por esa misma razón, nosotros seguimos en nuestro vano intento de alcanzar su poder. No deja de ser curioso que intentemos con todas nuestras fuerzas parecernos a algo que solo existe en el interior de nuestro cerebro y que es fruto de nuestra imaginación.
¿Quién ha olvidado cómo hasta hace pocos meses hablábamos orgullosos de nosotros, de nuestro maravilloso cerebro y de nuestro dominio sobre las otras especies y sobre el planeta?
¿Quién ha olvidado cómo algunos científicos se vanagloriaban de los progresos en biología, medicina y genética, que nos harían, como los dioses, eternos?
Un microscópico e insignificante virus, en el plazo de unos pocos meses, ha hecho tambalear todo nuestro orgullo.
El coronavirus podría ser la hibris que envían los dioses de la antigua Grecia sobre el gran manicomio, en que se ha convertido este planeta, para hacernos entrar en razón.
En mi pesimismo crónico, creo, que todo seguirá igual. Después que pase, los que sobrevivan lo olvidarán y seguirán orgullosos la ciega eterna estampida. 

martes, 21 de abril de 2020

El coronavirus IV (NO)



Aunque hoy, en la isla,  luce un día espléndido de primavera, los negros nubarrones y las rachas de viento huracanado de las noticias, anuncian un temporal devastador.
Nada puedo hacer para modificar la tormenta que se avecina. Solo me queda esperar, observar y, si es posible, aprender.
El miedo, que nos ha metido asustados dentro de la cueva, ha sacado a la luz las más bajas pasiones y, también, los más nobles instintos de nuestra especie.
Ha puesto a la vista, de todo aquel que la soberbia no le impida mirar, la delicada fragilidad de nosotros, de nuestras verdades, de nuestra estructura social y de nuestra especie.
Mientras el sol sigue pintando con pasteles cada mañana y cada tarde las nubes, el mar copiando el azul del cielo y el viento salpicando de manchas blancas las crestas de las olas, yo tengo la suerte de poder compartir la soledad de estos días de encierro con la mujer que me guía desde la lejana juventud.



jueves, 16 de abril de 2020

XXX Los tiempos de la vida

DEDICATORIA: Para Sergio Armas López de Vergara,
que hoy cumple dieciocho años.

Desde la cofa del palo del trinquete me llegó ya el grito de “tierra a la vista” y desde la cubierta puedo ver una franja oscura en el horizonte, bajo las nubes, donde se encuentra mi destino. Tú te estás alejando de la costa y buscas, empujado por la fuerza de la vida, el mar abierto.
La cabeza de un hombre que está en el atardecer de la vida y la de un joven son tan parecidas y, a la vez, tan diferentes. 
Uno tiene un largo camino y un tiempo casi infinito por delante y para el otro todo pasó en un instante.
Al final, después de cruzar el océano, descubres que no has aprendido nada. Sigues dándole vueltas a las preguntas de los dieciocho años.
Pero no, sí, aprendes algo. A valorar lo pequeño, lo humilde y lo sencillo. Aprendes que lo demás solo sirve para tapar el hueco de nuestro vacío interior.

domingo, 12 de abril de 2020

XXX Desnudos, frente al espejo

¿Quién tiene valor para desnudarse y ponerse frente al espejo?
Primero fue Platón (427-347 a.C.) y el mito de la caverna. Luego, Kant (1724-1804) y la crítica de la razón pura. Después, Darwin (1809-1882) y su teoría de la evolución de las especies. Y, más tarde, los últimos conocimientos sobre percepción. 
Nunca llegaremos a conocer realmente del mundo que nos rodea por las limitaciones de nuestra propia naturaleza.
La percepción, como intuyó Platón y Kant, nos enseña que el cerebro, que vive rodeado de huesos y en la más completa oscuridad, mediante los impulsos eléctricos que le llegan de los sentidos, se fabrica una representación virtual del mundo exterior. Ese otro mundo que se imagina e inventa nuestro cerebro, nos ayuda a transitar por un mundo que nos será siempre inalcanzable. Vemos el mundo igual que un ciego de nacimiento que solo lo imaginara con la ayuda de su bastón.
La verdad siempre ha sido una desconocida para nuestro cerebro. Hemos sido diseñados por la evolución para luchar por la supervivencia. Lo que llamamos principios y verdades no tienen sentido para nuestro cerebro. Se modifican en función de nuestras necesidades de supervivencia.
Viviendo, como vivimos, en ese mundo virtual, son tan sencillos los juegos de imaginación.  
La mayor parte de nuestro cerebro está ocupada por fantasías que solo hemos creado para ayudarnos a sobrevivir. 
Darwin nos enseñó que somos una especie más sobre el planeta, pero nuestro cerebro, que es más fundamentalista que racional, no se deja convencer.
Una de las funciones principales de nuestro cerebro es tenernos siempre bien cubierto con la túnica de las mentiras para impedir que veamos nuestra propia realidad.
¿Quién tiene valor para desnudarse y ponerse frente el espejo? 

viernes, 10 de abril de 2020

XXX El héroe (poesía)

Esa mañana, al despertar, escuchó la noticia. Sus compañeros traían un prisionero. Con diecisiete años acababa de llegar al frente. Después, otro comentario: “el comandante no quiere prisioneros”.
Al mediodía, el comandante ordenó que lo hiciera uno de los nuevos. El teniente lo eligió a él.
Toda la Compañía estaba formada. El prisionero, atado y arrodillado, esperaba. El elegido se aproximó y apoyó su pistola en la frente del prisionero. Luego, lentamente, bajo el brazo hasta casi apuntar al suelo. De pronto, con gesto firme, levantó el arma, la dirigió hacia a su propia cabeza y disparó.

jueves, 9 de abril de 2020

XXX Los guachinches

Lo que más echo de menos de este encierro son mis paseos en soledad, el Lancelot, la Biblioteca de la Universidad y los guachinches.
Yo, desde hace unos años, en casa no tengo bebidas alcohólicas. Solo bebo alguna cerveza por ahí y el vino tinto de los guachinches.
Me gusta el ambiente familiar y sencillo de los guachinches, la forma despreocupada de vestir y de comportarse de sus clientes, su vino y esa sabrosa comida de las medianías.
Con los guachinches me pasa igual que con la música. Prefiero la más humilde de las bandas de música de cualquiera de nuestros pueblos que la mejor orquesta sinfónica del mundo.
Como ven, por mucho que quiera esconderse, el mago no puede disimularlo.

XXX El grano de arena (misterio)

Todo nuestro inmenso universo visible, con sus millones de millones de estrellas y de galaxias, es solo un diminuto grano de arena, sin la menor importancia, que vaga errante, impulsado por el viento, en el desierto de un mundo descomunal donde viven unos seres también descomunales.
Dentro de cualquier humilde grano de arena, que vaga errante impulsado por el viento en cualquiera de nuestros desiertos, existen pequeños átomos. En los diminutos electrones de alguno de esos átomos, que giran alrededor de su núcleo, viven unos seres también diminutos.
Esos seres descomunales y esos seres diminutos, creen, como nosotros, que todo lo que existe es solo su grano de arena, dentro del cual nacen y mueren prisioneros sin saberlo.

lunes, 6 de abril de 2020

XXX El niño malcriado

El cerebro humano es inexplorable. Se encuentra en lo más hondo de una profunda caverna de huesos. Es una incógnita hasta para su propietario.
Leonor y yo llevamos casados más de 47 años. ¡Ah! y 6 de novios- apostilla siempre ella.
Como es normal en estos casos no nos llevamos muy bien, ni bien, pero tampoco muy mal, ni mal, yo diría razonablemente bien, o mejor, medianamente bien, pues lo razonable poco tiene que ver los humanas.
Ella es la de la razón, la que cruza siempre la calle por el paso de peatones, la del orden, la de la legalidad, la de la verdad, la del compromiso, la de la formalidad y la de la corrección. A pesar de que soy el hombre más calvo de la isla, cada vez que vamos salir a la calle me pregunta: «¿tú te peinaste?».
Yo siempre ando perdido por los Cerros de Úbeda, viviendo entre sueños irracionales y ajeno al mundo que me rodea, como forastero en un país lejano del que desconociera hasta el idioma. Así paso yo el poco tiempo que me queda, arropado en la dulce vejez.
Todos estos días de encierro y soledad en común nos ha servido para explorarnos discretamente. Una especie de tibia luna de miel, como corresponde a una pareja que ha superado la barrera de los 70 años, se está produciendo,
Ella es la verdadera artífice y la que lleva todo el peso de esta relación. Yo soy solo el niño despistado y malcriado que se resiste a ser educado y con el que ella se divierte. 



sábado, 4 de abril de 2020

El encierro I (NO)

Con el encierro domiciliario he podido comprobar que la escalera del edificio donde vivo, desde la planta baja a la azotea, tiene 118 escalones.
Mi edificio, junto con otros tres bloques, forman un conjunto aislado, rodeado por una reja metálica de unos 2,5 metros de alto. Los cuatro están situados de forma irregular y a diferentes alturas.
Cuando nos vinimos a vivir aquí, hace unos 25 años, Yurena había comenzado ya la Universidad y se le había pasado el tiempo de las pelotas y las bicicletas, por lo que nunca pudo disfrutar de las zonas comunes. Siempre entro y salgo por el garaje y en las pocas ocasiones que lo hago a pie utilizo una puerta de la verja muy cerca de mi portal. No había transitado nunca por los paseos, las plazas y los jardines de las zonas comunes.
En la primera semana de la cuarentena, preocupado por el óxido de mis articulaciones, empecé a explorar todo el recinto.
Descubrí, con alegría, que en subir y bajar los 118 escalones de mi edificio y en recorrer todo el interior del complejo, que ahora está vacío y en silencio, tardaba entre 15 y 20 minutos.
Ahora, cada día, recorro cuatro veces el circuito.

martes, 17 de marzo de 2020

XXX Isabel García Estrada (familia)

Una anciana pequeña, delgada, vestida siempre de negro, sentada cosiendo en una silla diminuta que no levantaba un palmo del suelo y alrededor de la cual giraba toda aquella gran casa con toda su numerosa familia. Ese es el recuerdo infantil que conservo de abuela Isabel. También llamaron mi atención de niño sus venas marcadas, sobresaliendo bajo la pálida piel de sus pequeñas manos, sus cabellos blancos y aquellas gafas de cristales gruesos y opacos consecuencia de una cirugía antigua de cataratas.
Esa imagen, que conservo grabada desde la lejana infancia, es la que intento rescatar del olvido, antes que la muerte la borre para siempre de mi memoria.
Yo me enteré que abuela Isabel no era realmente mi abuela cuando ya era un muchacho. Mi madre me lo contó como un secreto. Mi padre la nombraba como si fuera su madre y la quería y respetaba como si ella lo hubiera parido, aunque en verdad era su tía. El día que abuela Isabel murió, siendo yo un joven de unos dieciséis  años, comprendí que una parte de mi padre se había ido con ella. La misma sensación de orfandad que luego padecería yo cuando él se nos fue. Después de la muerte de abuela Isabel, al poco tiempo, sin la aprobación de mi padre, algunos de mis tíos vendieron precipitadamente la casa familiar de Los Realejos. Cuando le trajeron el cheque con su parte yo estaba junto a él. Fue un día triste. Comprendió que había perdido para siempre sus raíces y la seguridad de aquel gran grupo familiar donde se había criado y del que abuela Isabel y la casona de Los Realejos eran sus últimos representantes.

Foto de 1918
Foto de las familias Espinosa, García Estrada y Chaves,
 tomada en el patio de la casa de mis abuelos.
Abuela Isabel está sentada en la segunda fila, la 4ª por la izquierda,
y tiene sentada en su regazo a su última hija, Soledad.

Los recuerdos de abuela Isabel están archivados en mi memoria junto con los de la vieja casa de mis abuelos, ahora abandonada y en ruinas, en el número 6 de la antigua calle de las Toscas, hoy García-Estrada, en el barrio realejero de San Agustín. Era, o a mí me lo parecía, inmensa, como una residencia. Esa casa fue la catedral de la familia. La Ítaca protectora a donde todos regresaban y a la que siempre estuvieron atados. Allí pasaban sus hijos, ya mayores, temporadas de sus vacaciones acompañados de sus cónyuges e hijos.  Allí fue a morir el pobre tío Agustín, tan joven, cuando lo trajeron de La Palma gravemente enfermo. Allí fue cuidado durante su enfermedad tío Pepe.
Yo la visité solo en contadas ocasiones y por cortos periodos de tiempo. Fue por los años cincuenta del siglo pasado, cuando era un niño, acompañando a mi padre. Un padre feliz de reencontrarse con su infancia. Entonces ya había pasado el primer periodo de su historia. Ya había muerto mi abuelo Manuel y mis tíos mayores, Agustín y José, a los que nunca pude conocer. Por aquel entonces todos llamábamos a aquel caserón “la casa de abuela Isabel”. 
Recuerdo sus largos pasillos, iluminados por aquellos grandes ventanales; el patio interior y los jardines, donde jugábamos los niños; el garaje, en un extremo del jardín, con el viejo coche descapotable que había sido del abuelo, ya inservible, con su volante de madera donde yo me subía a soñar que conducía y aquel gran salón-comedor que iluminaba una inmensa vidriera desde donde se veía durante el día el Valle y durante las noches las luces del Puerto de la Cruz y las estrellas. En su larga mesa comían entre quince y veinte adultos. Los niños comíamos aparte, en una mesa baja, junto a la vidriera. El recuerdo de aquella vieja casona está tan difuminado por la lejanía del tiempo que hoy me parece como si nunca hubiera estado entre sus muros, como si solo los hubiera imaginado mientras leía una vieja novela.



Fotos actuales de la casa en ruinas
Fachada y vista posterior.

 Mi abuelo, Manuel Espinosa Suárez, se casó en la última década del siglo XIX con Antonia María García Estrada, que fue realmente mi abuela. Con ella tuvo nueve hijos. el primer Agustín, que murió a los pocos días de nacer, y luego Juana, Agustín, José, Fernando, Antonio, Felisa, Isabel y Joaquín. Abuela Antonia María murió en el parto de Joaquín, cuando mi padre, Fernando, tenía unos cinco años, por 1905. Isabel y Joaquín, los más pequeños, no llegaron a la mayoría de edad, los restantes seis tuvieron descendencia.

Foto de 1905
Los hijos de abuela Antonia María, un poco después de su muerte.
Delante: Antonio, Felisa, Joaquín e Isabel.
Detrás: Agustín, Juana, Fernando y José
Joaquín, el más pequeño, sentado en el regazo de la mayor, Juana.

 Abuela Isabel, que era hermana de abuela Antonia María, estaba muy unida a ella y le ayudaba en la crianza de su numerosa prole. Después de morir su hermana, abuelo Manuel le pidió que se casara con él. Abuelo Manuel y abuela Isabel, tuvieron cuatro hijos: Isabel, Manolo, Antonia María y Soledad. Isabel y Manolo tuvieron descendencia. Antonia María y Soledad, aunque murieron mayores, no tuvieron hijos.
Abuela Isabel se casó con su cuñado y se ocupó de la crianza de los ocho hijos de su hermana Antonia María, a los que siempre cuidó como si fueran suyos, y de los cuatro que ella tuvo. Su inteligencia fue tal que nadie pudo diferenciar el trato que siempre les dio a todos por igual. Todos, sin distinción, la llamaron siempre “madre”.

Foto de 1916
 Mis abuelos, Manuel e Isabel, con los 10 hijos que alcanzaron la mayoría de edad.
La niña sentada en el regazo de abuela Isabel es su sobrina, Adela, que se quedó huérfana al nacer y que ella se ocupó de criar.
En primer plano, Soledad, de blanco y con lazo en la cabeza.
Sentados, Agustín, Felisa, Abuelo Manuel, abuela Isabel y Adela, y Fernando (mi padre).
De pié, detrás, Isabel, Juana, Antonio, Manolo, José y Antonia María.


En aquel enorme caserón vivieron también bajo su cuidado y protección otros familiares:
Agustín Espinosa Boissier, mi primo, que nació después de morir su padre, tío Agustín. Vivió allí desde su nacimiento hasta que se vendió la casa. Ella se encargó de criarlo y educarlo como su últimos hijo.
Su sobrina, Adela Hernández García, desde su nacimiento hasta que se casó. Era la hija de su hermana Adela García Estrada, que murió en el parto de su primera y única hija.
Su hermana, tía Maruca García Estrada, soltera, que vivió toda la vida con ellos.
Tía Lola Espinosa Suárez, la hermana de abuelo Manuel, que no tuvo hijos, cuando enviudó, siendo ya una mujer mayor, se fue a vivir con ellos hasta su muerte.   
Su hermana, Margarita García Estrada, cuando se quedó viuda, con sus tres hijos, Telesforo, Nestor y Josefa. Telesforo y Josefa murieron jóvenes. Nestor vivió allí hasta que se casó.
Tía Felisa con sus tres hijos, mis primos Felisa, Juan y Pepa, vivieron allí unos cuatro años. Su marido, tío Juan, tuvo que irse a la Península, después del golpe de estado, cuando fue  represaliado y cesado de su trabajo de telegrafista.
Una anciana pequeña, delgada, vestida siempre de negro, sentada cosiendo en una silla diminuta que no levantaba un palmo del suelo y a la que todos veneraban como a una virgen cristiana. Esa es la imagen que conserva, su viejo nieto, de abuela Isabel.

lunes, 9 de marzo de 2020

Coronavirus (NO)

Tanto nos pavoneamos de nuestro maravilloso cerebro y de nuestra prodigiosa inteligencia y un insignificante y microscópico virus se divierte jugando con nosotros al escondite.
¿Seremos capaces, algún día, de arrancarnos el orgullo, mirarnos al espejo y descubrirnos?

jueves, 5 de marzo de 2020

XXX El actor

Nunca he conseguido entender a la vida,
a los principios que la rigen
y a la forma en que ha evolucionado sobre el planeta.

Nunca he conseguido entender a nuestra especie.
El rebaño que marcha en fila,
siguiendo al líder,
marcando el paso y mirando al frente.

Nunca he conseguido formar parte de la sociedad.
Diseñada para la farsa,
el postureo
y la mentira.

Nunca he conseguido entender, sobre todo,
a mi mismo.
Que sigue fiel el guión,
sobre las tablas del escenario.

martes, 3 de marzo de 2020

XXX 74 años

Tinito, el más pequeño de los hijos del telegrafista y la maestra, se ha convertido en un viejo incrédulo y, a pesar del disparate absurdo y surrealista donde vivimos, nunca se ha sentido tan a gusto como en este último tramo de la vida.
Tinito, el más pequeño de los hijos del telegrafista y la maestra, que ayer jugaba en San Sebastián de la Gomera protegido y mimado por sus padres, hoy cumple 74 años.

martes, 25 de febrero de 2020

XXX Manifiesto surrealista


Es la apasionada búsqueda de la libertad lo que ha constituido constantemente el móvil de la acción surrealista.
ANDRÉ BRETON

Todo aquello que no ataca a la sociedad y a las instituciones no es surrealista.
LUIS BUÑUEL

Cada vez que un hombre no acepta la vida tal y como se la han presentado y se aparta del camino establecido, hay en él un surrealista.
ANDRÉ MASSON

Todas las épocas han tenido, tienen y tendrán sus surrealistas. 
MAN RAY

El surrealismo era, entre otras muchas cosas, una revuelta contra la mediocridad. Los mediocres no están dispuestos a olvidarlo, y en todo momento están prontos para vengarse de los golpes merecidos que han recibidos.
ROBERT DESNOS

El surrealismo ha puesto los pies sobre el plato del oportunismo contemporáneo.
RENÉ CREVEL

Me declaro surrealista por el hecho mismo de ser fundamentalmente heterodoxo y el surrealismo no me impone más dogma que el de la libertad integral.
ALDO PELLEGRINI

lunes, 24 de febrero de 2020

XXX Juan Goytisolo

Juan Goytisolo Gay (Barcelona 1931-Marrakech 2017)

Hoy se pasea por mi mente el gran Juan Goytisolo, el enamorado de la cultura árabe y de Marrakech. Nació en Barcelona, se autoexilió en la dictadura y pasó su vida entre París y Marrakech, donde murió. Me vienen a la memoria sus enseñanzas:

El escritor es un ser solitario y se enriquece cuando transita en las fronteras de las culturas, de los países y de las lenguas. Es coetáneo de los poetas antiguos y medievales. Sabe unificar la intimidad y la distancia.  Y siempre, siempre, siempre,  duda de si mismo.
Toda obra nueva carece de interés si no es un salto al vacío.

Esta última frase me trae ahora a la memoria "crimen", de tío Agustín.
Luego hablando del nacionalismo castizo y de la pureza ideológica, dice:

El significado de una cultura se revela en toda su plenitud gracias al encuentro y al contacto con las otras culturas.

viernes, 21 de febrero de 2020

XXX Yo también (intimidades)


Tenía 29 años, el 26 de septiembre de 1975, un mes antes de que naciera mi hija Yurena. Ese día el Consejo de Ministros, siguiendo las instrucciones del dictador, aprobó por unanimidad el fusilamiento de cinco de los once condenados a pena de muerte en juicio militar sumarísimo.
Este hecho, en el final de la dictadura —Franco moriría solo unos meses después— fue un verdadero escándalo a todos los niveles. A nivel interno se produjeron huelgas generales y altercados por todo el país. A nivel internacional gran número de actos de rechazo. El Papa, Pablo VI, envió un mensaje solicitando clemencia. Olof Palmer, el Primer Ministro sueco, organizó una campaña contra la sentencia. Nicolás Franco, hermano del dictador, le pidió que reconsiderara su postura. Infinidad de personajes, como el Cardenal Vicente Enrique Tarancón, lo intentaron. Todo fue inútil. Al día siguiente fueron fusilados.  Yo con mi vieja radio de onda corta escuchaba las emisoras extranjeras y estaba al corriente de las noticias. Daba pena escuchar cómo se hablaba de nuestro sistema político y de nuestro país. 
Yo era funcionario del estado —lo fui desde los 28 años hasta que me jubilé— y me encontraba cómodo en esa situación.
Unos días antes del fusilamiento nuestro jefe nos informó que todos los funcionarios teníamos que presentarnos en la Capitanía Militar para apoyar al dictador. También nos dejó muy claro que no se aceptaban disculpas de enfermedad o de cualquier otro tipo. Todos deberíamos cumplir la orden si no queríamos ser expedientados.
Agaché la cabeza, por no perder mi trabajo, y rabiando me presenté allí. Pasé una de las situaciones más humillantes y, al mismo tiempo, más surrealista de mi vida.
Todos los funcionarios nos reunimos en el gran patio interior de la Capitanía. Luego, por Delegaciones, fuimos entrando, en fila india, en una sala grande y larga. Yo la recuerdo lúgubre, como un gran tanatorio. Andamos despacio sobre una larga alfombra que unía dos puerta enfrentadas de la sala. En mitad del recorrido, a la derecha, había una tarima y sobre ella un gran sillón, en el que se sentaba un general lleno de entorchados y medallas. Al llegar a su altura, como se nos había instruido y como hicieron los demás, giré 90 grados, a la derecha, e incliné la cabeza en señal de pleitesía y de apoyo a las ejecuciones programadas.
A pesar del tiempo transcurrido, todavía, siento repugnancia de mí mismo y de mi cobardía.

jueves, 20 de febrero de 2020

La prostitución (NO)

    Las modelos que utilizó Murillo para pintar sus famosas vírgenes, que tanto hemos todos adorado, fueron prostitutas de Sevilla.
    Si nos limpiáramos el maquillaje y escarbáramos dentro de nosotros, descubriríamos, como en las vírgenes de Murillo, la prostitución, que es la característica esencial de nuestra especie.

domingo, 16 de febrero de 2020

XXX Los esclavos de la mentira

Una hora más tarde pasó el entierro del cochero de la esquina.
Iba su ataúd sobre su mismo coche de punto,
tirado por su mujer y su hijo pequeño.
Seguían al macabro vehículo siete caballeros enlevitados,
portadores de coronas de azucenas en la cabeza.
El enlevitado impar precedía a los otros seis
y llevaba una bandera española,
cuyo grueso mástil terminaba en una zapatilla despilfarrada.

En el sitio donde estaba antes mi estatua había ahora un burro apolillado,
cojo de una pata,
y un cubo de basura adornado con lirios blancos.

¿Era yo un caballo?
Crimen (1934)
Agustín Espinosa García 


Tío Agustín, con esa prosa deslumbrante, se ríe -se descojona- de la podredumbre de los valores sociales con los que somos adoctrinados desde niños y que serán luego los fundamentos de nuestra existencia. Una existencia basada exclusivamente en la interpretación y las bambalinas.
Vivimos aferrados a las mentiras de ese adoctrinamiento con todas nuestras fuerzas y nada nos produce más irritación que algún impertinente destruya los pilares sobre los que se sustenta nuestra mísera farsa.
Él, consciente del riesgo, nos arrancó el disfraz y nos puso frente al espejo.
Ese fue su pecado, su crimen y su ruina.


miércoles, 29 de enero de 2020

Las contradiciones de la vida (NO)

Ayer, 28 de enero de 2020, en el cementerio de San Francisco, en Los Realejos, en un sencillo y emotivo acto se recordó a tío Agustín. Con dicho homenaje se cerró el año espinosiano. Un año que ha servido para rescatarlo del olvido. 



Después del golpe de estado de 1936, Agustín Espinosa García fue acosado y humillado por su revolucionaria pluma, viéndose obligado a renegar de ella y a quemar sus propios libros, circunstancias que precipitaron su prematura muerte. Se da la paradoja que es esa misma literatura revolucionaria, con su prosa inimitable, la que hoy se reedita y la que tanto se admira.
Su recuerdo debería servirnos para no olvidar nunca las consecuencias de aquel alzamiento militar y fascista que terminó con la rica vida cultural que amanecía en aquellos años.


sábado, 25 de enero de 2020

XXX Don Manuel Yanes (infancia)

Don Manuel Yanes era el cura de San Sebastián de la Gomera cuando yo era un niño. Yo fui, con 7 u 8 años, monaguillo de su Iglesia. En Semana Santa, cuando había una boda o algún acto religioso relevante solía darnos una propina por nuestro trabajo. Una propina que nosotros agradecíamos llenos de alegría. Recuerdo que al finalizar una Semana Santa le dió a cada uno de sus monaguillos una moneda de cinco pesetas. Yo me senté en la acera, junto al carrito de los helados, y me comí, sin descansar, cinco polos, uno tras otro.
Don Manuel Yanes era amigo de mi padre. Recuerdo verlos sentados en la Plaza del Kiosco tomando una cerveza a la sombra de aquellos laureles gigantes.
Yo dejé de ser monaguillo cuando él se fue. Luego me enteré que había colgado la sotana y se había marchado a Venezuela.
Yo nací cuando mi padre tenía 46 años. Seguramente por eso él siempre me habló como un abuelo. Cuando vivíamos en el telégrafo de La Orotava, siendo yo un joven de unos 18 años, me dijo que su amigo, Don Manuel Yanes, le había dicho en una ocasión: "Me siento fracasado, Fernando, creo que los que vienen por la Iglesia, a pesar de presumir de cristianos, son aquellos del pueblo que menos respetan el Nuevo Testamento."
Don Manuel Yanes tuvo que haber sido un hombre muy valiente y haber estado muy seguro de las virtudes de su amigo Fernando Espinosa, para atreverse a exteriorizar sus pensamientos, siendo quien era, en aquellos años de dictadura inquisitorial.
No sé qué habrá sido de él, pero en mi memoria conservo su entrañable recuerdo.

Mi amiga, Encarna Jerez Padrón, que vive en San Sebastián de la Gomera y que acaba de leer este texto, me aclara:
"Don Manuel Yanes era un hombre alto y bien parecido. Hace unos años regresó de Venezuela, ya muy mayor, con la intención de pasar sus últimos días en La Gomera, pero no pudo realizar su sueño. Murió en Tenerife a los pocos días de llegar."

Rezo, esperanzado, para que Dios exista y para que lo lleve hasta la Plaza del Quiosco y lo siente junto a su amigo Fernando Espinosa a tomar una cerveza.

miércoles, 15 de enero de 2020

XXX Juventud y vejez (sociedad)

Cuando yo era un muchacho encontré en casa una foto de mi padre, de su juventud. Estaba con otros jóvenes. Todos llevaban sombrero y bastón. Le pregunté que por qué vestían así, como viejos. Me contestó que en esos años -debió ser alrededor 1920- la juventud estaba desprestigiada. Entonces se valoraba la vejez. Por eso los jóvenes intentaban parecerse a los ancianos. Hace un siglo las costumbres sociales y la tecnología cambiaban muy lentamente. Lo conocimientos acumulados por un hombre, a lo largo de su vida, era un bagaje que le daba prestigio porque seguían siendo útiles a la sociedad valoraba por su utilidad.
Hoy todo cambia tan rápidamente que lo aprendido ya no sirve de nada después de transcurrido un corto espacio de tiempo. Por eso los viejos, hoy, se visten de jóvenes intentando parecerse a ellos e intentando inútilmente alcanzar un mundo que ya ha quedado irremediablemente atrás.



martes, 24 de diciembre de 2019

XXX Un nuevo mundo

Dentro de algunos años habrán desaparecido para siempre los pasaportes, los muros, las alambradas y las fronteras.
Entonces, los nuevos habitantes de ese nuevo mundo, nos mirarán como nosotros miramos hoy el comercio de esclavos de hace solo un par de siglos.
Entonces, el primer derecho de ese nuevo ser humano será el derecho de poder transitar libremente sobre el planeta.
Entonces, cada uno elegirá el lugar donde vivir, la forma de pensar y los dioses a que adorar.
Entonces, habremos terminado con el miedo que nos obliga a encerrarnos y embrutecernos sobre nosotros mismos.
Recemos por ese nuevo amanecer.

sábado, 7 de diciembre de 2019

XXX El primate soñador

ACLARACIÓN: De las más de 200 entradas que tiene ya este blog,
y que nació con la sola intención de dejarle algo a mi hija,
este, el del "primate soñador",
publicado el 29 de noviembre del año pasado,
ha sido, con mucho, es el más leído.


Hoy sabemos, con la ayuda de Darwin, que estamos hechos de la misma materia que los demás seres vivos, que hemos evolucionado y que somos la consecuencia de un proceso de selección natural fortuito.
Los estudiosos de la evolución dibujan una cadena de homínidos unidos todos por líneas y al final de la última línea, a nosotros, los Sapiens.
Y eso es lo que somos, aunque el pánico nos impida aceptarlo. Nos empecinamos, por un lado, en borrar esa última línea que nos une a las otras especies y, por otro,  en engañarnos con los cuentos de hadas  de lo sobrenatural. Así vivimos, en esta mezcla de racionalidad y disparate, para intentar -sin conseguirlo del todo-  sentirnos diferentes, superiores, excepcionales y eternos.


EVOLUCIÓN DE LOS PRIMATES


EVOLUCIÓN DE LOS HOMÍNIDOS

lunes, 2 de diciembre de 2019

La libertad de expresión (NO)

La libertad de expresión no consiste tanto en poder decir lo que pensamos sin ser marginados, sino más bien en tener la capacidad de escuchar las voces que rechazamos sin marginar a quien las dice.
Y teniendo siempre presente que en nuestros principios y en los principios de los otros no interviene para nada nuestro cerebro sino solo nuestras vísceras y el adoctrinamiento.

martes, 26 de noviembre de 2019

La madurez (NO)

Esta extraña sensación de haber pasado, de un salto, de la infancia a la vejez, como si el resto no hubiera existido. 

domingo, 17 de noviembre de 2019

El tiempo (NO)

Dedicatoria: A la memoria de Roberto Gámez

Un noche fría y lluviosa de otoño. Sentado, solo con Leonor, en la esquina de un modesto guachinche de nuestra Isla. Los comensales, que abarrotan las mesas, con su alegría, sus voces y sus risas dificultan nuestra conversación.
Aislado, en el silencio del alboroto, me acuerdo de los viejos tiempos, de los amigos que ya no están y con los que alegremente charlábamos y reíamos mientras cenábamos animados con el vino de nuestra tierra.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

XXX Confesión

Algunos lectores me han hecho llegar sus comentarios y su preocupación por el pesimismo crónico del blog.
No es nada fácil quitarse de encima el lastre que se ha ido acumulado durante nuestra larga formación y verse libre de las mentiras y las supersticiones de una educación concebida exclusivamente para el adoctrinamiento.
Entre el más humilde de los insectos y el más sobresaliente de nosotros no existe, desde el punto de vista evolutivo, la más mínima diferencia. Ni en su importancia objetiva, ni en su trascendencia. Son simplemente dos seres vivos que pasan su vida sobre este insignificante grano de arena, que es nuestro planeta. Eso es lo que firmemente creo.
Me he acostumbrado a vivir con esas convicciones, adaptandome a la vida e intentando disfrutar de mi existencia. Mi felicidad nada tiene que ver con mi forma de ver el mundo que me rodea.
Contemplar los amaneceres, sentarme tranquilo en las bibliotecas, caminar, navegar y mirar a mis semejantes me ayuda a transitar por la vida, pero no me impide ver el disparate absurdo que es nuestra pobre existencia. 

sábado, 2 de noviembre de 2019

El día de los muertos (NO)

Anoche sentí pena. Recordé a los viejos pensadores que soñaban con un país nuevo y que después del 18 de julio de 1936 tuvieron que emigrar o esconderse tras el silencio. Por momentos dudé si el "debate" de la TV no era realmente uno de esos programas de la 5.
Ayer fue un día feliz recordando a los que ya se fueron. Debería hacernos pensar que todos los que vivimos ahora, incluidos los que acaban de nacer, dentro de muy poco estaremos, todos juntos, con ellos. Habremos dejado las pasiones y el odio de este infierno y habrá terminado para siempre toda esta miseria nuestra. No desesperes, el paraíso de la nada está ahí, al alcance de la mano, cerca, muy cerca.

miércoles, 16 de octubre de 2019

XXX El extranjero


Dedicatoria: Para mis tíos Agustín, José y Antonio.

No encuentro una explicación satisfactoria que justifique esta extraña sensación de desarraigo que desde niño me ha acompañado.
Nunca conseguí echar raíces en ningún lugar, ni adherirme a las corrientes generales que agrupan a mis semejantes en torno a una religión, un club de fútbol, un país, una raza, una cultura o una forma de pensar.
Siempre apartado. Siempre al margen. Siempre observando en soledad desde la lejanía.
Siempre huyendo de la corriente que todo lo engulle y homogeneiza.
Es todo tan claro, tan simple y tan sencillo y esa majadería nuestra de hacerlo todo farragoso, complicado y turbio, por negarnos a aceptarnos tal y como somos.

sábado, 12 de octubre de 2019

XXX Las cataratas (misterio)

Las cataratas, que se han instalado en mis ojos desde hace unos años, me están limitando progresivamente la visión. Cuando alguien ve algo, a los lejos, que yo no alcanzo a ver, fijo la mirada, me esfuerzo  y finalmente lo veo. Realmente no lo veo, solo es un invento de mi cerebro. Todos se sorprenden cuando les digo alguna de las características del objeto que el cerebro se ha inventado. Por ejemplo, le digo a mi hija: "¡Sí, ya lo veo! El casco del barco es rojo". Ella me aclara sonriendo: "Solo se ve una vela muy distante".
Nosotros, los humanos, hemos sido diseñados por la evolución para mirar aquí, cerca de nosotros. No obstante, desde siempre, nos hemos empeñado obstinadamente por fijar la vista intentando ver a lo lejos, muy lejos, fuera de nuestro alcance. Por eso el cerebro se ha inventado el infinito, la nada, el Big-Bang, los dioses, las almas, la metafísica y  todo ese fantástico mundo sobrenatural. Toda nuestra cultura se fundamenta en un espejismo que solo existe en el interior de nuestro cerebro.

XXX El hombre

El hombre es solo un mono que intentara obstinadamente resolver una ecuación diferencial. Nuestra ecuación diferencial son todos esos interrogantes de la filosofía que tanto nos angustian por negarnos a aceptar que somos un animal más, dentro de una especie más, en el proceso evolutivo de la vida y con una existencia  finita.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

XXX La espera





Siendo conscientes de nuestra locura
y del manicomio donde vivimos,
los viejos nos acostamos y nos levantamos temprano.
Vagamos desorientados
por este laberinto absurdo
a dónde nos ha llevado la sinrazón de la razón.
Mientras pasan las horas y los pocos días 
que nos quedan para el fin,
nos entretenemos disparándole a los amaneceres
y sonriendo ante nuestra propia mediocridad.

jueves, 12 de septiembre de 2019

XXX La mediocrecracia


DEDICATORIA: A la memoria mi tío, Agustín Espinosa García



Forges cree que la mediocridad se está imponiendo con fuerza en todas las facetas de la vida. Los sabios griegos del siglo VI a.C. ya pensaban lo mismo que él y a lo largo de estos últimos 26 siglos infinidad de filósofos, poetas, escritores y pensadores han seguido repitiendo insistentemente lo mismo.
La mediocridad no se está imponiendo. La mediocridad es la base en que se fundamenta el sistema social creado por los Sapiens. 
Toda esa infinidad de filósofos, poetas, escritores y pensadores son los críticos, los inadaptados, los errantes y los marginados. Todos ellos duermen olvidados en el interior de las páginas de los libros de las bibliotecas, hasta que alguien -Forges- los resucita. Cuando vemos la viñeta nos sonreímos y, al instante, nos preocupamos por encontrar una camisa que nos pegue con el pantalón.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Soledad (NO)

Caminamos siempre juntos.
Muy cerca unos de otros.
Próximos en el tiempo y en el espacio.
Pero cada uno vive en su mundo.
En un mundo oscuro, distante e impenetrable.
Por eso hablamos y reímos tanto,
para liberarnos de la soledad.